Coronavirus a bordo: un experto analiza el extraño caso de una mujer que se contagió en el baño de un avión

Después del aterrizaje y de cumplir la cuarentena obligatoria, una mujer de 28 años presentó síntomas y dio positivo a COVID-19. Sin embargo, su contagio no fue por vía respiratoria sino por mala higiene de manos, advierte un estudio. El oncólogo y experto en salud pública Elmer Huerta habla de los hallazgos de estos investigadores

Un informe sobre la transmisión durante un vuelo sugiere que una persona asintomática puede propagar la enfermedad a través de las superficies de una aeronave (REUTERS)
Un informe sobre la transmisión durante un vuelo sugiere que una persona asintomática puede propagar la enfermedad a través de las superficies de una aeronave (REUTERS)

Es una de las preguntas clave para nuestra economía, nuestras relaciones familiares y nuestra capacidad básica para romper con la rutina: ¿es seguro volar en avión? La respuesta: no es tan seguro como la industria de las aerolíneas le haría creer, pero mucho más seguro de lo que piensa.

Las cabinas de los aviones están muy ventiladas y el flujo de aire robusto, mezclado con aire fresco, parece disminuir la propagación del virus que causa el COVID-19. Llevado al extremo, es la misma idea que el exterior, con un amplio flujo de aire y aire fresco, es más seguro que el interior.

Según los expertos, el riesgo de contraer el coronavirus en un avión es relativamente bajo si la aerolínea sigue los procedimientos establecidos por los expertos en salud pública: hacer cumplir el cumplimiento de la máscara, espaciar los asientos disponibles y examinar a los pasajeros enfermos. Sin embargo, según los hallazgos develados por una investigación, el contacto con superficies contaminadas o personas infectadas al abordar, mover o desembarcar de la aeronave puede desempeñar un papel fundamental en la transmisión de infecciones durante el vuelo.

Un nuevo caso de un brote misterioso en un avión fue estudiado por científicos en Corea del Sur. En esta oportunidad se trataba de un vuelo entre Italia y Corea del Sur en marzo en donde seis de los 299 pasajeros dieron positivo por coronavirus al llegar al país asiático. Lo atípico no es ese caso sino el de una mujer de 28 años quien 8 días después del aterrizaje y de cumplir la cuarentena obligatoria, presentó síntomas y dio positivo a COVID-19. Su contagio no fue por vía respiratoria sino por mala higiene de manos, indica el estudio.

Si bien los especialistas ya no piensan que tocar objetos y luego tocarse los ojos, la nariz y la boca con las manos sucias es la principal fuente de transmisión de COVID-19, el informe sobre la transmisión durante el vuelo sugiere que una persona asintomática puede propagar la enfermedad a través de las superficies de una aeronave.

El contacto con superficies contaminadas o personas infectadas al abordar, mover o desembarcar de la aeronave puede desempeñar un papel fundamental en la transmisión de infecciones durante el vuelo (Shutterstock)
El contacto con superficies contaminadas o personas infectadas al abordar, mover o desembarcar de la aeronave puede desempeñar un papel fundamental en la transmisión de infecciones durante el vuelo (Shutterstock)

A todos los pasajeros de ese vuelo se los examinó y tomó la temperatura antes de subir al avión. Como once de ellos tenían fiebre, tuvieron que quedarse, lo que hizo que 299 pasajeros aborden ese avión. El 44% eran hombres y la edad media era de 30 años. El vuelo desde Milán duró 11 horas y al llegar a Corea del Sur, todos los pasajeros fueron puestos en cuarentena, en habitaciones separadas y durante 14 días. Allí, fueron examinados por personal de salud dos veces al día. Además, cada pasajero tuvo un examen de PCR para detectar el virus el día 1 y el día 14.

Sorpresivamente 6 de los 299 pasajeros tuvieron una prueba positiva el día 1, es decir apenas llegaron a Corea del Sur. Por lo que fueron llevados inmediatamente al hospital. Los 293 pasajeros restantes permanecieron en observación hasta el día 14. Sin embargo, el día 8 de esa cuarentena hubo una sorpresa: una mujer de 28 años empezó a presentar tos, catarro nasal y dolores musculares. Y aunque en el reporte no está claro si le hicieron una prueba de COVID-19 ese día, dice que el día 14 sí salió positiva por lo que fue llevada al hospital donde se hizo el diagnóstico de COVID-19.

En este contexto, el doctor Elmer Huerta, prestigioso oncólogo peruano, médico y comunicador radicado en Estados Unidos, explicó en un podcast especial de la CNN, Coronavirus: Hechos vs. Ficción: “El gran misterio fue saber cómo se contagió esta mujer quien había estado encerrada en su departamento en Italia durante tres semanas antes del viaje. Tampoco había tomado transporte público para ir al aeropuerto de Milán y usó una mascarilla N95 durante las once horas de vuelo, excepto -como ella lo confesó- cuando fue al baño”.

Y añadió: “La respuesta la dio el análisis de los datos referentes al viaje. Uno de los seis pasajeros que fue positivo y asintomático estuvo sentado tres hileras delante de la mujer y se supo que usaron el mismo baño. Es muy posible -dicen los investigadores- que el contagio no haya sido por vía respiratoria porque hay una alta eficacia en los filtros de aire de los aviones. Si no que muy probablemente el paciente infectado asintomático dejó el virus en alguna superficie del baño que la mujer tocó”.

Las aerolíneas señalan con frecuencia que los aviones comerciales están equipados con filtros HEPA, filtros de aire recomendados por los Centros para el Control de Enfermedades que se utilizan en las salas de aislamiento de los hospitales. Los filtros HEPA capturan el 99,97% de las partículas en el aire y reducen sustancialmente el riesgo de propagación viral. Además, el aire en las cabinas de los aviones se cambia por completo entre 10 y 12 veces por hora, elevando la calidad del aire por encima de la de un edificio normal.

Los filtros HEPA capturan el 99,97% de las partículas en el aire y reducen sustancialmente el riesgo de propagación viral (REUTERS)
Los filtros HEPA capturan el 99,97% de las partículas en el aire y reducen sustancialmente el riesgo de propagación viral (REUTERS)

En marzo, antes de que las mascarillas se convirtieran en habituales, turistas alemanes infectados por el coronavirus volvieron de Israel en un vuelo de más de cuatro horas producto del cual, para sorpresa de un grupo de investigadores, solo se identificaron dos contagios de otros pasajeros.

En un breve estudio publicado recientemente en la revista estadounidense Jama Network Open, virólogos del Hospital Universitario de Fráncfort contactaron meticulosamente a todos los pasajeros del vuelo con el fin de descubrir el riesgo real que representa la presencia de pasajeros infectados con el virus responsable de la COVID-19.

El 9 de marzo, el vuelo Tel Aviv-Fráncfort, que duró 4 horas y 40 minutos, tenía 102 pasajeros a bordo, incluido un grupo de 24 turistas. Las autoridades alemanas, tras recibir información de que el grupo había estado en contacto con un gerente de hotel contaminado en Israel, decidieron realizar la prueba a los 24 turistas a su llegada a Fráncfort. Siete de ellos dieron positivo (siete más lo manifestarían más tarde).

De cuatro a cinco semanas después, los investigadores se comunicaron con los 78 pasajeros restantes, el 90% de los cuales respondió. Al preguntarles sobre sus contactos y síntomas, y hacer el test a varios de ellos, encontraron a dos pasajeros que probablemente se infectaron durante el vuelo: dos personas sentadas al otro lado del pasillo de los siete casos originales.

Para los virus respiratorios, los virólogos tradicionalmente consideran que la zona de contaminación en un avión se extiende dos filas hacia adelante y dos hacia atrás. Pero sorprendentemente una persona sentada en la fila (asiento 44K) inmediatamente delante de la de dos turistas portadores del virus (asientos 45J y 45H) no estaba infectada.

"Estos detallados estudios nos enseñan que el lavado constante de las manos es tan importante como usar una mascarilla y evitar el contagio por aerosoles o secreciones respiratorias" (REUTERS)
"Estos detallados estudios nos enseñan que el lavado constante de las manos es tan importante como usar una mascarilla y evitar el contagio por aerosoles o secreciones respiratorias" (REUTERS)

“La persona de la fila 44 nos dijo que había tenido una larga charla con los dos de la fila 45”, relató a la AFP Sandra Ciesek, directora del Instituto de Virología Médica de Fráncfort. Tampoco se produjo contagio en dos pasajeros sentados justo detrás de otro turista infectado. “Nos sorprendió encontrar solo dos transmisiones”, dijo Sebastian Hoehl, del mismo instituto.

No obstante, todos los demás pasajeros no fueron sometidos a la prueba diagnóstica, por lo que no se puede descartar que hubiera otros infectados. El estudio confirma en todos los casos que las transmisiones en un avión, en ausencia de mascarillas, son en efecto posibles. Pero, subraya el investigador, “siendo la tasa más baja de lo esperado, y siendo que ninguno de los pasajeros llevaba máscara, es tranquilizador que no hayamos detectado a otros”.

Y los investigadores señalan que varios estudios de vuelos de repatriación desde Wuhan, China, al comienzo de la pandemia, establecieron que no se había producido ningún contagio a bordo, aunque en esos viajes los pasajeros utilizaron mascarillas.

Aunque volar es una actividad de riesgo relativamente bajo, se debe evitar viajar a menos que sea absolutamente necesario. “Cualquier cosa que lo ponga en contacto con más personas aumentará su riesgo”, aseveró Cindy Prins, profesora clínica asociada de epidemiología en la Facultad de Salud Pública y Profesiones de la Salud de la Universidad de Florida. “Si lo compara con quedarse en casa y hacer viajes rápidos al supermercado, tendría que ponerlo por encima de ese nivel de riesgo".

“En resumen, estos detallados estudios nos enseñan que el lavado constante de las manos es tan importante como usar una mascarilla y evitar el contagio por aerosoles o secreciones respiratorias. Y estos caso han sido ejemplo de ello”, finalizó Huerta.

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