Redacción ciencia, 10 sep (EFE).- En las últimas décadas, la oncología moderna ha desarrollado grandes avances como la inmunoterapia, que aprovecha las propias células inmunitarias del cuerpo para combatir el cáncer, pero todavía quedan muchas incógnitas por resolver.
Para los oncólogos, una de las más importantes era averiguar por qué las proteínas defensivas (interferones) que activan el sistema inmunitario para destruir el cáncer, acaban ayudando al tumor a crecer cuando permanecen activas durante demasiado tiempo.
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Un equipo del Instituto Salk, en La Joya, California, ha descubierto el mecanismo que lo hace posible. La clave de esta transición biológica está en las mitocondrias, las estructuras encargadas de suministrar energía a las células.
Los detalles del estudio se publican este jueves en la revista Science.
Para destruir un tumor, el organismo libera unas proteínas llamada interferones que se encarga de reclutar a células inmunitarias especializadas (como las células T o B) para destruir el cáncer.
Este es un paso crucial y poderoso en la lucha del cuerpo contra el cáncer, pero, en algunas ocasiones, la exposición crónica a los interferones puede convertirlos de aliados en enemigos.
El laboratorio de Shadel descubrió que la exposición crónica a estas moléuclas altera el funcionamiento de las células del tumor porque en lugar de debilitarlas, este estrés continuo hace que el material genético de las mitocondrias (ADNmt) se filtre en el interior de la célula.
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Para identificar cómo los interferones afectan las mitoconcrias, el equipo expuso células de melanoma a dos tipos de esta familia de proteínas, interferones I e interferones II durante periodos agudos o crónicos y observaron que cuando la exposición era aguda, la mitocondria no se veía afectada, mientras que cuando la exposición era crónica se producían cambios medibles en su función energética.
Para observarlo mejor, transfirieron células de melanoma a un modelo de ratón, y descubrieron que la exposición crónica a interferón II potenciaba el crecimiento tumoral.
"La razón por la que los interferones, que inicialmente son anticancerígenos, pueden volverse pro-cáncer ha sido una gran incógnita en este campo", explica el autor principal, Gerald Shadel, profesor de Ciencias Biomédicas en Salk.
"Nuestro estudio revela una razón fundamental por la que los interferones pasan de ser 'buenos' a 'malos', así como la manera en que podemos prevenir este cambio para obtener ventajas terapéuticas en el futuro".
A continuación, el equipo se dedicó a descifrar los mecanismos celulares que explican el aumento del crecimiento tumoral y descubrieron que cuando el material genético mitocondrial (ARNm) abandona las mitocondrias, se produce una reacción en cadena que culmina en la producción en masa de un lípido llamado prostaglandina E2.
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Esta sustancia actúa como un potente 'apagador' de la respuesta inmunitaria adormeciendo a las defensas del organismo y permitiendo que el tumor progrese sin oposición.
El estudio no solo resuelve un enigma fundamental de la biología del cáncer, sino que ofrece una solución práctica para uno de los mayores obstáculos de la medicina actual: la resistencia a los fármacos inmunoterapéuticos (como los tratamientos anti-PD1 que son de los más utilizados).
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"La exposición crónica al interferón es un factor importante en la resistencia a la inmunoterapia", afirma la primera autora, Melissa Johnson, estudiante de posgrado e investigadora en el laboratorio de Shadel.
"Nos preguntábamos si las células cancerosas que se han vuelto resistentes a la terapia anti-PD1 estaban sobreexpresando la vía inmunosupresora centrada en las mitocondrias que identificamos, y si esa vía es un objetivo viable para combatir la resistencia a la inmunoterapia".
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Para comprobar la validez del hallazgo, el equipo bloqueó la producción de prostaglandina E2 en modelos de ratón con melanoma resistente a la terapia.
Los resultados fueron contundentes: al desactivar el "escudo químico", el sistema inmunitario recuperó la capacidad de detectar y destruir el cáncer. En el 90% de los casos, los tumores remitieron por completo y no volvieron a reproducirse, marcando un prometedor punto de partida para el desarrollo de nuevos fármacos combinados en humanos.
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Los hallazgos demuestran su potencial para la traslación clínica en el futuro, ofreciendo una posible vía para mantener el ataque del sistema inmunitario contra el cáncer y una esperanza en casos de resistencia a la inmunoterapia.
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