Carney, el banquero de las crisis que pone a prueba su doctrina de resistencia ante Trump

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Julio César Rivas

Toronto (Canadá), 27 ago (EFE).- En Davos, Mark Carney puso palabras a lo que muchos dirigentes occidentales pensaban, pero pocos se atrevían a decir abiertamente sobre las consecuencias de las políticas de Donald Trump; meses después ha llevado su tesis a la práctica, plantando cara a EE.UU. con aranceles de represalia, algo que solo China se ha atrevido a hacer.

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Carney, el vigésimocuarto primer ministro de Canadá, se ha forjado en tiempos de crisis existenciales: se convirtió en gobernador del Banco de Canadá el 1 de febrero de 2008, en plena crisis financiera global; fue gobernador del Banco de Inglaterra durante el Brexit (2013-2020); y ahora dirige Canadá cuando EE.UU. amenaza con la anexión del país utilizando la fuerza económica.

En enero de 2026, Carney pronunció su ya famoso discurso de Davos (Suiza) en el que verbalizó el proceso de ruptura, "no una transición", que según él está viviendo el mundo, provocado por las grandes potencias que utilizan "la integración económica como arma, los aranceles como instrumento de presión, la infraestructura financiera como mecanismo de coerción".

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Ante la ovación de líderes de todo el mundo, Carney expuso su 'doctrina de Davos': ante la coerción de las grandes potencias, la respuesta es reducir la vulnerabilidad, fortaleciendo el mercado interno y diversificando las relaciones comerciales, todo ello bajo el principio de no negociar individualmente desde una posición de subordinación.

Ocho meses después, Carney ha seguido su propia hoja de ruta al decidir la semana pasada, y tras meses de negociaciones comerciales con la Administración del presidente de EE.UU., Donald Trump, que las condiciones que Washington quiere imponer para evitar una nueva ronda de aranceles son inaceptables porque significarían la subordinación canadiense.

La decisión de resistir del líder canadiense cuenta con el apoyo mayoritario de la población. Una encuesta realizada el 22 y 23 da agosto por Angus Reid indica que el 76 % de los canadienses apoyan su postura de resistencia ante EE.UU.

La respuesta canadiense, que entrará en vigor el 8 de septiembre y gravará productos estadounidenses por valor de unos 27.600 millones de dólares canadienses (20.000 millones de dólares estadounidenses), con tasas de hasta el 50 %, no es gratuita.

La estrategia actual entraña riesgos muy superiores a los de un discurso. Canadá envía alrededor del 70 % de sus exportaciones a EE.UU. y la escalada arancelaria amenaza empleos, inversiones y cadenas de suministro profundamente integradas. Y un Trump más enfurecido con Canadá.

La propia encuesta de Angus Reid revela esa contradicción: aunque la mayoría respalda la resistencia, el 38 % de los trabajadores está preocupado por perder su empleo y el 89 % teme un aumento del coste de bienes y servicios.

Hasta ahora, la imagen de Carney ha salido reforzada con cada crisis a la que se ha enfrentado.

Durante la crisis financiera de 2008, Canadá salió mejor parado que otras economías avanzadas y su gestión al frente del banco central elevó rápidamente su perfil internacional.

Al frente del Banco de Inglaterra, Carney se apresuró a apagar el incendio causado por Brexit, asegurando la disponibilidad de liquidez y calmando las aguas hasta el punto que Ana Botín, presidenta del Banco Santander, aseguró que su actuación había "enderezado la nave".

Ahora, de momento, Carney también está recogiendo aplausos.

El historiador y exredactor de discursos de la Casa Blanca Ted Widmer escribió este miércoles en The Guardian que el canadiense, "un banquero sobrio", ha pronunciado este año dos discursos extraordinarios y destacó de su intervención tras el fracaso de las negociaciones "el control de los hechos y su inquebrantable autoridad moral".

En The Boston Globe, la periodista Micheline Maynard afirmó este jueves que Carney se ha convertido en "uno de los pocos líderes aliados dispuestos a resistir abiertamente" la campaña de presión de Trump.

El enfrentamiento con Washington se perfila como la prueba definitiva para Carney. Davos le permitió explicar cómo deberían comportarse las potencias medias ante un vecino mucho más poderoso; Trump le obliga ahora a demostrar que Canadá puede soportar el precio de hacerlo. EFE