Atem Simón Mabior
Yuba, 4 ago (EFE).- Tras 15 años atrapado en El Cairo esperando un visado de reasentamiento para Estados Unidos que nunca llegó, el sursudanés Arkanjelo Mogga terminó en una celda por no tener los papeles en regla.
Durante los dos meses que pasó detenido, su familia fue desalojada del apartamento en el que vivían y él perdió su empleo. "Regresar no era la opción que tenía planeada, pero no me quedó más remedio", confiesa Mogga a EFE sobre su decisión de volver a Sudán del Sur.
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Como él, miles de sursudaneses que huyeron de la inestabilidad del país africano hacia Egipto han visto cómo su refugio se convertía en un callejón sin salida de burocracia, desempleo y arrestos.
Ante esta parálisis, el Gobierno de Sudán del Sur ha decidido tomar cartas en el asunto e iniciar este mes de agosto un plan de repatriación voluntaria para trasladar desde El Cairo hasta Yuba a unos 20.000 ciudadanos en situación de extrema vulnerabilidad.
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"La primera fase dará prioridad a unos 20.000 de los grupos más vulnerables, incluidos mujeres, niños y personas detenidas por violaciones de residencia o falta de documentos oficiales", afirma a EFE la ministra de Juventud y Deporte de Sudán del Sur, Atong Koul Manyang.
El programa arrancará por vía aérea en coordinación con el Ministerio de Asuntos Humanitarios de Sudán del Sur, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y otras agencias de la ONU.
Por su parte, las autoridades de Yuba asumirán la recepción e integración de los retornados, aunque aún no han especificado el costo del plan ni el tiempo necesario para completarlo.
En los últimos años, Egipto se ha convertido en el principal destino para quienes huían del conflicto sursudanés buscando salud, educación o un trampolín hacia un tercer país.
Sin embargo, las interminables listas de espera, los complejos trámites de residencia y el alto costo de vida han transformado la estancia en una condena.
Actualmente, la Embajada de Sudán del Sur estima en unos 100.000 los nacionales que residen en suelo egipcio -de los cuales solo 58.789 estaban registrados en la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) a finales del pasado junio-, expuestos a detenciones aunque cuenten con tarjetas de protección humanitaria que las autoridades locales soslayan o consideran sospechosas.
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Esa angustia la conoce bien Deng Mayen Mayen Abuk, residente en El Cairo desde 2003. Tras ver como uno de sus hijos terminaba encarcelado tras unirse a una banda callejera, decidió tirar la toalla y solicitar el billete de vuelta.
"Temo que el resto de mis hijos se pierda debido a la proliferación de grupos y pandillas juveniles en El Cairo. La entrada de uno de mis hijos en prisión me convenció de que regresar a nuestro país, a pesar de las difíciles condiciones, es la mejor opción para la familia", relata a EFE.
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El regreso, sin embargo, no deja de ser un salto de la precariedad egipcia al abismo sursudanés.
Sumido en una frágil transición política tras años de guerra civil, Sudán del Sur lidia con brotes de violencia intercomunitaria, una inflación galopante y el impacto devastador de emergencias climáticas como las inundaciones recurrentes.
En este escenario, la ONU estima que más de nueve millones de personas -la gran mayoría de la población- necesitarán asistencia humanitaria este año en el país africano.
Taban Joseph, experto en migración e investigador del Centro de Estudios para la Paz de Yuba, advierte a EFE que el éxito del plan no se medirá en los vuelos que despeguen de El Cairo, sino en la capacidad de asistencia tras la llegada.
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"Sin un plan claro para proporcionar vivienda, oportunidades laborales, educación y atención médica, los ciudadanos pueden pasar de condiciones difíciles en Egipto a condiciones más frágiles en Sudán del Sur", concluye Joseph.
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