¿Cómo salvar los bosques de la Patagonia de los súper incendios y el cambio climático?

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Esther Rebollo

El Bolsón (Argentina), 13 jun (EFE).- Entre la última primavera y el verano austral se quemaron casi 70.000 hectáreas de bosque en la Patagonia argentina a causa de cuatro súper incendios, la mitad de la superficie que el fuego destruyó en los 23 años anteriores, una tendencia imparable que sólo se puede contener con prevención ante la realidad irreversible del cambio climático.

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Así lo expresaron a EFE especialistas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet) y de los servicios de lucha contra el fuego de la Patagonia durante una visita a esta zona del extremo sur del continente americano.

Según los científicos de Conicet, los incendios de 2021 marcaron un antes y un después, pero en 2007 empezaron a divisar las consecuencias de lo que estaba por venir en términos de disminución de agua y aumento de temperaturas.

La alarma fue la caída del caudal de los ríos, en algunos casos de hasta del 40 %, como el Neuquén, uno de los más importantes de la Patagonia, región compartida por Chile y Argentina, donde se concentran incontables glaciares y grandes reservas de agua.

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“Hasta el año 2021 el único incendio grande en nuestra jurisdicción, alrededor de El Bolsón -unas 400.000 hectáreas-, había sido en 2009 y afectó a 2.000 hectáreas. En 2021 tuvimos eventos de fuego por 15.500 hectáreas. Ese fue un punto de inflexión”, afirma a EFE Nicolás Agostini, bombero y subjefe del Servicio de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales (SPLIF) de Río Negro.

En la provincia de Río Negro está El Bolsón y a pocos kilómetros de allí Lago Puelo, un fascinante espejo de agua a los pies de los nevados, ya en la vecina Chubut.

A esos lugares acuden numerosos turistas y amantes de la naturaleza para hacer senderismo, practicar escalada y disfrutar de los lagos de color turquesa en verano y de la nieve en invierno. También se han ido instalando forasteros que quieren vivir en la paz del bosque.

Este paraíso, con alojamientos y restaurantes suficientes para cubrir las necesidades turísticas, se convirtió el pasado verano austral en un infierno a causa de los súper incendios de los que la población no está todavía recuperada.

El agrónomo del Conicet Marcos Easdale, que investiga en la Fundación Bariloche problemáticas ambientales desde una perspectiva socioecológica, detalla a EFE que “el incendio forma parte del ecosistema en esta región, pero tenía una frecuencia baja (...) Ahora está aumentando y empiezan a aparecer incendios de gran magnitud y alta frecuencia”.

Su compañero, el meteorólogo Santiago Ignacio Hurtado, detalla las razones: “una disminución de agua disponible debido a las bajas precipitaciones, entre el 20 y 30% en algunos lugares y hasta 40% en el acumulado anual; y un aumento de la temperatura en verano del orden de 1 grado y en algunas regiones de hasta 1,5 grados”.

Hurtado argumenta que “ambas cosas generan un conflicto en todo el ecosistema” ya que “se dan las condiciones perfectas para que los incendios sean mucho más severos y se propaguen más rápido”.

“Hay que aceptar que estamos atravesando una nueva realidad, ya no podemos pensar en las lógicas del pasado. Tenemos que replantearnos todo, desde nuestro sistema productivo, nuestras ciudades, nuestra interacción con el bosque y el manejo del material combustible”, destaca.

Easdale y Hurtado, en colaboración con la Fundación Avina, han realizado uno de los informes más completos sobre la situación en la Patagonia argentina y la conclusión es que no hay vuelta atrás: el cambio climático llegó hace tiempo y va a seguir causando estragos.

“Hay que aprender a convivir con esta nueva realidad, con el fuego. Hay que prepararse, prevenir y adaptarse a este nuevo contexto que nos trae el fuego a la puerta de nuestras casas”, insiste Hurtado.

Y lo primero, según Easdale, es “reconocer la existencia de un cambio en el régimen del clima actual” porque “no es una transición hacia un cambio climático que empieza a afectar de manera gradual. Ya estamos en un cambio de régimen que favorece el ambiente a que sea más propenso a la ocurrencia de incendios”.

Lo explica con un ejemplo: “una sequía extrema hace 20 años, es una sequía relativamente normal ahora”.

El agrónomo experto es socioecología advierte también sobre la atracción de mucha gente que se traslada a vivir a la Patagonia, “con el imaginario de tener una vivienda en el medio del bosque, rodeada de árboles”.

Considera que “este tipo de construcción, de hábitat local, que a lo mejor 30 o 40 años atrás era factible, ahora genera un mayor riesgo para las poblaciones”.

El subjefe del SPLIF de Río Negro tiene claro lo que hay que hacer tras más de 30 años cuidando los bosques patagónicos y apagando fuegos: “Limpiar alrededor de las viviendas, mejorar los accesos para que un vehículo de emergencia pueda entrar y tener reservorios de agua”. EFE

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