Los ucranianos se resisten a dejarse intimidar, tras el ataque aéreo ruso del domingo

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Leópolis (Ucrania), 25 may (EFE).- Pese a la conmoción por el ataque ruso del domingo, que incluyó un misil balístico de medio alcance Oréshnik, los ucranianos están siguiendo con sus vidas lo mejor que pueden y se niegan a dejarse intimidar por el que fue uno de los mayores ataques aéreos de toda la guerra.

Este lunes decenas de locales comerciales y oficinas en Kiev funcionaban a pesar de los daños del ataque, en el que Rusia empleó aproximadamente 600 drones de largo alcance y 90 misiles y que mató al menos a cuatro personas e hirió a un centenar.

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"Después de ataques como este, a la gente le apetece hacer algo bonito. Algunos salen a sentarse en una cafetería, otros van a por flores o se van de compras", dijo a EFE Olena Semeniak, una redactora publicitaria de 30 años residente en la capital.

Después de una noche pasada en vela en el refugio antiaéreo de su edificio, Semeniak salió a comer en una de las cafeterías dañadas en el ataque.

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"Queríamos apoyarles", explicó y señaló que el establecimiento estaba lleno de clientes.

Otros, como Liudmila Golovko, ayudaron a limpiar los cristales rotos y los escombros de los edificios dañados, incluido un estudio de baile que suele frecuentar, cerca de la parada de metro de Lukianivska, severamente afectada.

"Intenté ayudar todo lo que pude. El dolor, agudo, no se ha ido, y tampoco mi furia", dijo.

Es probable que los ataques contra zonas densamente pobladas continúen, ya que los avances rusos en el frente se están estancando; una táctica que muchos ucranianos ven como un intento de obligar a su país a capitular ante las exigencias de Moscú.

Algunos analistas apuntan a que la industria militar rusa está operando prácticamente a plena capacidad, lo que le permite lanzar estos ataques masivos aproximadamente una vez por semana, mientras que realiza ataques menores a un ritmo diario.

Para personas como Semeniak y Golovko, los ataques rusos regulares se han convertido en parte de su vida diaria, que soportan mientras mantienen la esperanza de que la balanza de la guerra acabe por inclinarse en beneficio de Ucrania.

"La mayoría de la gente que conozco han decidido aguantar hasta el final", dijo Semeniak y agregó que para ella es más fácil porque se da cuenta de que es improbable que la guerra termine pronto.

La disposición a soportar la guerra durante al menos un año más ha caído del 68 % en enero hasta el 52 % a principios de mayo, después de meses de ataques contra el sistema energético durante un frío invierno, según una encuesta del Instituto Internacional de Sociología de Kiev.

Aún así, el sondeo muestra que la mayoría de los ucranianos no creen que la guerra vaya a acabar en 2026 y el 57 % rechaza categóricamente aceptar un ultimátum ruso que implique ceder el resto del Dombás, incluso en caso de recibir garantías de seguridad de EE. UU. y de la UE.

La táctica rusa de recurrir solo a la intimidación demuestra que "todavía no han entendido nada sobre Ucrania", afirmó en sus redes sociales tras el ataque Yulia Payevska, una exprisionera de guerra que se ha convertido en símbolo de la resistencia ucraniana.

Todo apunta a que Rusia podría estar contando con los misiles balísticos de medio alcance Oréshnik, que empleó por tercera vez en el curso de la guerra, para cambiar el statu quo.

Los "ataques en represalia" contra Kiev van a continuar, dijo este lunes la portavoz rusa de Exteriores, María Zajárova, quien añadió que el Ministerio advertiría a los diplomáticos extranjeros en Kiev, implicando la posibilidad de que se vayan a lanzar más Oréshnik.

Desarrollados a partir de los misiles intercontinentales de la época soviética, la alta velocidad de estos misiles supone un desafío para la mayoría de los sistemas de defensa aérea, aunque sus efectos hasta ahora han sido limitados, por lo que muchos ven su uso principalmente como una táctica de intimidación.

Poco ha trascendido de momento sobre sus verdaderas características y fiabilidad. Aunque Moscú afirmó haber lanzado varios el domingo, sólo uno alcanzó el territorio bajo el control de Kiev, lo que sugiere posibles fallos técnicos.

"Ya sabemos que sin una cabeza nuclear, no es tan temible", dijo Semeniak.

La posibilidad de que sean usados en conjunción con armas nucleares tácticas es baja pero no se puede descartar del todo, dijo a EFE Oleksí Mélnik, un analista del centro de estudios Razumkov y antiguo asesor del ministro de Defensa.

Subrayó que hace falta más presión internacional para disuadir a Rusia y señaló que el uso de armas nucleares también comportaría serios riesgos para Moscú debido a una posible reacción, incluso militar, por parte de otros países.

Rostyslav Averchuk