Ronald Dela Rosa, el expolicía íntimo de Duterte que intenta evitar acabar en La Haya

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Bangkok, 14 may (EFE).- Con fama de implacable, el senador filipino Ronald Dela Rosa dirigió la policía del país durante los años más sangrientos de la guerra contra la droga impulsada por el expresidente Rodrigo Duterte (2016-2022), una labor por la que es requerido por la Corte Penal Internacional (CPI) por supuestos delitos de lesa humanidad.

Actualmente en paradero desconocido, el actual senador, que no había acudido a las sesiones de la Cámara desde hace meses, se atrincheró desde el lunes en el edificio para aprovechar la inmunidad de arresto dentro del inmueble, si bien lo abandonó de madrugada tras escucharse una serie de disparos durante un supuesto operativo para arrestarlo, según informaron medios locales.

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El Gobierno filipino, liderado por Ferdinand Marcos Jr., némesis de Duterte, niega estar implicado en el intento, y el presidente del Senado -socio de Dela Rosa- afirmó hoy que solo se le arrestará si así lo dicta un juez del país, en un caso lleno de incógnitas y que ha dejado estos días escenas surrealistas dentro del Senado.

Dela Rosa, considerado una de las personas más próximas a Duterte, ocupó el cargo de jefe de la Policía Nacional entre 2016 y 2018 y está acusado de coordinar parte de la campaña antidroga, en la que fueron asesinadas unas 6.000 personas, según los datos oficiales, una cifra que onegés elevan hasta 30.000.

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En su primera día al frente del cuerpo, el oficial emitió una circular con el nombre de "Proyecto Doble Cañón" que, en la práctica, permitía a los oficiales disparar a matar contra drogadictos y narcotraficantes en caso de verse amenazados.

Conocido con el sobrenombre de "Bato" (roca, en tagalog), el oficial ya había aplicado la violencia contra los vendedores de droga mientras ejercía como jefe de la Policía en la sureña ciudad de Davao, feudo del clan Duterte.

La retórica violenta en sus discursos también fue una seña de identidad de Dela Rosa, que habitualmente arengaba a los policías a "aplastar" y "asesinar" a los narcotraficantes.

En solo seis meses desde que asumió el cargo, el 1 de julio de 2016, la policía informó de más de 2.000 muertes en relación con la guerra contra la droga, la mayoría registradas durante tiroteos.

Dela Rosa llegó a instar a los civiles a tomarse la justicia por su mano, en un acto frente a un grupo de drogadictos que se habían entregado a las autoridades por temor a la violencia.

"Ustedes saben quiénes son estos narcotraficantes. ¿Quieren matarlos? Mátenlos. No hay problema, porque ustedes son las víctimas aquí (...) Vayan a sus casas. Viertan gasolina, préndanles fuego. Muéstrenles su ira", declaró en agosto de 2016.

En abril de 2018, después de declarar que había "limpiado" al país de drogadictos, Dela Rosa se vio forzado a jubilarse debido a las leyes que obligan a los policías a retirarse a los 56 años.

Tras dejar el cuerpo, Dela Rosa fue nombrado director general del Departamento de Correccionales, puesto que ocupó durante medio año, antes de lanzarse a la arena política.

En 2019, ganó un puesto en el Senado por un mandato de seis años, que logró revalidar en mayo de 2025 dentro de las filas del partido de Duterte.

El lunes, la CPI hizo pública una orden de arresto -inicialmente clasificada como secreta- contra Dela Rosa, al considerarlo presunto "coautor indirecto" de los crímenes cometidos durante la guerra contra las drogas en Filipinas.

La corte afirma que Dela Rosa contribuyó de forma esencial con declaraciones públicas que "autorizaban, toleraban y promovían" los asesinatos, y que alentó a agentes a justificar muertes mediante "escenarios ficticios de defensa propia".

De ser arrestado y enviado a La Haya, Dela Rosa coincidirá con su mentor, arrestado en 2025 y actualmente detenido en la ciudad holandesa a la espera de juicio.

Aunque Filipinas se retiró en 2019 del Estatuto de Roma, el tratado fundacional de la CPI, la corte mantiene jurisdicción sobre los hechos ocurridos mientras el país era miembro. EFE