
España tiene una "limitada capacidad" de retener a los migrantes. Así se desprende del estudio 'Los límites de la inmigración para el ajuste demográfico en España', elaborado por Funcas, que revela que, entre 2002 y 2024, el aumento real de la población inmigrante residente en el país fue de poco más de siete millones, a pesar de que llegaron casi 15 millones de personas nacidas en el extranjero.
La investigación, presentada este martes en rueda de prensa, revela que aproximadamente uno de cada dos migrantes terminó abandonando el país. Además, refleja que la tasa de retención española se sitúa entre las más bajas de Europa, ya que, entre 2021 y 2025, rondó el 51%.
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"España atrae con extraordinaria eficacia, pero no retiene con la misma intensidad. La diferencia entre ambas capacidades define el rasgo central de su modelo migratorio. El resultado es un modelo que necesita flujos de entrada muy elevados para sostener una población que se renueva constantemente", apunta.
Por otro lado, añade que la inmigración "no constituye una solución al desajuste demográfico español", sino que se trata de "un mecanismo temporal de amortiguación que opera con intensidad decreciente y bajo condiciones cada vez más exigentes".
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El informe plantea una revisión crítica de la idea de que la llegada masiva de inmigrantes podría compensar automáticamente el declive demográfico español. Los autores del estudio, Héctor Cebolla y María Miyar, sostienen que la contribución de la inmigración es "relevante, pero limitada" y advierten de que el país ha delegado de forma implícita en los flujos migratorios una función que debería complementarse con políticas familiares, de vivienda y planificación territorial.
Asimismo, destacan que, en 2025, el 19% de los residentes en España había nacido en el extranjero, frente al 14% de media de la Unión Europea. En este sentido, exponen que Alemania recibe más inmigración en términos absolutos, mientras que España lidera las llegadas en términos relativos durante buena parte de las últimas dos décadas. De hecho, recalcan que, entre 2013 y 2023, España absorbió el 16% de toda la inmigración llegada a Europa.
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Los autores subrayan que el modelo migratorio español se caracteriza por cuatro rasgos: la concentración temporal de las llegadas; una capacidad de retención (permanencia) limitada; un perfil de edad "crecientemente desfavorable", con pocos menores y un peso cada vez mayor de edades avanzadas; y la ausencia de una gestión proactiva de los flujos, cuya dinámica responde "en gran medida" a factores externos.
LOS MIGRANTES NO TIENEN MÁS HIJOS QUE LOS ESPAÑOLES
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Los expertos también señalan en la investigación que, entre 2009 y 2024, España pasó de registrar 493.000 nacimientos anuales a 318.000, lo que supone una caída del 36%. "La inmigración ha contribuido a aumentar el número de mujeres en edad fértil y, por lo tanto, el número de nacimientos, pero no el número de hijos por mujer", revelan.
Del mismo modo, apuntan que en 2024 había un 33% más de inmigrantes en edad fértil que en 2009, pero sus nacimientos habían caído un 10% y su fecundidad un 32%. "El comportamiento reproductivo de las mujeres inmigrantes converge con el de las autóctonas en una sola generación. Es decir, España incorpora muy rápidamente a los inmigrantes a su propio régimen de (muy) baja natalidad", indican.
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En esta línea, Cebolla ha explicado en la presentación del estudio que existe "una crisis de emparejamiento en general en las sociedades avanzadas", que España está repercutiendo "con muchísima intensidad". Así, añade que los jóvenes que llegan al país siendo niños acaban replicando la "baja fecundidad".
Otra de las conclusiones del informe es que la inmigración no solo rejuvenece la población, sino que también envejece con rapidez. En 2025, el 22% de los inmigrantes residentes en España tenía 55 años o más, unos dos millones de personas. Entre 2021 y 2024 llegaron a España 558.000 inmigrantes mayores de 55 años. Casi uno de cada cinco inmigrantes llegados en ese periodo tenía ya más de 55 años y el 80% de ellos eran extracomunitarios.
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A juicio de Funcas, esta dinámica anticipa una "presión adicional" sobre los sistemas de salud y dependencia y propone que España comience a reflexionar sobre una estrategia de adaptación ante el cambio demográfico que combine no solo la política migratoria, sino también la política familiar y la planificación territorial. "Para ello, el debate público debe incorporar reflexiones sobre el impacto de la inmigración en el largo plazo y superar el foco en la inmediatez", asevera.
Igualmente, el estudio revela que España recibe proporcionalmente menos menores de 15 años y más personas de 54 o más que la mayoría de los países europeos. En 2024, el 13% de los nuevos residentes nacidos en el extranjero tenía menos de 15 años, mientras que el 18% tenía 55 años o más.
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El estudio detecta además una desigualdad territorial. Las comunidades autónomas más envejecidas -Asturias, Galicia y Castilla y León- apenas reciben un efecto rejuvenecedor relevante de la inmigración.
El trabajo concluye que España ha logrado retrasar el impacto pleno del envejecimiento gracias a la inmigración, pero sin alterar la trayectoria de fondo. Según los autores, esta estrategia de mantenimiento demográfico "ha funcionado razonablemente bien en el corto plazo", pero "muestra signos claros de agotamiento".
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"Sostenerla exige flujos crecientes e ininterrumpidos con un perfil de edad cada vez más difícil de garantizar, procedentes de países que también envejecen y cuyos excedentes demográficos se reducen", asegura.
POLÍTICAS DE VIVIENDA Y FAMILIARES
Por su parte, Miyar ha abogado en la presentación del estudio por planificar flujos migratorios e incentivar la migración que puede contribuir de forma más importante a la demografía y a la productividad española. Además, ha apostado por ayudar a la autonomía de los jóvenes, con políticas de vivienda y familiar, con el objetivo de que se queden en España y formen hogares.
Para Cebolla, el debate público en España tienen que separar el problema del ajuste demográfico de la inmigración. "Son dos realidades que operan de manera interrelacionada, pero no son exactamente el mismo problema", ha apuntado para añadir que los españoles y los migrantes que llegan son "iguales" y se comportan "exactamente igual" ante las realidades.
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