Sofía, 26 abr (EFE).- Cuarenta años después del accidente nuclear de Chernóbil, los búlgaros recuerdan este domingo la negligencia y el prolongado silencio de las autoridades del régimen comunista que los expuso a elevados niveles de radiactividad sin adoptar medidas para proteger a la ciudadanía.
"El Chernóbil búlgaro. Arqueología de la escasez moral" es el título del libro de Dimitar Vatsov que, publicado recientemente, resume los resultados de un nuevo estudio basado en documentos que durante años estuvieron guardados con un gran secretismo y que fueron objeto de un seminario científico la semana pasada en la Nueva Universidad Búlgara de Sofía.
Los científicos concluyen que las autoridades del régimen comunista de Tódor Zhívkov (1911-1998) estaban bien informadas de la gravedad de la situación y denuncian el papel de la policía secreta (Darzhavna sigurnost) en la minimización sistemática de la crisis.
El líder del país y del Partido Comunista Búlgaro en el poder en aquel entonces, Todor Zhívkov, fue informado personalmente por el embajador soviético Leonid Grekov el 28 o 29 de abril durante una reunión nocturna. Sin embargo, el primer informe de Darzhavna sigurnost a Zhivkov, fechado el 30 de abril, afirmaba que 'la situación radiológica es normal'", destacó el historiador Momchil Metodiev, citado por la agencia Dnevnik.
Los documentos contienen resoluciones que hablan de productos considerados "no aptos para el consumo" tras su análisis, que sin embargo eran devueltos a las cadenas de supermercados.
"Por supuesto, nosotros, la gente común, los consumimos. Ninguno de los productos radiactivos fue desechado", asegura Vatsov.
El 26 de abril de 1986, la explosión en el cuarto reactor de la central nuclear de Chernóbil, al norte de Kiev, liberó durante días grandes cantidades de sustancias radiactivas a la atmósfera, creando nubes de cesio-137 y otros isótopos que, transportadas por el viento, contaminaron buena parte de Europa.
Se considera que Ucrania, Bielorrusia y Rusia fueron los países más contaminados, pero según Vatsov, catedrático de la citada universidad, los búlgaros terminaron recibiendo una dosis de radiación mayor que las poblaciones de esas naciones, y no porque las lluvias radiactivas abundantes fueran mas densas en estas tierras sino porque su Gobierno comunista decidió que no necesitaban saberlo.
Aunque hay constancia de que la nube y la lluvia radiactiva llegó a los Balcanes el 1 de mayo de 1986, las autoridades búlgaras no hicieron ningún anuncio público sobre el desastre hasta una semana después y los comunicados oficiales posteriores afirmaron que la contaminación ambiental era mínima y no requería medidas especiales.
Ello a pesar de que "todo estaba, dicho en palabras simples, salpicado de radiactividad: había yodo 131, que se introdujo en la leche, cesio-137, que se alojó en los tejidos blandos y los músculos de los humanos, y estroncio-90, que se alojó en los huesos de los ciudadanos", resaltó este domingo Petar Uzunov, especialista en protección radiológica de la Facultad de Física de la Universidad de Sofía, a la emisora pública BNT.
"La lluvia depositó cesio-137 y estroncio-90 al suelo, sobre la hierba, a través de los campos donde escolares y estudiantes ya se encontraban trabajando en la cosecha de primavera. Durante toda una semana, el Estado guardó silencio. La versión oficial, difundida repetidamente por el Comité para el Estudio de la Energía Atómica con Fines Pacíficos, era que no existía peligro. Se aseguró a la población que se estaba monitorizando la radiación de fondo y que todo estaba en orden", reseña hoy el portal 'noviniti.com'.
Más de 50.000 adolescentes y adultos jóvenes habían sido enviados a los campos por el Komsomol, la organización juvenil comunista de afiliación obligatoria, para cosecha espinacas, cebollas y otros cultivos tempranos durante los dos meses en los que la radiactividad estaba en su punto máximo.
Vatsov, entonces un estudiante de secundaria de 15 años, fue uno de ellos. Varios de sus compañeros de clase murieron de cáncer antes de cumplir los 50 años. EFE
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