
Mientras las tareas de búsqueda en la zona de Jebel Iraq permanecen activas, las autoridades locales advirtieron que el número de víctimas podría incrementarse debido a que continúan localizando personas desaparecidas tras el ataque. De acuerdo con información proporcionada por el vicepresidente de Sudán del Sur, James Wani Igga, y replicada por la agencia Europa Press, un grupo de hombres armados atacó la localidad situada en el estado de Ecuatoria Central, causando la muerte de al menos 73 mineros y provocando heridas a otros 25. Igga resaltó que estas personas constituían un pilar relevante en la economía local y fueron atacadas mientras intentaban mantener a sus familias a través de su trabajo.
El vicepresidente sursudanés, mediante un comunicado difundido a través de redes sociales, aseguró que “tal brutalidad no solo viola el derecho a la vida, sino que constituye un ataque directo a la paz y la estabilidad”. Igga condenó el acto violento y llamó a la apertura de una investigación formal para esclarecer la identidad y los motivos de quienes perpetraron el ataque, sosteniendo que “no podemos permitir que hombres armados desconocidos sigan aterrorizando a nuestra gente impunemente”. En este marco, el funcionario instó a reforzar las medidas de seguridad en zonas mineras y rurales, señalando la necesidad de proteger a las comunidades más expuestas.
Según publicó Europa Press, la situación de inseguridad no se limita a Jebel Iraq. A lo largo del último mes, el estado de Jonglei también ha enfrentado repetidos episodios de violencia. La organización Médicos Sin Fronteras (MSF) informó que al menos 58 personas murieron en cuatro semanas debido a diferentes incidentes violentos en la región, lo que desencadenó el desplazamiento de unas 30.000 personas desde la zona de Nyatim. MSF explicó que los recientes brotes de violencia en Lankien y Pieri impulsaron este éxodo.
El responsable de operaciones de MSF, Gul Badshah, explicó según recogió Europa Press, que las personas desplazadas en Nyatim sufren de inseguridad alimentaria extrema, subsistiendo solo con hojas de árboles hervidas. Doce niños fallecieron por diarrea acuosa aguda y presunta malaria, según reportó la organización, agravando el panorama sanitario entre mujeres, niños, ancianos y enfermos que conforman buena parte de los desplazados.
MSF detalló que en Nyatim al menos diez personas fueron secuestradas por bandas armadas, entre ellas una madre lactante que fue asesinada. Algunos desplazados lograron llegar a la aldea de Chuil, situada a unos 50 kilómetros, según testimonios recogidos por la ONG. Una mujer, identificada solo como Nyaluat, expresó su experiencia: “Los adultos intentamos ser fuertes, pero los niños mueren ante nuestros ojos. A veces, los niños ven morir a sus madres o padres”. Otro testimonio de Nyapini relató que muchas de estas muertes se producen por enfermedades durante el trayecto, por hambre o por ataques armados cuando las personas buscan alimentos naturales como frutos silvestres, hojas o nenúfares.
Gul Badshah de MSF advirtió que la comunidad de Nyatim está “atrapada”, e indicó a Europa Press la ausencia de medios y recursos para huir por parte de la mayoría de las personas afectadas, ya que carecen de transporte y dinero. Badshah pidió a las autoridades competentes garantizar el acceso humanitario a la zona y asegurar la llegada de asistencia.
Según subrayó Europa Press, el aumento de los episodios violentos en Sudán del Sur durante los últimos años se relaciona principalmente con las disputas intercomunitarias. El robo de ganado y los enfrentamientos entre pastores y agricultores en las zonas más fértiles del país han cobrado fuerza, vinculados al avance de la desertificación y al desplazamiento de poblaciones enteras. Esta combinación de factores ha incrementado la tensión y la inseguridad, especialmente en áreas rurales, exacerbando la vulnerabilidad de quienes dependen de la economía agrícola y minera para sobrevivir.
Los recientes acontecimientos en la región de Jebel Iraq y en el estado de Jonglei evidencian la inseguridad persistente y el impacto directo que la violencia tiene sobre los sectores más desprotegidos del país. Tanto los mineros como los desplazados y las comunidades rurales enfrentan condiciones de violencia recurrente, falta de protección y acceso limitado a recursos básicos, según diversos testimonios y lo consignado por Europa Press, que reflejan el nivel de crisis que atraviesa Sudán del Sur.
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