Redacción Asia, 27 mar (EFE). La guerra de Irán en el último mes ha causado un severo impacto en Asia, el continente más afectado por las disrupciones del tránsito energético en el estrecho de Ormuz, y donde países como Pakistán y China se han lanzado con diferentes estrategias en busca de una salida diplomática al conflicto.
Asia es el principal destino del combustible que atraviesa Ormuz: entre el 84 % y el 90 % del petróleo y cerca del 83 % del gas natural licuado tienen como destino países de la región, que ha tomado medidas de peso para intentar amortiguar los problemas de suministro y la subida de precios.
En este contexto, Rusia ha vuelto a cobrar protagonismo. Países como India, China y naciones del Sudeste Asiático han recurrido a Moscú para nuevas compras energéticas, sobre todo después de que Estados Unidos levantase temporalmente sus sanciones al crudo ruso.
Aunque China es el principal socio comercial y la mayor potencia aliada de Teherán, Pekín no se ha volcado públicamente con el país persa. La segunda economía mundial ha condenado las acciones de EE. UU. e Israel, pero los esfuerzos diplomáticos han parecido centrarse más en los países del Golfo salpicados por el conflicto.
Además de mantener llamadas con sus pares de Irán (a instancias de Teherán), el canciller Wang Yi ha hablado con los de Omán, Arabia Saudí, Baréin, Kuwait, Catar, Pakistán y otros interlocutores regionales.
A su vez, Pekín envió a su representante especial para Oriente Medio, Zhai Jun, a Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Kuwait, Catar y Egipto, reflejo de la delgada línea que trata de seguir China: condena los ataques contra Irán, pero también pide respetar la soberanía de los países del Golfo atacados por Teherán, con los que mantiene estrechos lazos políticos y energéticos.
Y es que el bloqueo de Irán a Ormuz ha tenido un impacto directo en China: cerca del 45 % del petróleo que importa pasa por esta vía, y el principal órgano de planificación económica tuvo que intervenir de forma extraordinaria por primera vez desde 2013 limitando el alza de precios.
Pakistán ha confirmado esta semana su papel mediador en las conversaciones entre EE. UU. e Irán para trasladar la propuesta de paz de Washington. El país se sirve de su alianza militar con países del Golfo y su función de puente con la República Islámica para evitar un colapso regional.
Sumido en un conflicto con Afganistán por la insurgencia talibán, Pakistán se involucra también bajo la presión de su acuerdo de defensa mutua con Arabia Saudí, que podría forzarlo a abandonar su neutralidad ante una escalada del conflicto.
Mientras, Islamabad gestiona una posible visita del vicepresidente estadounidense, JD Vance, para encuentros de alto nivel, y hay publicaciones que apuntan a una reunión no confirmada entre EE. UU. e Irán este fin de semana en Islamabad.
Por otro lado, la guerra ha obligado a la India a blindar su industria de refinamiento para asegurar no solo el consumo doméstico, sino su posición como exportador estratégico para 150 países, mientras sus vecinos rozan el colapso.
Pakistán, Nepal y Bangladés han impuesto racionamientos críticos tras una caída del 95 % en las importaciones de crudo, estrangulamiento que se solapa con una crisis para los 21 millones de migrantes surasiáticos en el Golfo por la parálisis de las remesas, motor del 25 % del PIB de países como Nepal.
Japón se ha visto arrastrado a un complicado equilibrio tras el ataque de Estados Unidos, su principal aliado militar, al tiempo que trata de hacer frente a los efectos en su economía de Ormuz.
Tokio se ha cuidado de no valorar la legalidad de la ofensiva, y, cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, solicitó ayuda en la Casa Blanca a la dirigente japonesa, Sanae Takaichi, para asegurar la navegación en Ormuz, la primera ministra dijo que Japón solo se planteará desplegar buques tras un alto el fuego.
Corea del Sur, mientras, se ha centrado en tomar medidas para asegurar el suministro energético, entre ellas mediante la liberación histórica de 22,46 millones de barriles de crudo de sus reservas estratégicas (en coordinación con la Agencia Internacional de la Energía).
Filipinas se convirtió el martes en el primer país en decretar el estado de emergencia energética ante la crisis de suministro, ya que sus importaciones de crudo proceden casi por completo del Golfo Pérsico y el archipiélago apenas cuenta con reservas para 45 días.
Tanto Filipinas como Tailandia o Vietnam se han acercado asimismo a Rusia en busca de petróleo y gas. Vietnam y Rusia han firmado además un acuerdo de cooperación en la construcción de la que será la primera central nuclear en el país del Sudeste Asiático. EFE
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