
La denuncia formal por amenazas ante la Ertzaintza por parte de Jon Uriarte, presidente del Athletic Club, surgió tras detectar la presencia reiterada de jóvenes identificados con el grupo ultra Herri Norte en el portal de su domicilio en Bilbao, quienes han dejado pegatinas y mensajes intimidantes, según publicó El Correo. Esta situación llevó al club bilbaíno a manifestar públicamente su rechazo a cualquier tipo de acoso o intimidación que busque condicionar la libertad de sus miembros.
Dicho episodio, reportó El Correo, motivó la intervención de la policía vasca y puso en primer plano la preocupación por la seguridad del máximo dirigente del Athletic y su entorno familiar, ante la presión de grupos ultras. El club difundió un comunicado en el que expresó su total respaldo a Uriarte, recalcando la defensa de los derechos de sus socios y socias. Según comunicó el Athletic Club, “solo a través de la firmeza en la exigencia del respeto podremos construir una sociedad y un Athletic mejor”. El posicionamiento de la entidad enfatizó que ningún integrante de la institución debe sufrir actos de violencia debido a su pertenencia a la asociación.
El medio vasco El Correo detalló que este episodio no constituye un hecho aislado, ya que los autores de las amenazas han reiterado sus acciones al acudir varias veces al portal de la vivienda de Uriarte, lo que ha generado alarma en su círculo cercano. Las pegatinas encontradas en el buzón y las puertas incluían símbolos y membretes del grupo ultra Herri Norte, identificando la procedencia del acoso y elevando la alerta por la vinculación con sectores radicales.
El comunicado del Athletic subrayó, tal como consignó El Correo, que la entidad condena de manera contundente “todo amedrentamiento dirigido a silenciar o coartar la libertad de las personas”. En el texto oficial se expresa además el compromiso del club de salvaguardar los derechos y el bienestar de quienes forman parte de la institución, independientemente del cargo que ocupen.
El Correo explicó que, tras la denuncia de Uriarte ante la Ertzaintza, se incrementaron las medidas de seguimiento policial en torno a su residencia y se analizó la dinámica de acoso sufrida en las últimas semanas. Las autoridades policiales investigan la identificación de los responsables y evalúan el alcance de las amenazas recibidas.
Esta respuesta institucional del Athletic se encuadra en un contexto donde los clubes deportivos vascos afrontan desde hace años la presión de movimientos ultras, cuyo accionar queda reflejado en actos de hostigamiento dirigidos tanto a directivos como a otros integrantes de las entidades. Según detalló El Correo, la dirección del club apuesta por la “firmeza en la exigencia del respeto” como vía para contrarrestar estos episodios y evitar que la convivencia y la pluralidad interna se vean amenazadas.
Las muestras de respaldo hacia el presidente del club incluyeron un mensaje claro dirigido a la afición, socios y opinión pública: la defensa de la libertad y la seguridad dentro y fuera del ámbito institucional constituye una prioridad para la entidad. El Athletic proclamó en su comunicado que “el club defenderá a los socios y las socias que, por ser parte de esta asociación, sufren cualquier acto de violencia”.
El Correo añadió que la magnitud de las amenazas ha generado un debate interno sobre la necesidad de adoptar protocolos de protección más estrictos para los dirigentes y trabajadores del club, teniendo en cuenta la exposición pública de estas figuras y los riesgos actuales derivados del accionar ultra.
En el plano social, según relató El Correo, la intervención policial y la rápida condena del club han contribuido a visibilizar la problemática del acoso a dirigentes deportivos, especialmente en contextos donde la presión de grupos radicales altera el clima de convivencia y dificulta la gestión cotidiana de las instituciones. El caso de Uriarte se suma a una serie de advertencias previas de los organismos de seguridad respecto a la actividad de Herri Norte y otros colectivos similares en Bilbao y el País Vasco.
De acuerdo con la información difundida por El Correo, tanto el Athletic Club como las autoridades mantienen abiertas las vías de coordinación para monitorizar posibles actos de intimidación y asegurar la integridad de los miembros del club. El episodio ha hecho que se reitere el mensaje de tolerancia cero frente a la violencia y la coacción, lanzando un llamamiento al respeto y la libertad como principios rectores dentro y fuera del deporte.
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