
Las dificultades para restablecer arsenales de munición avanzada han surgido como uno de los problemas más urgentes tras la campaña aérea intensiva lanzada contra Irán a finales de febrero, de acuerdo con el análisis realizado por el Payne Institute for Public Policy y publicado a través del Foreign Policy Research Institute, consultado por Europa Press. El informe revela que reemplazar las más de 5.000 municiones utilizadas durante los primeros días de la operación implicaría adquirir cantidades considerables de metales y componentes críticos, sumado a retrasos logísticos y una dependencia de proveedores internacionales, especialmente ante el dominio chino en la producción de minerales estratégicos. Esta situación ha llevado a advertencias sobre los límites de la capacidad occidental para sostener operaciones militares prolongadas a gran escala.
Según consignó Europa Press, la estimación realizada por Macdonald Amoah, Morgan D. Bazilian y el teniente coronel Jahara Matisek, integrantes del Payne Institute, señala que Estados Unidos, Israel y aliados en el Golfo emplearon 5.197 municiones de 35 tipos diferentes en los primeros cuatro días de la ofensiva iniciada el 28 de febrero. El gasto armamentístico posiciona la operación ‘Furia épica’ como la mayor campaña aérea inicial registrada en la historia contemporánea, superando con creces los registros del operativo sobre Libia en 2011, donde en tres días se emplearon 735 bombas y misiles, y durante toda la intervención hasta octubre se alcanzó el uso de 20.000 municiones. El costo de reponer el arsenal disparado en las primeras 96 horas ha sido estimado entre 10.000 y 16.000 millones de dólares, cifra que podría aumentarse hasta 20.000 millones incluyendo las pérdidas de aviones y radares.
Los analistas del Payne Institute confirmaron que, una vez superado el pico inicial, tanto la coalición como Irán disminuyeron la intensidad de los ataques. De acuerdo con el informe citado por Europa Press, Irán redujo el uso de drones en un 83% y disparó un 90% menos misiles después del quinto día. Sin embargo, la situación de los inventarios de armas avanzadas occidentales genera inquietud: de los 35 tipos de municiones analizadas, 14 figuran en niveles críticos, incluidos sistemas que permiten una defensa aérea eficaz y la ejecución de ataques de largo alcance.
La defensa aérea destaca como el área más comprometida. Según publicó Europa Press, durante los primeros cuatro días, el inventario de misiles interceptores Arrow de Israel disminuyó hasta el 50%, estimándose en 32 meses el tiempo necesario para recuperar esas existencias. Estados Unidos agotó un tercio de sus misiles balísticos ATACMS y PrSM, mientras que los aliados en la región vieron reducido su arsenal de interceptores THAAD en igual proporción. A estos datos se suma el uso de ocho bombas antibúnker GBU-57, que representa el 25% del inventario estadounidense de ese tipo de armamento. Este modelo solo puede lanzarse desde 20 aviones B-2 Spirit, revelando otra limitación operativa.
Los expertos subrayan que las dificultades para evitar el agotamiento del material bélico se vinculan con una tradición industrial centrada en la eficiencia y no en la resiliencia durante décadas de tiempos de paz. Según detalla Europa Press, los autores remarcan que en una crisis militar la disponibilidad inicial del arsenal determina la capacidad defensiva y ofensiva a largo plazo, pues las cadenas de producción presentan cuellos de botella considerables. El caso de las baterías Patriot resulta ilustrativo: EE UU y los países del Golfo dispararon 943 misiles en 96 horas, cantidad equivalente a 18 meses de fabricación de una planta de Lockheed Martin/Boeing que produce 620 interceptores anualmente. Respecto a los misiles Tomahawk, cuya producción anual se sitúa en 85 unidades, el plazo para reabastecer 375 misiles usados requeriría aproximadamente 53 meses.
Europa Press informa que otras barreras tienen que ver con la escasez de mano de obra cualificada en las fábricas. Los analistas citan la limitada disponibilidad de soldadores, técnicos e ingenieros como un impedimento adicional para aumentar el ritmo de producción de proyectiles. En el caso de los países del Golfo, otro factor que demora el restablecimiento de inventarios radica en que sus órdenes quedan rezagadas detrás de las estadounidenses, añadiendo entre 6 y 12 meses al proceso de recepción.
El obstáculo más grave, según el informe difundido por Europa Press, es la dependencia de materias primas, más que los costos asociados. El acceso a recursos esenciales depende de factores geológicos y químicos, pero también de la concentración del mercado: China controla el 98% de la producción global de galio, el 90% del neodimio procesado y el 99% del disprosio, minerales estratégicos en sistemas de guiado y radares militares occidentales. Los autores del análisis sostienen que “no importa si la base industrial de defensa occidental tiene un ‘cheque en blanco’; no hay minerales que las empresas chinas estén dispuestas a vender a las firmas de defensa americanas y aliadas”.
Según los cálculos del Payne Institute, la reposición de las municiones utilizadas en la primera fase requeriría alrededor de 92 toneladas de cobre, 137 kilogramos de neodimio, 18 kilogramos de galio, 37 kilogramos de tantalio, 7 kilogramos de disprosio y 600 toneladas de perclorato de amonio. Los explosivos que emplean las cabezas de guerra, como el RDX y HMS, solo se producen en una planta estadounidense, la Holston Ammunition Plant operada por BAE Systems desde la Segunda Guerra Mundial en Kingsport, Tennessee. Los autores advierten que cualquier problema prolongado en esa instalación afectaría todos los programas de misiles, torpedos y munición guiada de precisión estadounidenses, destacando que, hasta mediados de marzo, no había indicios de órdenes para ampliar la producción en dicha planta.
Los componentes críticos para misiles, como los motores turbofan de doble flujo, presentan una situación similar, al fabricarse exclusivamente por Williams International en Pontiac, Michigan. Según detalló Europa Press, esta dependencia de un único proveedor representa otra vulnerabilidad en la estructura de defensa.
El análisis del Payne Institute desarrolla que los cuellos de botella en la capacidad militar occidental se deben, en gran medida, a la existencia de productores únicos de motores y explosivos, líneas de producción restringidas por la obtención de componentes críticos, y una cadena de suministro de minerales estratégicos liderada por China. Los expertos califican la posibilidad de resolver estos desafíos como virtualmente inviable en el corto plazo, dejando en evidencia que el mantenimiento de la supremacía militar depende de una infraestructura industrial más sólida.
Los analistas concluyen que la falta de capacidad para reabastecer rápidamente los arsenales convierte estas armas en activos que se consumen sin opción de sustitución inmediata, cuestionando la sostenibilidad de cualquier estrategia de disuasión basada en una base manufacturera vulnerable.
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