
El análisis de Ebury apunta a que, aunque los riesgos inflacionarios amenazan a las economías emergentes, Brasil se encuentra en una posición distinta debido a su rol destacado como exportador neto de crudo. Este factor podría permitirle absorber mejor un posible repunte de la inflación si persiste la volatilidad en los mercados internacionales de energía. A partir de este contexto, el informe de la fintech señala que tanto el real brasileño como el peso colombiano destacaron en la región por su desempeño durante la última semana, mostrando resiliencia ante la escalada del conflicto en Oriente Próximo y la incertidumbre derivada de la guerra de Irán.
Según detalló Ebury, que pertenece a Banco Santander y se especializa en pagos internacionales y cambio de divisas, estos buenos resultados responden a la menor dependencia energética de Brasil y Colombia respecto a otras economías latinoamericanas. La firma subrayó que ambas monedas se fortalecieron mientras otras divisas emergentes enfrentaban presiones; en especial, el real brasileño se mantuvo más sólido que el promedio en las últimas semanas.
El informe recogido por Ebury indica que Brasil, gracias a su superávit petrolero, tiene mayor margen para limitar los impactos adversos de la subida de los precios de la energía, lo que resulta especialmente relevante en escenarios de tensiones geopolíticas y volatilidad en los mercados. La caída de la inflación brasileña al 3,8% en enero no ha eliminado del todo las expectativas de los inversores, quienes prevén una reducción de los tipos de interés por parte del Banco Central de Brasil esta semana de 25 puntos básicos. No obstante, Ebury proyecta que la entidad adoptará una postura considerada "considerablemente 'hawkish'" para transmitir cautela a los mercados, dada la revisión al alza de las proyecciones inflacionarias y la posibilidad de que el ciclo de recortes de tipos sea menos profundo que lo previsto, con un posible recorte total de 125 puntos básicos en lugar de los 300 estimados antes de que se agravara el conflicto en la región de Oriente Próximo.
Por su parte, el peso colombiano también resistió los embates del contexto internacional, pese a que Colombia enfrenta presiones inflacionarias internas producto de los aumentos en el salario mínimo. En su más reciente reunión de enero, el Banco de la República elevó en un punto porcentual el costo del dinero como medida para contener la inflación, un contexto que, según la fintech, podría llevar a un endurecimiento de la política monetaria hasta 2026.
En el caso de México, Ebury reportó que el peso mexicano continuó su tendencia alcista y rozó el umbral de los 17,8 pesos por dólar estadounidense durante la semana pasada. Aunque México comparte la condición de exportador neto de petróleo con Brasil y Colombia, la situación energética mexicana resulta diferente porque el país depende en mayor medida de las importaciones de gasolina debido a la limitada capacidad de refinación local. Esta vulnerabilidad ante las fluctuaciones del mercado internacional incide en el comportamiento de la moneda. Además, en relación con la inflación, la aceleración de los precios registrada en febrero lleva a prever que el Banco de México podría pausar próximas reducciones de tasas en la reunión programada para el 26 de marzo, según lo indica el reporte de Ebury.
Entre las restantes monedas de la región, el sol peruano logró recuperar parte del terreno perdido para posicionarse cerca del cambio de 3,42 soles por dólar. Esta recuperación sucede en un contexto de previsiones que señalan un aumento temporal de la inflación por encima de la meta oficial del 2%, con una banda de fluctuación de 1% al alza o a la baja. Dicha dinámica responde tanto a las condiciones climáticas adversas, como al impacto de la guerra de Irán y la interrupción del suministro de gas a consecuencia de una explosión en el yacimiento de Camisea, factores que afectan directamente a la economía peruana, según advirtió Ebury en su informe.
En el extremo opuesto, el peso chileno registró la mayor depreciación en el último mes entre las monedas analizadas, solo por encima del bolívar venezolano. Ebury explicó que esta dinámica responde a la elevada exposición de Chile a las importaciones energéticas, una situación que lo distancia de los países exportadores de crudo de la región. Las perspectivas para la moneda chilena siguen apuntando a nuevas pérdidas si se prolongan las hostilidades en Oriente Próximo, de acuerdo con lo consignado en el informe.
A través de su reporte, Ebury enfatizó que la coyuntura geopolítica y sus repercusiones en los mercados energéticos influyen de manera diferenciada en las divisas latinoamericanas, dependiendo de su estructura de importaciones y exportaciones de energía. El vínculo entre conflictos internacionales y volatilidad monetaria resulta más notorio en los países con mayores necesidades de importación energética, mientras que las economías con superávit petrolero parecen mostrar mayor capacidad de resistencia ante los episodios recientes de incertidumbre global.
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