
Algunos participantes en las movilizaciones del Día Internacional de la Mujer de 2023 lamentaban la creciente politización del evento y afirmaban, según Europa Press, que este fenómeno estaba provocando un daño a la conmemoración, al considerar que el feminismo no solo involucra a partidos o ideologías, sino que abarca a toda la sociedad. Esta percepción se expresó cuando la marcha del 8 de marzo reunió nuevamente a miles de personas en Madrid, marcando el regreso de la jornada sin restricciones sanitarias por la pandemia, pero con una marcada fragmentación en el seno del movimiento feminista.
Según consignó Europa Press, la ciudad de Madrid volvió a ser escenario de dos manifestaciones separadas. La primera estuvo encabezada por la Comisión 8M, agrupación histórica en la organización de estas movilizaciones, y la segunda la convocó el Movimiento Feminista de Madrid. Ambas partieron de la plaza de Atocha, pero sus objetivos y reivindicaciones reflejaron el desacuerdo persistente derivado de debates internos en torno a asuntos como la Ley Trans y la abolición de la prostitución.
El regreso de las marchas sin restricciones ocurrió tras varios años de modificaciones en la forma de celebrar la jornada por efecto de la crisis sanitaria. En 2018 y 2019, el feminismo en Madrid alcanzó cifras históricas de asistentes, según Delegación del Gobierno, con 170.000 personas la primera de esas fechas y hasta 375.000 la segunda. Sin embargo, una semana antes del confinamiento general por Covid-19, en 2020, la asistencia se redujo a 120.000 participantes, generando luego polémica política y social ante los contagios detectados entre miembros del Gobierno que, según publicó Europa Press, habían estado presentes en la movilización. La situación derivó en la suspensión de manifestaciones multitudinarias en 2021 en la capital, aunque en otras ciudades sí se realizaron, y en 2022 se retomó la marcha, pero bajo medidas sanitarias que incluyeron mascarillas y distanciamiento social, lo que redujo la asistencia a 56.000 personas.
Para 2023, las limitaciones sanitarias ya no determinaron las formas de participación, aunque persistieron las diferencias internas dentro del movimiento feminista. El medio Europa Press detalló que la Comisión 8M defendió un feminismo inclusivo y mostró su apoyo a la Ley Trans, reivindicando la defensa del consentimiento en el centro de la Ley del “solo sí es sí”. En esta manifestación participaron unas 17.000 personas, según la Delegación de Gobierno, aunque la organización elevó la cifra hasta 700.000. El lema “Somos el grito necesario. El feminismo lo está cambiando todo” encabezó la marcha, donde se reunieron mujeres profesionales de diferentes ámbitos, incluyendo sanitarias, pensionistas, trabajadoras del servicio de ayuda a domicilio, así como feministas de origen iraní, peruano, afgano y mujeres trans.
La marcha mostró diversidad en los cánticos, entre los que destacaron eslóganes característicos del movimiento, como “Abajo el patriarcado que va a caer, arriba el feminismo que va a vencer”, “Aquí estamos las feministas” o “Feminismo anti racista”. La manifestación contó también con la presencia de hasta seis ministras socialistas que portaron una pancarta bajo el lema “Mujeres libres e iguales”.
En paralelo, el Movimiento Feminista de Madrid organizó otra marcha en la que, según los datos oficiales, participaron unas 10.000 personas, cifra que las organizadoras elevaron hasta 25.000 o 30.000. El colectivo, que se define como abolicionista y opuesto a la Ley Trans, articuló sus consignas bajo la crítica a lo que consideraban “chapuzas legislativas” como la Ley del “solo sí es sí”, la cual consideraban perjudicial para las mujeres. Sus cánticos incluyeron frases como “El feminismo es abolicionista”, “Ser mujer no es un sentimiento”, “Irene machista, hazte feminista”, “La infancia ni se toca ni se hormona” y “Las mujeres no tienen pene”. Las demandas principales fueron la abolición de la prostitución, la reforma de las leyes que relacionan el consentimiento y la identidad de género y el fin de los crímenes machistas.
Ambas convocatorias coincidieron en no llamar a una huelga feminista, acción que sí tuvo un fuerte impacto en las movilizaciones de 2018 y 2019, cuando se impulsaba la consigna de “parar” para visibilizar la importancia social del trabajo de las mujeres. Así lo indicó Europa Press, que también recordó que, en aquellas ocasiones, se proclamaba que “sin las mujeres se para el mundo”.
El desacuerdo en torno a cuestiones legislativas, como la ya mencionada Ley Trans —la Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI— y la abolición de la prostitución, resultó ser el principal detonante de la fractura en el movimiento feminista. Aunque dentro de la Comisión 8M también existen posturas abolicionistas, la agrupación abogó por la unidad para la celebración del 8 de marzo.
La división en la capital tuvo eco en otras ciudades, como Valencia, donde la jornada también se vivió con manifestaciones diferenciadas, según reportó Europa Press. La Coordinadora Feminista y la Assemblea Feminista realizaron convocatorias distintas, reflejando el clima de desacuerdo sobre las formas y los objetivos del movimiento.
Las consignas de ambas marchas en Madrid y en otras localidades evidenciaron tanto la pluralidad del movimiento como las demandas comunes. Se escucharon lemas dirigidos contra la violencia de género y los abusos, como “No al maltrato, a los golpes, al acoso sexual, a las violaciones, a los asesinatos”, y también reivindicaciones sobre el reconocimiento y la igualdad de las mujeres, expresadas en frases como “Que viva la lucha de las mujeres”, “Mi vestido no es corto, tu educación sí” y “El feminismo será inclusivo o no será”.
Al respecto, Europa Press consignó que varios asistentes aseguraban la necesidad de superar las divisiones y advertían que la dispersión podía debilitar el compromiso social con el feminismo. A pesar de los desacuerdos, la jornada demostró la capacidad de movilización del movimiento y su interés en poner sobre la mesa cuestiones relativas a los derechos de las mujeres, la igualdad y el reconocimiento de distintas identidades dentro del colectivo.
Las manifestaciones de 2023 también resultaron significativas por el relevo al frente del Ministerio de Igualdad. Ana Redondo asumió el cargo en noviembre en sustitución de Irene Montero, en un contexto marcado por el debate mediático y político en torno a la reforma de la Ley del “solo sí es sí” y la aprobación de la Ley Trans. Según Europa Press, estos temas generaron debates dentro del Gobierno y entre los distintos sectores feministas.
El artículo de Europa Press en el que se recogen estas informaciones hace parte de una serie especial que repasa los lemas del 8 de marzo desde el año 2018, mostrando la evolución de las consignas y la transformación del panorama feminista español tras la pandemia. Los datos respecto a la asistencia y las consignas de las manifestaciones permiten observar cómo, a pesar de las fracturas y los debates internos, el Día Internacional de la Mujer movilizó una vez más a miles de personas en las calles, haciendo visible la pluralidad de demandas presentes en el feminismo contemporáneo.
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