Gisèle Pelicot: "Lo que le quiero decir a todas las mujeres: no tengáis vergüenza y no sois culpables. Hablad"

A sus 63 años, la francesa sostiene que su batalla judicial marcó el fin de una vida definida por el abuso, e insta a quienes sufren violencia sexual a rechazar el aislamiento, exigir acompañamiento y recuperar el control de sus historias

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Durante el proceso judicial y al finalizarlo, Gisèle Pelicot observó cómo su historia comenzaba a impactar a otras mujeres que atravesaban situaciones similares de violencia sexual. Según consignó Europa Press, la francesa de 63 años afirmó en Madrid que su identidad como víctima terminó tras el juicio contra su exmarido, y exhortó a las mujeres a rechazar la vergüenza, evitar el aislamiento y exigir compañía y respaldo. Pelicot sostuvo que es clave que quienes sufren violencia sexual hablen y no guarden silencio sobre lo que han vivido.

De acuerdo con el relato de Europa Press, Gisèle Pelicot fue objeto de abusos organizados durante cerca de diez años en su propio domicilio, periodo en el que su exmarido, Dominique Pelicot, la drogaba para que desconocidos cometieran violaciones. Dominique Pelicot fue condenado en septiembre de 2024 a veinte años de prisión en Avignon, en un proceso que sentó en el banquillo a más de cincuenta hombres por estos hechos. "La vergüenza debe cambiar de bando", una expresión que pronunció Pelicot durante el juicio, se ha transformado en lema para movimientos feministas de varios países y tiene antecedentes en una frase utilizada por la abogada Gisèle Halimi en 1974, cuando defendió públicamente a víctimas de agresión sexual para promover la apertura de los juicios a la ciudadanía.

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Tal como detalló Europa Press, Pelicot señaló que la vergüenza le acompañó durante todo el procedimiento judicial hasta que decidió rechazarla y reclamar la necesidad de hablar abiertamente. Insistió en que no debe imperar ni la culpa ni el aislamiento entre las víctimas, y alentó a pedir acompañamiento. Subrayó que el sentimiento de culpa suele afianzar el silencio, y alentó a las mujeres: "No tengáis vergüenza y no sois culpables. Hablad".

Pelicot viajó a Madrid para recibir la encomienda de la Orden del Mérito Civil, distinción que otorga el Gobierno español y que le sería entregada por el presidente Pedro Sánchez. Remarcó que considera este reconocimiento como "un gran honor" y destacó el compromiso de España contra la violencia sobre las mujeres. Reconoció que Francia toma ejemplo de las leyes españolas en materia de consentimiento y violencia sexual, y expresó gratitud hacia las mujeres españolas que la apoyaron a lo largo del proceso judicial. Según publicó Europa Press, Pelicot sostuvo: “Siento mucha responsabilidad, verdaderamente, porque en vuestro país, en España, estáis un poco más avanzados que en Francia”.

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La experiencia judicial y personal de Pelicot fue plasmada en el libro "Un himno a la vida" (Lumen), donde narra los efectos del proceso en su vida y en la de sus hijos. Allí describe cómo durante casi una década sufrió en secreto los abusos cometidos por su exmarido y decenas de hombres, y expone la importancia de visibilizar la violencia sexual para romper los mecanismos de impunidad. Según el mismo medio, Pelicot decidió solicitar que el juicio contra Dominique Pelicot y los demás imputados fuera público, con el objetivo de que no se protegiera la identidad de los acusados.

Pelicot confesó a Europa Press que durante su juventud no se involucró activamente en el movimiento feminista, pues priorizaba la vida familiar y su entorno más cercano. Aunque reconocía la existencia de situaciones de abuso, no se veía a sí misma dentro de la militancia feminista. Sin embargo, señaló que su caso sirvió para aportar una "pequeña contribución" a la causa y que, al observar el alcance de su testimonio, percibe ahora la gravedad y extensión de la violencia sexual. “Pensaba que había sido la única. Nunca hubiese imaginado la amplitud que esta violencia ejerce contra las mujeres”.

Respecto al impacto que la situación tuvo sobre su propia percepción, Pelicot indicó que actualmente se siente más involucrada en temáticas feministas, aunque no se autodefine como heroína. Ha optado por describirse como una persona que contribuye a despertar conciencias. En palabras recogidas por Europa Press, relató que la vivencia del sufrimiento tuvo origen desde muy pequeña, tras la muerte de su madre cuando tenía nueve años, y que experiencias posteriores de duelo, al perder también a su padre y su hermano, consolidaron una fortaleza interior que le permitió resistir.

Durante la entrevista, Pelicot declaró que las secuelas del proceso permanecen grabadas en su memoria. Indicó que a pesar del dolor y del horror atravesados, no conserva recuerdos nítidos de los episodios de violencia, lo que representó un mecanismo de protección. Remarcó que ninguno de los implicados mostró preocupación por ella ni manifestó arrepentimiento, y que ninguno denunció los hechos. Según enfatizó, el respaldo recibido por otras mujeres y la necesidad de reconstruirse contribuyeron a su recuperación.

Abordando la specificidad de la violencia ejercida, Pelicot denunció ante Europa Press el uso de la sumisión química por parte de su exmarido, a quien identificó como responsable de buscar esta vía para anular su voluntad y perpetrar los abusos sin su consentimiento. Calificó esta forma de violencia como una manifestación extrema de dominación masculina y expresó que existe una tendencia alarmante entre algunos hombres a recurrir a tales prácticas, mientras persiste un bajo nivel de denuncias. Destacó la importancia de distinguir comportamientos individuales, ya que aunque pide cuestionar los hábitos de los varones, rechaza una generalización que involucre a todos. Insistió en que la convivencia pacífica es posible y que su libro persigue el objetivo de proponer una reflexión sobre las relaciones entre hombres y mujeres.

En el libro, Pelicot incluye testimonios familiares. Narra que su hija Caroline Darian sospecha que también fue víctima de sumisión química por parte de su padre. Menciona que su nieto Nathan, que tenía quince años al iniciar el juicio, denunció a Dominique Pelicot por agresión sexual sufrida durante la infancia. Tras un periodo de distanciamiento, Pelicot señaló que las relaciones dentro de la familia han vuelto a estabilizarse, describiendo un ambiente de paz y acercamiento. Comentó que el libro permitió a sus hijos comprender el dolor que atravesó y que el mensaje central de la obra es de amor y esperanza.

Según explicó a Europa Press, desde los quince años se planteó cuál era el propósito de su vida, y considera haber encontrado la respuesta el 2 de septiembre de 2024, día en que se opuso a que el juicio se realizara a puerta cerrada. Afirma que nunca había previsto la repercusión que tendría su testimonio. Relató también que durante buena parte de su vida protegió a su familia del sufrimiento y evitó compartir con ellos lo que estaba viviendo, optando en cambio por mostrarse como un pilar sólido.

Gisèle Pelicot aseguró que no siente odio contra su exmarido ni los otros implicados, aunque experimenta indignación ante la traición sufrida. Explicó que los recuerdos positivos forman parte esencial de su historia y que, tras varias décadas de relación, aún se aferra a momentos valiosos que le sirven de base para reconstruir su identidad fuera del papel de víctima. Mencionó que las cicatrices de estos hechos permanecerán, pero que intenta sostenerse en lo positivo de su experiencia vital.

A través de sus declaraciones y sus acciones, Gisèle Pelicot ha sostenido que la denuncia pública y la ruptura del silencio constituyen pasos fundamentales para frenar la violencia sexual y acompañar a quienes la atraviesan. Europa Press documentó que su postura y sus palabras han dejado huella en movimientos sociales y legislativos, así como en las víctimas que buscan recuperar el control sobre sus historias y su dignidad.