La fiesta del Jisk'a Anata une las costumbres del carnaval moderno y de antaño en Bolivia

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Gabriel Romano Burgoa

La Paz, 16 feb (EFE).- El Jisk’a Anata, la fiesta pequeña del carnaval boliviano, mostró este lunes la integración entre pasado y presente, al combinar danzas y ritmos ancestrales de las comunidades andinas con expresiones folclóricas contemporáneas en un desfile que recorrió el centro de La Paz.

El desfile folclórico comenzó al mediodía al son de más de seis decenas de fraternidades, que interpretaron diversos ritmos típicos con vestimentas vistosas y multicolores, acompañadas por bandas de músicos.

La exhibición musical reunió bailes del altiplano andino como el tinku, ch'utas, cueca paceña y la llamerada; con música de los valles, representada por algunas variantes de moseñada y chacarera; además de danzas de las tierras bajas bolivianas como el taquirari.

Otra característica es que el Jisk'a Anata mezcla las expresiones de las provincias aimaras de mayor data, como la tarqueada, en la que los músicos tocan un instrumento de viento rústico hecho de madera; mientras que el salay, de origen reciente en los valles, se caracteriza por ágiles zapateos y pequeños brincos de hombres y mujeres.

"Queremos representar y reanimar el (carnaval de) antaño para que no se pierda (...) tenemos que ir cultivando en la juventud que nuestras tradiciones jamás se pierdan", dijo a EFE María Antonieta Toro, quien obtuvo el título de Reina del Carnaval de Antaño del Bicentenario de Bolivia.

Toro lució un traje de la época victoriana, propio del siglo XIX, que también se usó antiguamente en Bolivia, con faldas voluminosas y blusas tipo corsé, que influyeron en la vestimenta de la chola paceña, con accesorios como abanico, bolso y tocado o velo.

"Me motiva participar en el carnaval, porque desde niña siempre quise usar estos vestidos, hasta que por fin lo hice", aseguró.

Otra inspiración de antaño es la chacarera, que proviene del siglo XIX, puesto que las mujeres lucen una falda larga hasta el tobillo, con mucho vuelo, que se sujeta con ambas manos, mientras que el varón usa sombrero de ala ancha, pañuelo y un pantalón amplio para realizar un constante zapateo con golpes de taco y punta.

También destacó el tinku, que en quechua significa encuentro, propio de la región norte del departamento de Potosí, que consiste en el combate de fuerzas opuestas representado en la pelea simulada entre bailarines.

"Participan (en el Jisk'a Anata) más de 65 fraternidades, en conjunción de danzas del departamento (de La Paz) y de Bolivia, variedad de danzas, desde lo más ancestral hasta lo más moderno", explicó a EFE el alcalde de La Paz, Iván Arias.

Parte de esa mezcla tiene que ver justamente con las figuras del pepino, una especie de arlequín andino que usa vestimenta bicolor y se caracteriza por dar brincos mientras habla con un falsete agudo, con una máscara sonriente que termina en dos o tres puntas.

Además está el ch'uta, un personaje oriundo del altiplano de La Paz cuyo origen está en la relación entre indígenas y patrones en las haciendas durante los primeros años de la fundación del país, en el siglo XIX.

En su versión urbana, el ch’uta lleva ropa ancha y sombrero, mientras que su representación rural luce un gorro típico tejido o chullo y ropa ajustada, similar a la de los toreros españoles.

A estos íconos acompaña la tradicional chola paceña, que luce polleras anchas y largas, con varias enaguas, dos trenzas, joyas y un sombrero tipo bombín, rasgos que han permanecido en el tiempo.

La mayoría de las regiones bolivianas celebran el carnaval con desfiles similares, pero la fiesta mayor del folclore de Bolivia es el Carnaval de Oruro, declarado en 2001 Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Unesco, mismo que se efectuó el sábado.

Para el martes es tradicional la celebración de la Ch’alla, en la que muchos bolivianos derraman alcohol sobre la tierra y adornan sus casas y vehículos con serpentina y globos para agradecer a la Madre Tierra por los bienes obtenidos. EFE

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