
Algunas personas en Ucrania han recurrido al uso de estufas de queroseno o métodos peligrosos como instalar tiendas de campaña dentro de sus dormitorios y encender velas en su interior con el fin de combatir el frío, según Amnistía Internacional. Estos mecanismos de supervivencia han surgido tras la pérdida mayoritaria de servicios básicos, luego de intensos ataques del Ejército de Rusia dirigidos a la infraestructura energética del país este invierno. De acuerdo con la información publicada por Amnistía Internacional, miles de ucranianos han quedado sin acceso a electricidad, calefacción y agua potable en un contexto de bajas temperaturas, lo que profundiza la vulnerabilidad de la población local.
Según detalló Amnistía Internacional este lunes, la escala y frecuencia de los ataques rusos son parte de lo que la organización describe como una “campaña de crueldad extrema contra la población civil” de Ucrania. En el informe difundido, la ONG subrayó la sistematicidad de los bombardeos, que han provocado la pérdida de más de la mitad de la capacidad de generación eléctrica en Ucrania, obligando a la población a enfrentar el invierno en condiciones de emergencia. El medio consignó que, tras el inicio de la invasión rusa a gran escala en febrero de 2022, estos ataques han afectado significativamente a los grupos más vulnerables, incluyendo personas mayores y niños, quienes enfrentan retos adicionales debido a la interrupción de servicios esenciales.
Amnistía Internacional explicó que muchos habitantes han quedado completamente aislados en sus viviendas, sin medios de comunicación, situación que agrava los riesgos para la supervivencia ante la persistencia de temperaturas extremas y la falta sostenida de recursos básicos. La organización advirtió que las experiencias de quienes permanecen atrapados en tales circunstancias posiblemente sean más graves que las documentadas, y recalcó el peligro de que algunas de estas personas no sobrevivan al invierno, tal como publicó la entidad en su comunicado.
A través de declaraciones recogidas por la organización, Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional, manifestó que “Rusia no está librando una guerra de agresión contra Ucrania: está sometiendo a toda la población civil a una campaña de crueldad extrema. La escala e intensidad de sus ataques contra una infraestructura energética vital indica claramente la estrategia de propagar la desesperación entre la población civil ucraniana y minar su moral”. La ONG insistió en que los medios tradicionales apenas logran reflejar la magnitud y el drama cotidiano de sobrevivir en condiciones precarias de energía, con ataques aéreos nocturnos que interrumpen cualquier intento de recuperación.
De acuerdo con Amnistía Internacional, desde octubre hasta enero, Rusia llevó a cabo cientos de ataques aéreos de larga distancia, con episodios diarios y nocturnos durante enero, enfocando la ofensiva en la infraestructura energética. El impacto inmediato incluyó la imposición de cortes de energía de emergencia que afectaron al 80% del territorio ucraniano. El medio replicó que, frente a estas condiciones, la ciudadanía ucraniana se ha tenido que adaptar, usando recursos improvisados y peligrosos para generar calor y luz en sus hogares, una estrategia que conlleva riesgos adicionales en materia de salud y seguridad.
Amnistía Internacional recalcó que, desde el inicio del conflicto, Rusia ha desestimado el cumplimiento de las normas del derecho internacional diseñadas para proteger a los civiles en escenarios de guerra. Según el informe difundido, existen abundantes evidencias de violaciones al Derecho Internacional, entre las que se destacan crímenes de guerra y de lesa humanidad, identificados a lo largo de la ocupación y los bombardeos continuos. Según el texto difundido, “la invasión rusa en gran escala constituye una agresión, un crimen previsto por el derecho internacional. Su estrategia y sus tácticas, que incluyen el uso continuo de armas indiscriminadas y ataques deliberados contra la población civil, han causado un sufrimiento humano generalizado y afectado gravemente a las poblaciones más vulnerables de Ucrania, como la infancia y las personas mayores”.
El texto de Amnistía Internacional subrayó que los responsables de crímenes graves deben ser conscientes de que tales actos no prescriben y que la obtención de justicia y reparación es un objetivo que tanto la ciudadanía como la organización continuarán persiguiendo. Callamard añadió: “Desde que comenzó su invasión de Ucrania, Rusia ha ignorado abiertamente el derecho internacional, incluidas las normas que protegen a la población civil en la guerra. Los responsables de crímenes atroces deben saber que estos crímenes no prescriben. Tanto en Ucrania como en otros lugares, la ciudadanía perseguirá sin descanso la verdad, la justicia y la reparación, y Amnistía Internacional la apoyará”.
El medio indicó que la escala y el patrón de los ataques aéreos rusos, identificados en el país, tienen como objetivo dañar la infraestructura energética crítica de Ucrania, afectando la vida cotidiana de millones y fomentando un ambiente de desesperanza y precariedad. La organización expuso, además, que estos ataques han tenido consecuencias directas en el acceso a recursos vitales, dificultando la supervivencia y limitando las acciones de respuesta humanitaria en las zonas más impactadas por los bombardeos.
Amnistía Internacional documentó que la población afectada ha tenido que recurrir a soluciones poco seguras, como mantener calientes ladrillos y botellas de agua, o improvisar espacios habitables dentro de sus casas para intentar combatir las bajas temperaturas. Estas condiciones, según describe la ONG, generan escenas de devastación y aislamiento, donde las necesidades básicas como la calefacción, la luz y el agua corriente no pueden asegurarse para buena parte de la ciudadanía.
La persistencia de estos ataques y la destrucción de infraestructuras críticas han generado un escenario humanitario deteriorado, descrito como “catastrófico” en el informe. Según difundió Amnistía Internacional, la continuidad de los bombardeos ha impedido el restablecimiento eficiente de los servicios, dejando a toda la sociedad ucraniana en medio de la incertidumbre sobre su seguridad y bienestar ante una nueva ola de invierno.
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