Kiko Rivera, de su tensión con Irene Rosales, a la subasta de Cantora: "No me estoy riendo"

El distanciamiento con su exmujer y las tensiones familiares se agravan mientras la finca heredada entra en proceso judicial por millonarias deudas, situación que ha generado rumores y reacciones reservadas por parte del artista ante la prensa

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La posibilidad de que la finca Cantora salga a subasta ha suscitado reacciones reservadas por parte de Kiko Rivera, quien recientemente se refirió a esta situación aclarando ante Europa Press que “no me estoy riendo”, en alusión a los rumores acerca de que podría beneficiarse económicamente de la operación. El DJ se encuentra en el centro de una polémica derivada tanto de las tensiones familiares como de los rumores sobre una oferta que le permitiría recibir 250.000 euros libres de cargas en caso de que el nuevo propietario concrete la compra, según detalló Europa Press. El futuro de Cantora está condicionado por una deuda superior a los 2.000.000 de euros, originada por el impago de la hipoteca de aproximadamente 12.000 euros mensuales correspondiente a los últimos cinco años, deuda que habría recaído sobre su madre, Isabel Pantoja, tal como dio a conocer la revista Semana.

La situación se complica al mismo tiempo en el ámbito personal de Kiko Rivera. Semana reportó que la cordialidad entre el DJ y su exmujer, Irene Rosales, de la que habían hecho gala desde su separación en agosto de 2025, ha desaparecido. El medio precisó que el distanciamiento se evidenció el pasado 30 de enero, durante el cumpleaños de la hija menor de ambos, Carlota, cuando, aunque coincidieron en la puerta del colegio, no se dirigieron la palabra. Este cambio en la relación entre los ex cónyuges resulta especialmente llamativo, ya que solo unas semanas antes habían participado juntos en la celebración del cumpleaños de su primogénita, Ana, acto al que también acudió el nuevo novio de Rosales, Guillermo.

De acuerdo con la información recogida por Semana, el detonante de este deterioro podría haber sido una conversación telefónica en la que Kiko Rivera solicitó a Irene Rosales que autorizara a Lola García, pareja actual del DJ, para recoger a las hijas comunes en el centro educativo en los días en que él no pudiera hacerlo personalmente. Según publicó el medio, Rosales se negó rotundamente a esa petición y llegó a amenazar con iniciar acciones legales antes de finalizar la llamada, lo que habría elevado el nivel de tensión y fracturado la comunicación entre ambos.

El impacto emocional, familiar y mediático de estos hechos se manifiesta tanto en la vida pública como privada de los implicados. Europa Press recogió en imágenes recientes la actitud de Kiko Rivera al ser consultado por la prensa sobre los acontecimientos; el artista se mostró impasible, limitándose a jugar con su llavero y tararear una canción eludiendo responder sobre la relación que mantiene actualmente con su exmujer o sobre el supuesto papel que la nueva pareja podría estar jugando en este distanciamiento.

Además, Semana puntualizó que la situación patrimonial de Cantora afecta directamente al entorno familiar de Rivera. La finca, muy ligada a la historia de la familia Pantoja, se enfrenta a la subasta como vía para saldar el importante endeudamiento que se ha acumulado desde hace años. El medio sugirió que, a pesar de los comentarios sobre el posible beneficio económico para el DJ, Rivera no confirmó ninguno de los rumores sobre negociaciones, ni sobre si ha visto imágenes recientes de su madre Isabel Pantoja disfrutando de su vida con Agustín Pantoja en Canarias.

El proceso judicial y la inminente subasta de la finca se dan en un momento en el que las tensiones entre los protagonistas se ven reflejadas en sus interacciones públicas. La ausencia de declaraciones directas sobre los aspectos sentimentales y financieros por parte de Kiko Rivera ha alimentado las conjeturas sobre el trasfondo real de la disputa, mientras los medios persisten en intentar obtener respuestas. El seguimiento a este caso permanece activo tanto por el interés mediático en la familia Pantoja como por el valor histórico y económico de la finca en cuestión, un patrimonio que se encuentra ahora en el centro de un entramado judicial y personal de amplia repercusión, según han consignado Semana y Europa Press.