
Durante más de una década, Carmen Guillén ha reunido testimonios y documentación inédita que muestran las consecuencias aún vivas de la represión ejercida por el Patronato de Protección a la Mujer, una institución franquista destinada a controlar y adoctrinar a mujeres consideradas "rebeldes". La historiadora subraya que estas prácticas dejaron huellas profundas en la sociedad española, persistiendo no solo como memoria, sino como elementos estructurales que reflejan una continuidad con discursos y movimientos actuales. Según señala Guillén en entrevista con Europa Press, es imprescindible analizar estas historias para evitar idealizar el franquismo y comprender el impacto que sus políticas siguen teniendo.
De acuerdo con Europa Press, Guillén desarrolla sus hallazgos en su libro “Redimir y adoctrinar. El Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985)”, editado por Crítica. En este trabajo, Guillén desmenuza el rol del Patronato como aparato estatal que, bajo la dictadura franquista, ejerció un férreo control sobre mujeres tildadas de insumisas o desafectas, aplicando sanciones como condenas sin delito, abusos, trabajos forzados y hasta el robo de bebés. La autora revela que el Patronato no se limitó al adoctrinamiento, sino que institucionalizó la violencia de género, una represión sistemática cuyo reconocimiento público ha tardado décadas en aflorar.
Según reportó Europa Press, Guillén considera que persiste una falta de reflexión entre quienes visualizan el franquismo desde una óptica idealizada, en especial entre algunos sectores juveniles. A su juicio, movimientos recientes que exaltan conceptos de “mujer tradicional” o la reaparición del discurso de las “trad wifes” constituyen ecos directos del pasado, y suponen una continuidad con los fundamentos ideológicos del franquismo. La historiadora remarca que no se trata de un simple retorno circunstancial, sino de la permanencia de valores y mecanismos represivos no desmontados tras la Transición.
Guillén identifica cuatro pilares en los que se asentaba el Patronato: trabajo y oración como vías de redención, junto con disciplina y castigo como herramientas para el adoctrinamiento. Según explicó a Europa Press, este organismo extendió la violencia institucional hacia las mujeres, convirtiendo al Estado en el ejecutor directo de violencia de género. Guillén manifestó: “El Patronato de Protección de la Mujer institucionaliza la violencia de género. El Estado es el que ejerce la violencia de género contra la población femenina. Es como en una relación de pareja: el Estado es el que ejerce esa violencia institucional hacia la mujer”.
La autora recoge testimonios de mujeres que pasaron por estos centros, quienes relataron condenas impuestas sin motivo penal, y sumaron denuncias de abusos y trabajos forzados. También aparecen relatos sobre el robo de bebés y violaciones sistemáticas de los derechos humanos, como detalla el medio Europa Press. Guillén considera que la visibilización de estos hechos resulta esencial para entender las secuelas actuales de la represión franquista, e incide en que, históricamente, la sociedad española no se hallaba preparada para abordar estas formas de violencia, privilegiando el recuerdo de cárceles, exilio y ejecuciones sobre las agresiones de índole moral o sexual, especialmente hacia las mujeres.
En el contexto de la aparición de discursos negacionistas sobre el pasado reciente de España, Guillén advierte sobre el riesgo de trivializar o desconocer las consecuencias de los mecanismos de control y castigo surgidos del franquismo. El medio Europa Press recoge la coincidencia de Guillén sobre la falta de educación como una de las causas que propician la actual idealización del régimen por parte de ciertos grupos de jóvenes. Guillén apunta que “ahora lo punky es ser franquista”, en referencia al atractivo antisistema que algunos ven en desafiar el discurso dominante sin analizar las realidades de la dictadura y las privaciones de derechos sufridas en ese periodo.
La historiadora también se refirió, según publicó Europa Press, al debate abierto en torno al ciclo Letras en Sevilla, que, bajo el título previsto de “1936: la guerra que todos perdimos”, coordinaban Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra, y que ha quedado pospuesto ante la posible presencia de manifestaciones y la renuncia de varios participantes. Guillén manifestó que no le habría interesado participar en el ciclo, pues consideraba que el título respondía a un enfoque provocador. Subrayó su diferenciación entre conceder entrevistas a medios cuya postura no comparte y el hecho de compartir un escenario con quienes sostienen discursos incómodos para ella.
El aplazamiento del ciclo Letras en Sevilla coincidió con la salida de ponentes como el coordinador federal de Izquierda Unida, Antonio Maíllo; la vicesecretaria general del PSOE-A, María Márquez, y el escritor David Uclés, quien justificó su retirada por no querer coincidir con figuras como José María Aznar o Iván Espinosa de los Monteros, exsecretario general de Vox, según consignó Europa Press.
De acuerdo con los datos recabados en “Redimir y adoctrinar”, la represión institucional hacia las mujeres en el franquismo se encuentra documentada no solo en expedientes oficiales, sino también en las memorias directas de quienes la padecieron. Guillén concluye, en palabras recogidas por Europa Press, que la violencia ejercida por el Estado sobre la población femenina a través del Patronato se asemeja en varios aspectos a patrones de abuso de autoridad y violencia de género detectados en otras esferas y periodos, sugiriendo que el legado de esas políticas sigue presente en la actualidad.
Últimas Noticias
Alcaraz, quinto español en disputar la final del Abierto de Australia
Millones de estadounidenses continuarán bajo peligrosa ola de frío este fin de semana
El técnico brasileño Mano Menezes se compromete a que Perú "vuelva a ser protagonista"
Alcaraz entrena en Rod Laver horas antes de su encuentro con Zverev
Irán reitera su disposición a firmar un acuerdo nuclear "justo y equitativo" y agradece la mediación de Turquía
