
Las observaciones recogidas por los investigadores durante seis años reflejan un patrón de expansión anual de las floraciones de microalgas rojas en la Antártida, proceso que ocurre durante el verano austral y se prolonga por periodos cada vez más extensos. Según publicó el medio CSIC, este fenómeno no se limita a pequeñas áreas, sino que afecta una superficie mucho mayor que la documentada previamente, involucrando entre un 3% y un 12% de cada isla en el archipiélago de las Shetland del Sur. Esta extensión máxima equivale a 176 kilómetros cuadrados, cifra que excede considerablemente los registros anteriores y señala una proliferación progresiva de estos microorganismos sobre la nieve y el hielo.
El medio CSIC detalló que el estudio ha sido liderado por el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (Icman-CSIC) y ha contado con la participación de la Universidad de Cádiz y la Universidad del País Vasco. La investigación se centró en el archipiélago de las islas Shetland del Sur, una región situada a aproximadamente 120 kilómetros del continente antártico y de gran importancia para la ciencia polar española, ya que en sus islas se localizan las bases antárticas Gabriel de Castilla (isla Decepción) y Juan Carlos I (isla Livingston). Según reportó CSIC, las floraciones ocurren tanto en glaciares como en las áreas de nieve costera y los casquetes polares del archipiélago.
Las microalgas responsables de este fenómeno reciben el nombre genérico de “algas rojas” y, al aumentar su concentración sobre la superficie de la nieve durante el verano, otorgan a la capa nevada una tonalidad rojiza, fenómeno conocido como “nieve rosa”. De acuerdo con CSIC, este cambio cromático no solo tiene relevancia visual, sino que incide decisivamente en la dinámica del deshielo. Alejandro Román, investigador principal del estudio en el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía, explicó que la presencia de estas algas reduce el albedo superficial, es decir, la capacidad que tiene la superficie para reflejar la radiación solar, hasta en un 20%. Esta reducción implica una mayor absorción de energía solar, lo que desencadena una aceleración en el derretimiento de nieve y hielo.
La investigación subrayó un mecanismo de retroalimentación positiva: el deshielo favorecido por las algas propicia un entorno más adecuado para su propio crecimiento, lo que refuerza la proliferación cada verano austrial. Román, según consignó CSIC, advirtió sobre la necesidad de contar con series temporales mayores y estudios adicionales para confirmar esta tendencia, aunque los datos actuales ya indican una expansión territorial y temporal de las floraciones cada verano entre 2018 y 2024.
El estudio utilizó una combinación de técnicas avanzadas para mapear la presencia de algas rojas con alta precisión. El equipo empleó datos satelitales proporcionados por Sentinel-2 y sensores hiperespectrales montados en drones. Esta estrategia permitió captar las propiedades espectrales de las floraciones a diferentes longitudes de onda y construir, por primera vez, una base de datos hiperespectral abierta sobre estas algas en la Antártida. Román señaló que la disponibilidad de esta información resulta esencial para identificar y clasificar este tipo de cobertura terrestre en imágenes obtenidas por satélite.
Para el análisis, los investigadores aplicaron técnicas de aprendizaje automático mediante análisis supervisado a 45 imágenes captadas sin nubosidad, cubriendo la totalidad del archipiélago de las islas Shetland del Sur. Según explicó CSIC, este uso de inteligencia artificial hizo posible un cartografiado detallado y sin precedentes de la distribución espacial de las algas rojas, demostrando que no se trata de eventos locales limitados, sino de procesos de gran escala con el potencial de impactar el equilibrio energético y los patrones de deshielo en las zonas costeras del continente blanco.
El trabajo, cuyos resultados se publicaron en la revista 'Communications Earth & Environment', ofrece herramientas para el seguimiento continuo de estos fenómenos mediante sistemas de observación remota e inteligencia artificial, señaló CSIC. Román destacó el valor de estos avances para entender el papel de las algas rojas en los ciclos de deshielo y la respuesta de la Antártida al calentamiento global.
Finalmente, los datos que aporta esta investigación permiten a la comunidad científica monitorear con mayor precisión la evolución de los ecosistemas polares y evaluar el impacto de los microorganismos sobre la estabilidad del hielo antártico. El trabajo establece una base para el desarrollo futuro de sistemas automáticos que, a través de la teledetección, puedan seguir la evolución de las floraciones y su influencia en los procesos ecológicos y climáticos de una de las regiones más sensibles del planeta, según manifestó el CSIC.
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