Judíos iraníes en Israel siguen poniendo esperanzas en las protestas de su país de origen

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Yael Ben Horin

Tel Aviv, 22 ene (EFE).- El sofoco de las protestas multitudinarias en Irán y la amenaza de un ataque en suelo israelí en respuesta a una potencial operación militar estadounidense ocupan los titulares israelíes, pero la comunidad de judíos iraníes, cuyo número conforma alrededor del 2,5 % de la población de Israel, sigue depositando esperanzas en que el régimen sea derrocado.

"Lo cierto es que esta vez la esperanza está por los cielos. Hemos recibido muchos vídeos (de las protestas), no solo los que aparecen en las redes, y realmente parecía que (la caída del régimen iraní) estaba sucediendo", dice a EFE Avi Janasab mientras atiende la parrilla y los guisos del restaurante de comida persa que regenta junto a sus padres en Tel Aviv.

Su familia abrió el local 26 años atrás, décadas después de inmigrar y sumarse a la comunidad israelí de judíos iraníes, que se estima en unas 250.000 personas. La mayoría de ellas huyeron del país asiático tras la instauración de la República Islámica en 1979.

"Tenemos familia allí, sí, y nos preocupamos por ellos. Esperamos que todo esté bien. No hemos tenido contacto en las últimas semanas", explica Avi en referencia a los cortes masivos de internet que llevó a cabo Irán para frenar las protestas.

 Antes de 1979, se estima que había unos 100.000 judíos en Irán. Hoy, expertos como Lior Sternfeld, profesor asociado de Historia y Estudios Judíos en la Universidad Estatal de Pensilvania, creen que la cifra total comprende unos 15.000, principalmente repartidos entre las ciudades de Teherán, Isfahán y Shiraz.

"Te diré algo. No hay ningún lugar como Persia (Irán), especialmente Isfahán", dice a EFE Moluk Janasab, madre de Avi, quien aún tiene presentes los juegos infantiles en la nieve de la ciudad iraní, una de las que Israel bombardeó durante la guerra que mantuvo con la República Islámica en junio de 2025.

Moluk se mudó a Israel junto a su marido en 1964, cuando ambos países todavía mantenían lazos comerciales y la vida cultural era semejante. Los Janasab siguieron asustados la transformación de su país de origen tras el éxito de la Revolución Islámica 11 años después, a la par que mantuvieron sus costumbres, su cocina y su idioma.

"Todavía hablamos persa en casa y mis hijos también lo entienden. Si Dios quiere, también lo hablarán", dice Avi, que interrumpe la conversación para dirigirse en esa lengua a sus padres, quienes le ayudan a preparar un catering para un evento privado.

"Mira, 'joresh sabzi' el plato estrella de la comida persa. Es un estofado hecho con siete tipos de hierbas", muestra orgulloso. Su restaurante se especializa además en 'gondi nojodi', albóndigas de pollo y harina de garbanzo típicas de la cocina judeopersa y en los famosos 'shish kebab' o brochetas cocinadas a la parrilla. Platos que, dice, gustan mucho en Israel.

Pese a las hostilidades entre ambos gobiernos, el clima en las calles es de apreciación y solidaridad hacia la población iraní, aseguran los Janasab.

No es la primera vez; en 2022, decenas de mujeres se manifestaron en Jerusalén en solidaridad con la que fue la mayor ola de protestas del último lustro en Irán hasta las de este enero. En Tel Aviv, el ayuntamiento mostró su apoyo iluminando su fachada con los colores de la bandera de la monarquía persa.

Las colaboraciones culturales israelí-iraníes están además en auge, como lo demuestran proyectos como la película "Tatami" (2023), un thriller político codirigido por Zar Amir Ebrahimi y Guy Nattiv, iraní e israelí respectivamente.

Otras películas, como el documental "Antes de la Revolución" (2013) y la comedia "Falafel Atómico" (2015), exploran historias compartidas o conexiones culturales, centrándose a menudo en el desplazamiento, la identidad y la tensión política entre ambas naciones.

Esta cercanía contrasta con el miedo que despierta un posible ataque iraní en Israel, algo que la mayoría de los israelíes considera inminente.

"Todo esto causa una sensación extraña", reflexiona Avi Jarasab. "Soy ante todo judío e israelí, y lo que más me preocupa es la gente de aquí. Pero lo cierto es que tememos muchísimo por los judíos en Irán. Porque nosotros al menos tenemos protección".

Sin embargo, el miedo a los misiles no disipa su optimismo. Y es que los Jarasab ("como la mayoría de judíos iraníes", afirman) se niegan a renunciar a la esperanza.

"Mi esposa y yo hablamos y me dijo: 'Avi, si abren (las fronteras de Irán a los israelíes) ¿iremos?'. Y le dije: 'Obviamente. Cogeremos un avión para ver dónde crecieron nuestros padres, la casa de nuestros abuelos, ir a sinagogas, al bazar de Isfahán, del que solo he oído hablar bien, al (puente) Si-o-se Pol... ¡Ojalá se haga realidad!". EFE

(vídeo) (foto)