La melatonina podría reducir la mortalidad en pacientes críticos con COVID-19, según un estudio

Investigadores españoles observaron que personas con cuadros graves por coronavirus quienes recibieron altas dosis de este suplemento experimentaron menor riesgo de muerte y complicaciones serias, según resultados publicados en una revista médica internacional especializada

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El análisis final del estudio reveló que la mortalidad a los 90 días descendió al 20,8 por ciento entre quienes recibieron melatonina, comparado con el 36,1 por ciento en el conjunto de pacientes que no recibió este suplemento. De acuerdo con el medio Journal of Medical Virology, esta diferencia significativa se mantuvo incluso al considerar factores como la carga asistencial de las unidades de cuidados intensivos (UCI) y otros parámetros clínicos importantes. La publicación señala que los pacientes tratados con melatonina también mostraron una evolución más favorable del fallo orgánico desde los primeros días de su ingreso, además de enfrentar menos complicaciones graves durante su estancia hospitalaria.

El grupo de investigación del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Clínico San Carlos de Madrid diseñó un estudio abierto y cuasi experimental, según detalla Journal of Medical Virology. El equipo incluyó a 335 personas hospitalizadas por COVID-19 grave en la UCI entre marzo de 2020 y abril de 2021. Todos los participantes fueron distribuidos en cuatro periodos consecutivos. Durante cada ciclo, se alternó el tratamiento estándar —empleado en ese momento para la pandemia— con la administración adicional de melatonina en dosis altas (50, 100 o 200 miligramos al día, suministrados a las 21:00 horas).

Miguel Sánchez, investigador principal del estudio y académico de número de Medicina Intensiva de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME), explicó al medio que la introducción de nuevos fármacos, como corticoesteroides y antivirales, así como modificaciones en el manejo respiratorio y otros aspectos clínicos, motivaron una pausa en la administración de melatonina para comprobar si las mejoras observadas podían deberse a estos cambios en lugar del suplemento. Durante esa interrupción, los siguientes 93 pacientes tratados con el protocolo estándar pero sin melatonina, adquirieron de nuevo tasas de mortalidad elevadas, en torno al 34 por ciento.

Tras detectar este repunte, los investigadores incorporaron una cuarta etapa en la que volvieron a suministrar melatonina, esta vez a una dosis fija de 100 miligramos al día, en 40 pacientes adicionales. Registraron de nuevo una disminución relevante en la mortalidad, según amplió Sánchez en declaraciones a Journal of Medical Virology.

Según documentó el medio, el efecto de la melatonina no solo se reflejó en las cifras de mortalidad sino también en el desarrollo de otros problemas graves asociados al coronavirus. Los pacientes sometidos al tratamiento experimentaron una menor frecuencia de infecciones nosocomiales, incluyendo una reducción de la neumonía relacionada con la ventilación mecánica, menor necesidad de intubación, menor incidencia de barotrauma pulmonar y menos eventos adversos graves a nivel general. Además, el número de días con necesidad de soporte respiratorio fue inferior en quienes recibieron melatonina, así como la cantidad de días de estancia tanto en la UCI como en el hospital.

El fundamento inicial de este trabajo, tal como recuerda Journal of Medical Virology, deriva de observaciones previas que relacionan la melatonina con posibles beneficios en el tratamiento de infecciones intensas y procesos inflamatorios graves. No obstante, hasta el comienzo de la pandemia por coronavirus, la evidencia sobre sus efectos en pacientes críticos era escasa.

El propio Sánchez indicó al medio que los hallazgos plantean la posibilidad de evaluar el uso de la melatonina más allá de la COVID-19. El investigador proyectó realizar un ensayo doble ciego, aleatorizado y multicéntrico que compare el uso del suplemento frente a placebo en otras patologías con mecanismos fisiopatológicos cercanos. Entre ellas mencionó el shock séptico, la parada cardiaca reanimada —por la liberación de radicales libres tras restablecerse la circulación sanguínea—, y el accidente cerebrovascular isquémico o hemorrágico, en atención a los potenciales efectos neuroprotectores de la melatonina.

El contexto en que se llevó a cabo esta investigación estuvo marcado por la ausencia de alternativas terapéuticas eficaces para los casos más graves de COVID-19, especialmente en las primeras fases de la pandemia. En ese escenario, la mortalidad de los pacientes ingresados en las UCI alcanzaba porcentajes altos y los tratamientos disponibles eran limitados en su capacidad de modificar la evolución clínica. Según relató Sánchez en sus declaraciones recogidas por Journal of Medical Virology, el diseño del estudio respondió a esa circunstancia y buscó identificar opciones seguras y accesibles que pudieran tener un impacto clínico relevante.

El estudio, finalmente, sitúa a la melatonina como una posibilidad para reducir complicaciones y mortalidad en pacientes con COVID-19 severa y abre una vía de investigación para futuras emergencias sanitarias relacionadas con procesos inflamatorios sistémicos y estrés oxidativo, según consigna Journal of Medical Virology.