Durante un encuentro organizado por el Consejo Asesor de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA), varios especialistas pusieron de relieve cómo el entorno de las habitaciones compartidas en los hospitales dificulta el acompañamiento y la privacidad en los momentos finales de vida, así como el impacto emocional que esto genera tanto para pacientes como para familiares y personal sanitario. Según informó SEDISA, la necesidad de un abordaje humano y organizado de la muerte en el ámbito hospitalario sigue siendo un desafío que muchas instituciones todavía no han resuelto de manera homogénea, lo que deriva en situaciones de atención dispares que dependen en exceso de la sensibilidad individual de cada profesional.
El presidente del Consejo Asesor de SEDISA, Mariano Guerrero, defendió públicamente la urgencia de establecer procedimientos claros integrados en los programas de calidad de las organizaciones sanitarias, con el objetivo de asegurar un final de vida digno y respetuoso en los hospitales. De acuerdo con las declaraciones recogidas por SEDISA, Guerrero señaló la necesidad de acompañar emocionalmente tanto al paciente como a su familia y al propio equipo sanitario en estos momentos críticos, incluso cuando el ingreso se produce en habitaciones múltiples y sin privacidad. “Mi preocupación, como médico y como gestor, es que estas situaciones sigan dependiendo en exceso de la sensibilidad individual del profesional y no de procedimientos claros integrados en los programas de calidad de las organizaciones sanitarias”, manifestó Guerrero, quien también hizo un llamamiento directo a los responsables institucionales para que asuman el liderazgo y la regulación efectiva en este ámbito.
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Reportó SEDISA que los participantes en el encuentro consensuaron que el proceso de garantizar una muerte digna no debe quedar solo en el plano clínico o ético, sino que exige un enfoque integral desde la organización hospitalaria y desde la gestión institucional. Guerrero enfatizó que los directivos de la salud han de reflexionar de manera autocrítica sobre las prácticas implementadas para que el final de la vida en el hospital se ajuste a los valores de los pacientes y asegure el máximo bienestar posible. Sostuvo que, así como se protocolizan procedimientos médicos complejos, los hospitales también pueden y deben establecer “protocolos claros, realistas y humanizadores” adaptados a los momentos finales de la vida.
Entre las propuestas que mencionó SEDISA durante el evento se recogen la implantación de estándares en la comunicación de malas noticias, protocolos específicos de acompañamiento y atención terminal, presencia de espacios con la privacidad suficiente para despedidas y procesos de duelo, una coordinación efectiva entre los diferentes servicios hospitalarios para evitar decisiones médicas contradictorias, y una formación estructurada para el personal sanitario en sensibilización emocional y trato humanizado.
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Sobre la complejidad que supone morir en un entorno compartido, el profesor Rafael Pacheco, especialista en Ética y Medicina Legal, describió la relevancia simbólica y cultural del final de la vida, señalando que la muerte implica no solo un acontecimiento biológico, sino un hecho que estructura la condición humana. Pacheco expuso que la reacción del entorno hospitalario frente al fallecimiento, como la paralización de la actividad habitual e incluso la ocultación del cadáver, expone el tabú social vinculado a la muerte y las dificultades para afrontarla abiertamente dentro de las instituciones, según trasladó SEDISA.
Durante el debate, Juan José Rodríguez, miembro de la Comisión de Ética y Deontología de la Organización Médica Colegial, intervino al subrayar que el concepto de una “buena muerte” o el “bien morir” no resulta aplicable, ya que “morir nunca será bueno. Lo que sí podemos es hacer las cosas bien, mal o regular”. Tal como detalló SEDISA, Rodríguez defendió que el sufrimiento que experimentan los pacientes al final de la vida presenta una doble dimensión: física y moral, y pidió atención prioritaria a esta última mediante mejoras organizativas y un enfoque centrado en el respeto a la autonomía de los pacientes.
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Rodríguez argumentó la importancia de que las convicciones de los profesionales médicos no simplacen las decisiones de los pacientes, ya que el respeto a la dignidad debe prevalecer hasta el último momento. Según publicó SEDISA, abogó además por que la sedación paliativa se aplique en todos los casos que sean necesarios, recordando que existen situaciones donde se ha retirado esta práctica por criterios subjetivos de algunos profesionales, acción que, según su criterio, representa una “mala práctica médica”.
A lo largo del encuentro virtual, los expertos concluyeron que garantizar el acompañamiento emocional, la privacidad, la coherencia en la toma de decisiones médicas y la formación específica del personal constituyen desafíos prioritarios para que el final de la vida se desarrolle de manera digna. Según reflejó el medio SEDISA, la implantación de protocolos claramente definidos y humanizadores será la vía para que la atención hospitalaria durante la etapa final de la vida priorice el respeto y la autonomía de los pacientes, evitando que estos momentos críticos dependan únicamente de la apreciación individual de los profesionales implicados.
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