
Brasil cuenta con una de las mayores reservas de tierras raras del planeta, alcanzando los 21 millones de toneladas métricas, situándose detrás únicamente de China y Vietnam, aunque su producción durante 2023 fue de apenas 80 toneladas. Esta riqueza en recursos estratégicos incrementa la preocupación de las autoridades brasileñas debido a las recientes acciones de Estados Unidos en Sudamérica, particularmente tras la acción militar estadounidense en Venezuela. El Gobierno brasileño teme que la misma lógica utilizada para intervenir en ese país pudiera replicarse en eventuales disputas por recursos brasileños. Así lo detalló el portal G1, que recogió la inquietud de un asesor presidencial que prefirió el anonimato.
De acuerdo con G1, el Ejecutivo brasileño considera que la intervención militar estadounidense, que resultó en la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores durante la noche del pasado sábado en Caracas, marca un acontecimiento inédito en la región desde el siglo pasado. El análisis en el Palacio del Planalto subraya la ausencia de justificación legal para este empleo de la fuerza armada con objetivos políticos en Sudamérica, situación que despierta temores respecto a la creación de un precedente peligroso para la estabilidad regional.
El citado asesor presidencial sostuvo ante G1 que la preocupación se centra en la utilización de la fuerza para impulsar intereses políticos, e hizo referencia explícita a las motivaciones expresadas por el presidente estadounidense Donald Trump relacionadas con el control de recursos estratégicos. Según resaltó el propio funcionario, "Hoy es el petróleo, mañana puede ser el uranio, los minerales estratégicos. Eso es lo que asusta", destacando la inquietud sobre la posible expansión de los objetivos estadounidenses hacia otros activos valiosos del continente.
El medio G1 también informó que, en el contexto de las disputas comerciales entre las potencias, Trump propuso una reducción de aranceles para obtener acceso a recursos brasileños. Este hecho, combinado con presiones anteriores sobre otros países, refuerza el temor en Brasil sobre el futuro de sus bienes estratégicos. Antecedentes citados incluyen la presión de Washington sobre Ucrania para controlar sus tierras raras a cambio de apoyo, así como las últimas demandas estadounidenses respecto al petróleo venezolano, que Trump ha afirmado que fue "robado" a las industrias norteamericanas, publicó el medio brasileño.
El Gobierno brasileño ha destacado que su posición no responde al respaldo personal a Nicolás Maduro, sino a la defensa del principio de soberanía e integridad territorial de los Estados y a la preocupación por las consecuencias que estos hechos puedan tener en el equilibrio sudamericano. Fuentes citadas por G1 puntualizaron que "No se trata de defender a Maduro, se trata de la soberanía de los pueblos y de la estabilidad de la región". La importancia de esta visión resulta aún mayor considerando la interacción previa entre los gobiernos de Brasil y Venezuela, quienes han sostenido una relación aliada en los últimos años, aunque el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y otros mandatarios de la región, como el colombiano Gustavo Petro, han cuestionado la legitimidad de los recientes procesos electorales en Venezuela.
En el ámbito político interno, el ejecutivo brasileño no descarta que Estados Unidos pueda intervenir indirectamente en sus propias elecciones programadas para octubre de 2026. En ese proceso se prevé que Lula busque un nuevo mandato, durante un ciclo político marcado por la ausencia de fuerzas conservadoras de gran peso tras la detención del expresidente Jair Bolsonaro, acusado de orquestar un intento de golpe de Estado. G1 relató que existe la inquietud de que los intereses de Washington puedan influir en los comicios brasileños, siguiendo el patrón observado en Honduras, donde Trump dio su apoyo público a un candidato en las presidenciales, y en Argentina, donde la ayuda económica estadounidense pareció supeditarse al triunfo de la fuerza política liderada por el presidente Javier Milei.
Funcionarios brasileños refrendaron ante G1 que la respuesta del Gobierno será actuar con prudencia y discreción, observando la evolución de los intereses de la administración Trump en la región. "Él no está interesado en la democracia. Le interesa cómo hacer negocios, de hacer buenos negocios y de eso dependerán las próximas acciones en otros lugares", consignaron las fuentes consultadas.
Las inquietudes del Ejecutivo brasileño surgen en un contexto regional especialmente sensible, donde la utilización de la fuerza para modificar liderazgos políticos y obtener acceso a recursos estratégicos genera incertidumbre acerca de la posibilidad de réplica de estas acciones en otros países sudamericanos. Según lo publicado por G1, la acción en Venezuela constituye un hecho que, a ojos de las autoridades brasileñas, podría abrir la puerta a nuevos episodios de injerencia, tanto sobre materias primas como sobre procesos democráticos, afectando así la estabilidad política y económica de la región.
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