
El análisis de las intervenciones más complejas en las que ha participado el Grup Especial d’Intervenció (GEI) de los Mossos d’Esquadra revela la evolución en los métodos y desafíos que enfrentan las fuerzas policiales catalanas ante la creciente sofisticación de los grupos criminales. Según publicó Europa Press, el jefe de esta unidad indicó que el incremento de armas de fuego en plantaciones ilegales de marihuana y otros entornos delictivos se traduce en una mayor amenaza no solo para los agentes, sino también para la sociedad.
El responsable del GEI, durante una entrevista concedida a Europa Press en el Complex Central Egara, en Sabadell, detalló que en 2024 la unidad ha duplicado el número de actuaciones respecto al año anterior, pasando de 90 a 185 intervenciones. De estas actuaciones, un 45% correspondió a operaciones catalogadas como de alto riesgo, como entradas y registros domiciliarios o detenciones; el 37% tuvo lugar durante la protección de actos públicos y operaciones de carácter preventivo; mientras que un 8% consistió en el traslado y la custodia de personas consideradas de especial importancia para investigaciones o la seguridad.
En estas operaciones, según informó Europa Press, las organizaciones criminales dedican recursos significativos a blindar sus espacios para repeler tanto a bandas rivales como a los cuerpos de seguridad. La presencia de armas y sistemas defensivos se ha convertido en una constante durante los registros, y el jefe del GEI señaló que el escenario actual muestra un cambio sustancial, con bandas que, en ocasiones, han llegado a abrir fuego al confundir a la policía con grupos antagónicos. “La amenaza cada vez es más grande”, afirmó el jefe de la unidad, reflejando la alarma ante el aumento de riesgos tanto para agentes policiales como para la ciudadanía.
La intervención del GEI se limita a aquellas situaciones en las que el perfil operativo sugiere, con alta probabilidad, la existencia de armas de fuego. Según las explicaciones del jefe de la unidad a Europa Press, esta medida forma parte del criterio de especialización y responde al elevado nivel de peligrosidad al que se enfrentan en este tipo de escenarios. El denominado “juego a tres bandas” —en el que los criminales arman y preparan sus inmuebles para repeler ataques de rivales o responder a irrupciones policiales— ha derivado en incidentes recurrentes en los que los agentes son atacados ante la confusión con otros delincuentes.
El repaso histórico ofrecido para Europa Press muestra que el GEI surgió en 1990, inicialmente enfocado en reforzar la seguridad previa a los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992. El jefe actual, quien integró el grupo en 1994, relató que la unidad disponía entonces de equipamiento y tecnología básicos. El avance de las redes criminales, tanto en medios como en organización, forzó una modernización progresiva de la unidad, que ahora opera con drones tácticos, equipos hidráulicos para aperturas, cámaras térmicas, visores nocturnos, sistemas ópticos avanzados, y desarrolla proyectos para incorporar cámaras personales y perros adiestrados en rescate y seguridad.
Europa Press subrayó que el proceso de actualización de tecnología y recursos recae en un equipo interno de instructores, encargados de evaluar e implementar las últimas innovaciones del ámbito policial y de seguridad. El GEI actúa en coordinación constante con otras divisiones especializadas de los Mossos d’Esquadra, como la Unidad Canina, TEDAX para intervenciones con explosivos, la Brigada Móvil (Brimo), el Àrea Regional de Recursos Operativos (ARRO), la sección de drones y el área de medios aéreos. Según expuso el jefe del GEI a Europa Press, la colaboración y sinergia entre unidades asegura intervenciones más seguras y eficaces.
Al describir los protocolos de actuación durante las intervenciones de máximo peligro, el jefe de la unidad precisó a Europa Press que la neutralización de la amenaza es el objetivo central. Este proceso implica garantizar la seguridad del entorno y restringir el uso de la fuerza exclusivamente a circunstancias donde resulta inevitable. Cuando las condiciones lo permiten, los responsables evalúan el escenario e intentan explorar alternativas como la negociación, con la intención de evitar enfrentamientos armados. Como enfatizó el jefe del GEI: “Nosotros no matamos, no es nuestra voluntad. Lo que queremos es neutralizar la amenaza, asegurar la zona y poder garantizar la seguridad del entorno”.
Entre las actuaciones consideradas emblemáticas destacan el operativo contra el llamado “Pistolero de Tarragona”, donde un sospechoso atrincherado abrió fuego contra los Mossos, causando heridas a varios agentes. Según recogió Europa Press, este episodio marcó el primer enfrentamiento armado de tales dimensiones para la unidad. También figuran en la memoria operativa del equipo los asedios de Les Lloses y Calldetenes en 2023, así como la persecución y captura de dos reclusos fugados de la prisión de Ponent en 2001, quienes cometieron un homicidio, una violación y dispararon contra un agente en formación, dejándolo con parálisis.
Tras cada intervención de alta complejidad, la unidad realiza un exhaustivo análisis posterior conocido como APO, dirigido a revisar procedimientos, reforzar el acompañamiento psicológico a los agentes involucrados y actualizar el aprendizaje operativo. Según explicó el jefe del GEI a Europa Press, este proceso es fundamental para mantener el nivel de eficacia y preparación en futuras intervenciones.
En la comparación con otras unidades de élite de ámbito nacional e internacional, como el Grupo Especial de Operaciones (GEO) de la Policía Nacional o el GSG9 alemán, el jefe del GEI aseguró a Europa Press que la labor de su grupo es similar en función, aunque reconoció que las unidades nacionales generalmente cuentan con más recursos debido al mayor ámbito de actuación. Aun así, apuntó que la profesionalización del GEI sitúa al grupo como punto de referencia, y métodos desarrollados en Cataluña han cautivado la atención de fuerzas policiales de otros países durante encuentros y formaciones conjuntas.
El componente humano también ocupa un lugar destacado en el funcionamiento del GEI. Según describió su responsable a Europa Press, la sincronización operativa y la afinidad personal entre los 48 miembros del equipo constituyen un pilar esencial para el óptimo desarrollo de las misiones encomendadas. Los agentes mantienen no solo una alta cohesión profesional, sino que comparten rutinas y espacios cotidianos, lo que contribuye a fortalecer su capacidad de respuesta ante los desafíos operativos diarios.
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