
Durante una conferencia de prensa posterior a su retiro, German Giltman, coronel que formó parte del Ejército de Israel, enfatizó su negativa a participar nuevamente en una institución cuya estructura considerara alejada de principios democráticos, criticando abiertamente la presión que, según su visión, ejercen los líderes políticos sobre los militares. Esta declaración tuvo lugar en el contexto de la reciente decisión del ministro de Defensa, Israel Katz, quien vetó la candidatura de Giltman a un puesto relevante en las Fuerzas Terrestres del Ejército, en medio del conflicto entre la cúpula militar y el mando civil israelí. Según Europa Press, la postura de Katz ha desatado un nuevo capítulo de tensión entre el propio ministro y Eyal Zamir, jefe del Estado Mayor del Ejército, en torno a los procedimientos para la promoción y el perfil de los altos cargos.
De acuerdo con Europa Press, la negativa de Katz a aceptar la lista completa de ascensos propuesta por Zamir afecta a unos 40 oficiales de alto rango e introduce nuevas restricciones para futuras designaciones. El rechazo se centró especialmente en el caso de Giltman, exmilitar vinculado al colectivo Hermanos en Armas, una agrupación que adquirió relevancia en la escena pública gracias a su activismo político y su oposición a determinadas políticas del gobierno de Benjamin Netanyahu. El medio detalló que Katz comunicó directamente a Zamir que no permitirá incorporaciones de individuos cuyas posturas, en sus palabras, "prediquen la no violencia" y que perjudiquen la cohesión y la disciplina dentro de la fuerza.
Giltman, cuya trayectoria pública estuvo marcada por su implicación en actos y protestas promovidos por Hermanos en Armas, se retiró del servicio militar en 2022. El colectivo al que pertenece engloba a reservistas y veteranos que expresaron desacuerdo con la dirección actual del Ejecutivo israelí y su manejo de temas sociales como las propuestas para convocar nuevas elecciones y la extensión del servicio militar obligatorio a sectores tradicionalmente exentos, como la comunidad ultraortodoxa. Europa Press especificó que una de las principales causas del enfrentamiento entre Katz y Zamir es la reincorporación de figuras como Giltman al entorno de toma de decisiones en el Ejército.
Durante su comparecencia pública tras dejar el ejército, Giltman sostuvo: "No estoy dispuesto a servir en un lugar que no es una democracia", según recogió Europa Press, y añadió que el dilema moral generado por el entorno gubernamental ha puesto bajo presión los valores fundamentales de la institución. Esta visión recibió una respuesta contundente desde el Ministerio de Defensa, donde Katz declaró que “quienes prediquen y alienten el incumplimiento no servirán en las Fuerzas de Defensa de Israel y no serán ascendidos a ningún puesto”.
La intervención directa de Katz en los procesos adicionales de selección y ascensos, reveló Europa Press, implica que a partir de este episodio todas las promociones quedarán sometidas a su aprobación personal, estableciéndose como criterio indispensable la lealtad institucional y el alineamiento con las directrices del Ejecutivo. La decisión aumenta el escrutinio sobre los candidatos a ocupar posiciones clave y refuerza la exigencia de acatar las órdenes emanadas desde instancias civiles.
Según consignó Europa Press, el trasfondo del conflicto gira en torno al debate sobre los límites de la disidencia y la autonomía que corresponde a los altos mandos militares dentro de un ejército cuya función central se entrecruza con la identidad nacional israelí. Las diferencias sobre la extensión de la expresión política en el ámbito castrense multiplican las presiones sobre el equipo de Zamir y reavivan discusiones sobre la independencia de la institución respecto a las contingencias políticas.
El propio Katz, según publicó Europa Press, comunicó abiertamente que ningún ascenso ni nombramiento avanzará sin su revisión y que la obediencia estricta al gobierno será un requerimiento ineludible. La dirección actual de las Fuerzas de Defensa de Israel enfrenta, en consecuencia, un dilema central acerca de cómo gestionar la lealtad al Estado y el margen para el disenso en tiempos de polarización.
A raíz de este episodio, la opinión pública nacional observa intensamente la evolución de las relaciones entre el liderazgo militar y los responsables civiles, en particular en lo que respecta a la autonomía de la cúpula militar y la integridad de los mecanismos democráticos en la toma de decisiones. Europa Press remarcó que la aparición de agrupaciones como Hermanos en Armas y la incorporación o ascenso de sus miembros continúa generando controversias que inciden en la percepción de independencia y cohesión dentro de la estructura armada.
La decisión de Katz, subrayó Europa Press, constituye un mensaje hacia todos los cuadros del Ejército y hacia la sociedad, delimitando la frontera entre el derecho a la disidencia y la exigencia de la disciplina y el respeto a las órdenes. Las futuras elecciones de promociones estarán condicionadas a la capacidad de los candidatos para demostrar su adhesión a los principios y políticas definidas por el poder civil.
El escenario resultante de estas tensiones internas refleja tanto los retos actuales para la disciplina y el mando al interior de las Fuerzas de Defensa de Israel, como las interrogantes emergentes respecto al equilibrio entre el control civil y la independencia militar. El seguimiento que Katz mantiene sobre el proceso se convierte, según Europa Press, en una herramienta para reconfigurar los mecanismos de supervisión y control institucionales, al tiempo que los debates sobre el papel del Ejército en la vida política nacional se intensifican.