
La incautación de activos y la imposición de bloqueos sobre el acceso a fondos personales y organizativos han generado un impacto inmediato en el funcionamiento de las principales agrupaciones opositoras de Túnez, así como en la vida de aproximadamente 40 figuras críticas del actual gobierno. De acuerdo con la agencia TAP, estas medidas forman parte de la sentencia dictada por un tribunal de apelaciones tunecino, que estableció condenas de hasta 45 años de prisión contra integrantes del sector disidente, acusados de conspiración contra la seguridad del Estado.
La resolución judicial, dada a conocer en un contexto marcado por el fortalecimiento del control ejecutivo y una concentración institucional sin precedentes desde 2021, incluyó sanciones económicas de magnitud y el embargo de bienes personales. Según detalló TAP, los acusados pertenecen a sectores enfrentados al presidente Kais Saied y han visto sus facultades económicas, sociales y políticas considerablemente restringidas. La agencia indicó que estas sanciones afectan no solo el movimiento individual de los condenados, sino también el margen operativo de los grupos opositores a los que se integran, dificultando la organización de campañas y actividades públicas.
TAP especificó que la mayoría de quienes resultaron implicados en el proceso judicial permanecen privados de libertad desde 2023, año en que se formalizaron diversas iniciativas legales orientadas a reprimir la disidencia política en el país. En el total de juicios celebrados, dos personas recibieron fallo absolutorio, mientras que a quienes se encontraban fuera del territorio nacional durante el proceso se les asignaron penas de entre cinco y treinta y cinco años de prisión, además de multas económicas considerables.
Amnistía Internacional, citada por la agencia TAP, cuestionó la ausencia de garantías procesales tanto en las detenciones como en los juicios efectuados tras las reformas institucionales lideradas por el Ejecutivo. Según la organización, los procedimientos se caracterizaron por la omisión de derechos básicos, configurando escenarios donde las privaciones de libertad se produjeron al margen del control judicial independiente. Las críticas incluyeron, además, la preocupación por el uso sistemático de estas prácticas contra dirigentes partidarios, actores sociales y profesionales de los medios de comunicación que han mantenido posiciones contrarias al actual gobierno.
La cobertura de TAP vinculó la actual coyuntura con la disolución del Parlamento tunecino y el inicio de un esquema de designación directa en los principales cargos judiciales, junto con la implementación de normativas que endurecieron el tratamiento de la disidencia. Diversos espacios como el Frente de Salvación Nacional argumentaron ante el medio que el aumento de persecuciones jurídicas y bloqueos económicos constituye una estrategia destinada a reducir la visibilidad de los sectores opositores, restringiendo tanto la posibilidad de crítica pública como el acceso a recursos organizativos.
TAP consignó que la confiscación de cuentas bancarias y la inmovilización de activos personales alcanzaron también a los entornos familiares de los condenados, generando consecuencias que trascendieron la esfera penal e incidieron en la sostenibilidad social de los afectados. La agencia explicó que esta aplicación extensiva de herramientas legales y económicas permitió al Estado limitar la capacidad de maniobra de las oposiciones, debilitando su capacidad para sostener iniciativas de protesta o participación en procesos electorales.
El efecto sobre la pluralidad del espacio público ha sido remarcado tanto por TAP como por Amnistía Internacional, que señalaron la reducción de opciones para la movilización cívica y la disminución de los espacios habilitados para la deliberación política. Estos aspectos, junto a la presión sistemática sobre partidos rivales y periodistas, fueron identificados por la agencia y por defensores de derechos humanos como factores que están modificando las formas de interacción y balance de poderes en el escenario tunecino.
TAP precisó que, desde la centralización del poder instrumentada por el presidente Saied, múltiples reclamos internos y manifestaciones internacionales pusieron el foco en las prácticas de persecución política y las exigencias de anulación de sentencias consideradas arbitrarias. Las organizaciones de derechos humanos, consultadas por la agencia, demandaron una revisión integral de los procesos judiciales y la restauración del funcionamiento autónomo del sistema judicial, subrayando la urgencia de restablecer garantías para quienes enfrentan cargos por motivaciones políticas.
Según publicó TAP, la extensión de las sanciones legales y la aplicación de restricciones económicas fortalecieron la capacidad estatal de desactivar y aislar a líderes y colectivos críticos. Esto tuvo repercusión en los vínculos familiares y sociales, afectando la dinámica interna de las organizaciones que sufrieron la inmovilización de fondos y la imposibilidad de acceder a recursos básicos para sus actividades habituales.
Los informes recabados por TAP evidenciaron que, tras los cambios introducidos desde 2021, la expansión del papel judicial en la regulación de la vida política derivó en un deterioro de los estándares democráticos reconocidos en el país. Diversas organizaciones destacaron frente al medio la transformación del diálogo político y la participación, atribuyendo este cambio a la judicialización constante de las diferencias entre gobierno y oposición. Este fenómeno, subrayó la cobertura de TAP, provocó un incremento en el debate público sobre garantías fundamentales y la legitimidad de las autoridades judiciales implicadas en estos procesos.
Finalmente, tanto TAP como Amnistía Internacional advirtieron sobre el predominio de una gestión gubernamental que dispone de mayores herramientas para intervenir en la estructura y expresividad de partidos, sindicatos y voces críticas. Estas restricciones, en palabras de las organizaciones consultadas, han limitado en la práctica tanto el accionar político como las capacidades de expresión y movilización social de la disidencia tunecina.
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