
Tras la declaración del Ministerio de Sanidad de Líbano sobre el traslado continuo de heridos a hospitales cercanos, la situación en el campamento de refugiados de Ain al Hilweh se ha vuelto foco de atención internacional. Según informó la agencia de noticias libanesa NNA, las autoridades confirmaron que varias personas han resultado heridas a consecuencia del ataque atribuido al Ejército de Israel contra el mayor asentamiento palestino en el país. Este bombardeo, concretado en las inmediaciones de la ciudad de Sidón, ocurrió pese a la vigencia de un alto el fuego establecido hace aproximadamente un año entre el Gobierno israelí y el partido-milicia chií Hezbolá, informó la agencia NNA.
De acuerdo con los datos compartidos por el Ministerio de Sanidad y recogidos por la referida agencia, al menos trece personas han perdido la vida en la ofensiva, mientras los equipos de emergencia continúan trasladando a los lesionados a centros hospitalarios de la zona. Esta intervención militar ha generado una nueva oleada de tensiones y reacciones en la región. El campamento de Ain al Hilweh, considerado el principal núcleo de refugiados palestinos en Líbano, se encuentra desde hace años bajo la atención de organizaciones humanitarias y entidades internacionales.
Según detalló el medio citado, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) admitieron la autoría del ataque, argumentando que el objetivo fue un supuesto campo de entrenamiento utilizado por miembros del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás). "El complejo militar atacado era utilizado por terroristas de Hamás para entrenamiento e instrucción con el fin de planificar y ejecutar atentados terroristas contra las tropas israelíes y el Estado de Israel", manifestaron las FDI en un comunicado difundido en su red social X. Además, el Ejército israelí aseguró que, antes de la ofensiva, implementaron medidas para minimizar daños contra civiles, como el uso de armamento de precisión, labores de vigilancia aérea y la aplicación de información adicional de inteligencia militar.
A través de su declaración pública, las FDI insistieron en que continuarán desplegando acciones contra los integrantes de Hamás en cualquier lugar donde operen, al tiempo que subrayaron sus esfuerzos por frenar la consolidación de la organización en territorio libanés, consignó la agencia NNA.
Por otra parte, Hamás rechazó categóricamente la versión israelí y condenó el bombardeo calificándolo de agresión dirigida contra una zona densamente habitada y próxima a una mezquita. El grupo argumentó que la ofensiva representa "un ataque brutal" contra la población palestina y contra la soberanía nacional de Líbano. Según un comunicado citado por el diario 'Filastín', afín a la organización, Hamás afirmó que las acusaciones israelíes sobre la presencia de instalaciones militares en el campamento son "pura invención y mentiras" que pretenden justificar la acción armada e incitar a la violencia hacia los campamentos y sus habitantes palestinos. Hamás añadió que el ataque tuvo lugar en un campo deportivo público, que es frecuentado habitualmente por jóvenes de la comunidad, cuya identidad es ampliamente reconocida entre los residentes.
El mismo comunicado de Hamás, recogido por 'Filastín', enfatizó que no existen instalaciones militares dentro de los campamentos palestinos en Líbano, remarcando que las víctimas corresponden a jóvenes que se encontraban en esa área en el momento del ataque. El grupo relacionó este incidente con una supuesta continuidad de operaciones militares "terroristas" por parte de Israel contra el pueblo palestino en Gaza y Cisjordania, así como con los ataques que, según ellos, se siguen produciendo en suelo libanés.
En los últimos meses, Israel ha llevado a cabo una serie de bombardeos en territorio libanés, alegando la necesidad de responder a actividades hostiles atribuidas tanto a Hamás como a Hezbolá. El medio NNA recordó que, tras los ataques del 7 de octubre de 2023 y los combates que siguieron, las partes involucradas lograron un acuerdo de alto el fuego en noviembre de 2024 con el compromiso de retirar efectivos militares tanto israelíes como miembros de Hezbolá del sur del Líbano.
El Ejército israelí, según los datos de la NNA, mantiene en la actualidad cinco puestos en territorio libanés, presencia que ha sido objeto de críticas tanto por parte de las autoridades de Beirut como de Hezbolá, quienes demandan el cese inmediato del despliegue militar extranjero. Naciones Unidas, por su parte, condenó estos actos violentos y expresó preocupación ante la escalada en la región, instando a las partes a cumplir los acuerdos pactados y a moderar sus actividades militares para evitar nuevas víctimas civiles.
El contexto de tensión política y militar entre Israel y Líbano ha estado marcado en los últimos años por enfrentamientos periódicos y por continuos cuestionamientos sobre el cumplimiento de las condiciones del alto el fuego. Organizaciones humanitarias han venido expresando su preocupación por la situación de vulnerabilidad de la población refugiada palestina asentada en campos como Ain al Hilweh, que vuelve a quedar expuesta a los impactos del conflicto regional tras el reciente ataque informado por las fuentes oficiales y medios libaneses.
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