
Malestar por la inestabilidad social y la frustración derivada de la represión de las manifestaciones de 2019 forman parte esencial del contexto en el que se abrieron los centros de votación para las elecciones legislativas en Irak. Más de 20 millones de ciudadanos fueron convocados a definir la composición del nuevo Parlamento en una jornada marcada por el escepticismo sobre las promesas de la clase política y una alta desconfianza hacia las instituciones, según consignó la agencia estatal INA. La apertura de los 8.703 colegios electorales en todo el país se produjo a las 7:00 y se extenderá hasta las 18:00, disponiendo de 39.285 mesas para recibir los votos que renovarán los 329 escaños parlamentarios.
INA informó que estos comicios tienen lugar en medio de profundas divisiones internas dentro del principal bloque político de la mayoría chií, conocido como el Marco de Coordinación, y con una injerencia notoria de actores extranjeros. El proceso electoral se realiza mientras persisten graves problemas económicos y demandas sociales insatisfechas, con el recuerdo de las protestas reprimidas en 2019 como trasfondo que afecta la participación ciudadana actual. El medio estatal detalló que unos 7.750 candidatos compiten en la elección, alrededor de un tercio de ellos son mujeres, en un ambiente donde el debate se ha centrado en la eficacia de los servicios públicos y la acción gubernamental, así como en la influencia de potencias externas en la política interna.
El Marco de Coordinación, bloque que apoya al primer ministro Mohamed Shia al Sudani, parte con ventaja según las primeras proyecciones, aunque enfrenta desacuerdos en su interior. De acuerdo con la agencia INA, la facción Estado de Derecho, liderada por el ex primer ministro Nuri al Maliki, ha señalado diferencias respecto a la gestión estatal y ha denunciado corrupción y abusos de poder. Los análisis citados por el Atlantic Council y recogidos por INA indicaron que estas disensiones contribuyeron a la decisión de Muqtada al Sadr, líder religioso y figura central en pasados comicios, de abstenerse de participar. Su retiro representa una ausencia significativa que cambia el panorama electoral, pues tradicionalmente mueve un gran número de votantes. Los expertos consultados por el medio atribuyeron esta decisión al descontento por los mecanismos de representación y la durabilidad de lógicas clientelares, además de una marcada insatisfacción con los avances logrados desde las últimas elecciones.
INA también reportó el peso de los actores externos, principalmente Irán y Estados Unidos, en la política iraquí. Irán mantiene una influencia relevante mediante alianzas políticas y grupos armados como las Fuerzas de Movilización Popular (FMP), las cuales son consideradas clave para la seguridad interna de Irak, pero al mismo tiempo han sido objeto de críticas por su papel durante la represión de las protestas del año 2019. Mientras tanto, Estados Unidos percibe a las FMP como un instrumento militar de Teherán y ha impuesto sanciones a diversas facciones por supuestos ataques a fuerzas estadounidenses en Irak y Siria. El medio agregó que, en medio de estas tensiones, el primer ministro Al Sudani desplazó a dos comandantes de la FMP tras el atentado contra el Ministerio de Agricultura en julio pasado. Paralelamente, el Marco de Coordinación ha promovido el objetivo de convertir a las FMP en una fuerza de seguridad autónoma, aunque ese proyecto aún no logra acuerdo ni implementación efectiva.
El sistema político actual en Irak responde a la configuración impuesta tras la intervención de Estados Unidos en 2003. Tal como recordó INA, el cargo de primer ministro corresponde a la mayoría chií, la presidencia del Parlamento queda para la minoría suní y la jefatura del Estado, que es protocolaria, recae en la comunidad kurda. Esta distribución por cuotas complica la conformación de gobiernos estables, dado que habitualmente ningún partido obtiene mayoría suficiente y los pactos para formar coaliciones suelen prolongarse por semanas, retrasando la toma de decisiones y la respuesta ante urgencias nacionales.
En el plano económico y social, el gobierno encabezado por Al Sudani intentó fortalecer su imagen durante la campaña mediante la creación de cerca de 700.000 empleos públicos, reveló INA. Estas iniciativas buscan beneficiar especialmente a los jóvenes menores de 25 años, un grupo que representa casi el 60 por ciento de la población de 47 millones de habitantes. Las autoridades también han planteado como prioridad la captación de inversión extranjera en sectores distintos del petróleo, promoviendo la agricultura, la industria y el turismo. Irak ocupa el segundo lugar como productor de petróleo dentro de la OPEP, pero enfrenta dificultades para diversificar su aparato productivo, fenómeno que se percibe como una de las causas estructurales del persistente desempleo y la precariedad socioeconómica.
INA destacó que la participación electoral es vista por las autoridades y observadores como determinante para la legitimidad del proceso. En la votación adelantada celebrada el domingo y dirigida a militares y fuerzas de seguridad se alcanzó un 82,4 por ciento de los habilitados, aproximadamente 1,3 millones de personas, aunque persiste la preocupación de que la asistencia general sea baja. Analistas internacionales citados por el medio estatal advirtieron que la afluencia a las urnas podría quedar por debajo del 41 por ciento registrado en 2021, que ya fue la tasa más baja desde que se instauró el actual sistema tras la invasión estadounidense.
Las relaciones exteriores también han generado discusiones dentro de la administración iraquí. La agencia INA señaló que los contactos del primer ministro Al Sudani con el gobierno sirio y otros países árabes de mayoría suní generaron tensiones dentro del Ejecutivo y entre altos mandos militares, quienes consideran que estos acercamientos podrían amenazar los intereses de la comunidad chií predominante en el país. La situación se agrava por el clima de inseguridad que continúa tras años de conflicto armado, por la amenaza yihadista y la desconfianza recíproca entre las distintas comunidades étnicas y religiosas. INA subrayó que, a pesar de las diferencias comunitarias entre suníes, chiíes y kurdos, amplios sectores de la población reclaman mejoras urgentes en los servicios básicos y en las condiciones de vida, demandas que mantienen latente la movilización social tras las protestas masivas de 2019.
La combinación de factores políticos, económicos y sociales ha consolidado un ambiente de incertidumbre para la gestión parlamentaria futura. El medio estatal informó que la subcoalición Construcción y Desarrollo, liderada por el primer ministro Al Sudani, ostenta una ligera ventaja de cara a la formación de una mayoría de gobierno, lo que anticipa un periodo extenso de negociaciones para sellar alianzas en el Parlamento. INA remarcó que la evolución y el desenlace de estos pactos políticos serán decisivos para el rumbo institucional de Irak, en un entorno regional marcado tanto por la disputa entre influencias externas de Estados Unidos e Irán, como por las demandas internas de la ciudadanía en busca de una reforma efectiva que aborde las necesidades fundamentales insatisfechas desde hace años.
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