Minsk, 25 ene (EFE).- El presidente de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko, el mandatario europeo que lleva más tiempo en el poder, buscará el domingo la reelección apelando a una paz y seguridad basada en las armas nucleares desplegadas por Rusia en la frontera con la OTAN.
“No bailaremos al son de otra música. No bajaremos la cerviz (...) No permitiremos que las botas del invasor pisen nuestra tierra natal ¡Pueden estar completamente seguros!”, aseguró en un acto electoral en vísperas de los comicios presidenciales del domingo.
Lukashenko, en el poder desde 1994, ha aprovechado la campaña para prometer a sus compatriotas que nunca enviará a sus hombres a combatir en el país vecino, Ucrania, aunque cediera voluntariamente su territorio para la intervención rusa en 2022.
De hecho, el presidente ruso, Vladímir Putin, le deseó suerte a una semana de los comicios, que Moscú considera vitales para la estabilidad en el espacio postsoviético.
Un séptimo mandato presidencial
Aunque en las últimas semanas habló repetidamente de la necesidad de un cambio generacional -siempre se ha dicho que quiere que le suceda su hijo Kolia-, el septuagenario autócrata decidió presentarse a la reelección por séptima vez.
“Mantendremos lo más importante: la dictadura del orden, la justicia, la bondad y el respeto al hombre, especialmente, al trabajo del hombre”, insistió el viernes en Minsk, ciudad que conserva intacto el espíritu arquitectónico estalinista.
Nadie duda, dentro y fuera del país, que será reelegido de manera aplastante. Muchos bielorrusos -de los que entre 2 y 3 millones votaron por adelantado coinciden en una cosa: sin Lukashenko, Bielorrusia ya habría sido fagocitada por Rusia.
Según los sondeos oficialistas, un 82,5 % de los bielorrusos piensan votar el domingo al autócrata.
“¿A quién vamos a votar? Lo único que queremos es estabilidad y paz sobre nuestras cabezas. No quiero que mis hijos sean enviados al frente”, comentó a EFE Nikolái, un hombre de mediana edad.
Candidatos del KGB
La farsa electoral, como es definida por la oposición en el exilio, la Unión Europea y Estados Unidos, tiene cuatro convidados de piedra.
Tres candidatos desean la victoria de Lukashenko y una cuarta, Anna Kanopátskaya, se ha mostrado crítica con la gestión del presidente -cuyo modelo autoritario se habría agotado, según comentó a EFE- y le ha pedido públicamente que abandone el cargo.
“Da igual. Son todos candidatos del KGB. Ni siquiera han logrado las firmas necesarias. Nadie ha visto ninguna cola”, comentó a EFE Pável Latushko, jefe del Gobierno en el exilio.
La oposición se conforma con pedir el voto contra todos los candidatos, opción prevista por la legislación electoral, y no se espera una repetición de las protestas de hace cinco años.
Para ello, las autoridades han prohibido fotografiar las papeletas y colgar imágenes en las redes sociales, que fue lo que provocó las multitudinarias protestas contra el fraude en agosto de 2020, que estuvieron a punto de derrocar a Lukashenko.
“Fue una vacuna muy importante que necesitábamos. La recibimos y nuestros enemigos deben entenderlo: nunca repetiremos lo ocurrido en 2020”, dijo Lukashenko, quien recordó que los bielorrusos “son herederos del victorioso pueblo soviético".
Miedo en el cuerpo
“Esto para que siempre mantengas una correcta postura cívica”, le espetó la jefe de una comisión electoral a una joven votante primeriza, a la que le hizo un regalo.
El miedo se siente en los colegios electorales y en las calles de Minsk, donde son escasos los que quieren hablar de “política”, es decir, de las elecciones y la guerra en Ucrania.
“¿Quizás sea por lo ocurrido hace cinco años? El miedo a las represalias”, comentó Sasha, un hombre de unos 35 años.
Cientos de miles de bielorrusos que se exiliaron hace cinco años no podrán votar, ya que las autoridades no han habilitado colegios electorales en el extranjero.
Los observadores occidentales de la OSCE no han sido invitados, por lo que la valoración de la transparencia de la votación corre a cargo de diputados amistosos como los rusos.
Sin normalización con Occidente
La oposición cree que Lukashenko no tiene ninguna opción de normalizar relaciones con Occidente en la posguerra, ya que su suerte y la del jefe del Kremlin, Vladímir Putin, están íntimamente entrelazadas.
Según Latushko, Minsk debería poner fin a la represión; liberar a los presos políticos; dejar de apoyar la guerra; facilitar el retorno de los exiliados y reabrir los partidos, medios y ONGs que cerró.
"No creo que lo haga. Además, Lukashenko nunca abandonará el poder por propia iniciativa. Sólo lo dejará si no puede ejercerlo por motivos de salud", asegura el también exministro de Cultura.
La oposición bielorrusa llama a Occidente a no reconocer a Lukashenko como legítimo presidente, ya que, "de lo contrario, en unos años soldados bielorrusos con uniforme ruso estarán desplegados en la frontera dispuestos a atacar a Ucrania y Europa".EFE
(foto)(vídeo)
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