Lisboa, 4 ene (EFE).- El bolo rei, un bizcocho circular recubierto de fruta escarchada y 'primo hermano' del roscón español, es un clásico del Día de Reyes en Portugal; y por lo que ha podido comprobar EFE, también una tradición centenaria que resiste a modas extranjeras como el panettone italiano.
"Ni panettone ni roscón: en mi casa el dulce estrella es el bolo rei", asegura Magdalena, una joven portuguesa, al calor del sol invernal de Lisboa mientras toma café en una terraza.
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A su lado su amiga Rita asiente y explica a EFE que en su familia son "muy tradicionales" y suelen optar por dulces típicos lusos como el bolo rainha -una variación sin fruta escarchada- o los sonhos -frituras de harina de trigo, huevo y limón.
Pero entre ellos su favorito es el bolo rei, y lo que más le gusta de él es la fruta escarchada: un ingrediente que comparte con el roscón de Reyes español y que le otorga su característico aspecto multicolor.
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"Eres la primera persona a la que escucho decir esto", bromea Magdalena, quien prefiere la baba de camelo -un tradicional postre de leche condensada y huevos rematado con almendras- pero en cuya mesa, pese a todo, el bolo rei no puede faltar en estas fechas.
A unos doscientos metros de Rita y Magdalena, Ana y sus hermanas se declaran "amantes del bolo rei en todas sus formas".
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Ellas "nunca" compran panettone ni roscón, y cuando quieren variedad en la sobremesa recurren a alternativas nacionales como el arroz dulce, las rabanadas -pan frito con azúcar y canela- o los filhós -bolitas de masa recubiertas de canela y azúcar.
"No es que no nos gusten los dulces extranjeros, pero preferimos los nuestros", resumen.
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La Confeitaria Nacional, en la Baixa lisboeta, presume de ser el primer obrador donde se horneó un bolo rei.
Este establecimiento abrió sus puertas a comienzos del siglo XIX y pronto se convirtió en la pastelería predilecta de las élites de la capital lusa; entre ellas la Casa Real portuguesa, que en 1873 la designó su confitería oficial.
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Inspirado por este reconocimiento, el dueño del local trajo de Francia una receta del siglo XVI especialmente popular entre los cortesanos de Luis XIV: el 'gateau des rois' (en español, pastel de reyes).
Los portugueses alteraron este plato sustituyendo la base de hojaldre por una de harina, recubriéndolo de azúcar y fruta escarchada y añadiendo un círculo en el centro de la masa a modo de corona.
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No obstante, respetaron la práctica de esconder un haba en su interior durante la elaboración: una costumbre cuyo origen se remonta a las fiestas Saturnales romanas, que como la Navidad cristiana coincidían con el solsticio de invierno.
Hasta el 31 de diciembre la Confeitaria Nacional había vendido 11.000 bolos rei, una cifra que supone un 3 % más que el año pasado y que podría ascender hasta los 13.000 sólo con las ventas del Día de Reyes, según detalló a EFE el director de operaciones del obrador, Hugo Manteigas.
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Siglo y medio después de su creación, una vuelta por el centro de Lisboa es suficiente para comprobar que el bolo rei es, y sigue siendo, todo un acierto.
En la única pastelería de la Rua Augusta, los clientes apuran sus cafés frente a escaparates llenos de dulces portugueses y en los que las confituras extranjeras brillan por su ausencia.
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"Aquí no vendemos panettone", contesta el dueño del local desde la barra a un turista segundos antes de comenzar a envolver el enésimo bolo rei de la mañana. EFE
(foto) (vídeo)
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