
La primera tanda de nominados por el presidente electo de EEUU, Donald Trump, al gabinete de su nueva administración representa, como ya ocurrió hace ocho años, un desafío a una facción tradicional del Partido Republicano que no tendrá más remedio que capitular para aprobar a los candidatos del magnate, por contrarios que sean a la filosofía de los 'barones' del partido, para garantizar que el segundo mandato de Trump arranca el año que viene sin sobresaltos.
Dos nombres destacan por encima de todos: el de su nominado a fiscal general del país, el ya exrepresentante por Florida Matt Gaetz, ahora mismo investigado por presunto comportamiento sexual inapropiado, y su candidata a directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, conocida tránsfuga demócrata -- llegó a ostentar la vicepresidencia del Comité Nacional de este partido, su órgano rector -- y criticada por los propios republicanos en innumerables ocasiones por exhibir una postura a favor del diálogo con Rusia y Siria.
El caso de Gaetz es particularmente característico. Este pasado sábado, sin ir más lejos, denunció "constantes actos de hostilidad" de la bancada republicana del Senado y de su líder, Mitch McConnell, figura absolutamente institucional dentro del partido, durante el primer mandato de Trump. Una crítica que lanzó a sabiendas de que necesita sus votos para asumir oficialmente el cargo.
Además, Gaetz tiene abierto otro frente en forma de una investigación de la Comisión Ética de la Cámara de Representantes sobre un presunto caso de conducta sexual inapropiada con una menor de 17 años, uso ilícito de drogas y soborno. La comisión ya ha terminado sus pesquisas y tiene en sus manos un informe final que podría acabar sepultado porque Gaetz dimitió esta semana de su cargo de congresista por incompatibilidad con su nominación.
Gaetz ha negado todas las acusaciones y denunciado que todo este proceso no es más que una campaña de desprestigio -- orquestada, denunció, por otro de los grandes exponentes tradicionales del partido, el antiguo líder de la minoría republicana en la Cámara Baja Kevin McCarthy -- mientras los demócratas del Congreso insisten en que el documento salga a la luz porque ha sido confeccionado a través de un equipo conjunto de investigadores de ambos partidos y representa una prueba imprescindible sobre el carácter del nominado, más allá de sus méritos al cargo.
"Me parece un tipo listo pero se va a enfrentar a un interrogatorio bastante duro en la audiencia para certificar su nombramiento", indicó otro destacado miembro del 'establishment' republicano, el senador por Carolina del Sur Lindsey Graham. La senadora republicana por Maine, Susan Collins, se declaró directamente "consternada" por su nominación.
Pero ningún otro político republicano ha hablado de manera tan clara como McCarthy, la némesis de Gaetz, quien no olvida la iniciativa abanderada por el nominado que terminó expulsándole en septiembre del año pasado de la presidencia de la cámara baja del Congreso, durante una agrio debate prespuestario. "No le van a confirmar y eso lo sabe todo el mundo", aseguró en una entrevista con Bloomberg.
La realidad sin embargo es que, por mucha polémica que susciten estos candidatos, todos parten con ventaja para su aprobación. Solo necesitan la mayoría simple de un Senado que estará formado, tras las últimas elecciones, por 53 republicanos y 47 demócratas. Es decir, haría falta que cuatro senadores republicanos se pasaran al otro bando -- dado que el vicepresidente electo, J.D. Vance, puede decantar el resultado en caso de empate -- y que absolutamente todos los demócratas se manifestaran en contra de su nombramiento.
Quien también se enfrenta a un incómodo proceso de confirmación es Tulsi Gabbard, una figura inclasificable que formó parte del partido Demócrata hasta 2021 para después convertirse en independiente y, finalmente, acabar engrosando el mes pasado las filas del Partido Republicano y declarar su apoyo manifiesto a Trump.
Gabbard cuenta con unas credenciales bastante contundentes para desempeñar el cargo: es coronel en la reserva del Ejército de EEUU y fue desplegada en Irak y el Cuerno de África, pero los demócratas han prometido que harán lo imposible para impedir su nominación tras cuestionar seriamente su lealtad al país y recordar que se reunió en 2017 con el presidente de Siria, Bashar al Assad, de quien dijo dos años después que "no era un enemigo de Estados Unidos".
La nominada declaró además en su día que la guerra de Ucrania podría haberse evitado "si la administración Biden y la OTAN simplemente hubieran reconocido las legítimas preocupaciones de seguridad de Rusia con respecto a la incorporación de Ucrania a la OTAN"; comentarios excesivamente rupturistas a juicio de sus críticos para una candidata a supervisar las 18 agencias que conforman la comunidad de inteligencia nacional.
NOMBRAMIENTOS EN RECESO
Consciente de estas posibles dificultades, Trump no dudó en forzar todavía más este pasado fin de semana la mano de los republicanos tradicionales del Congreso al exigirles la aplicación de un sistema conocido como "los nombramientos en receso"; un procedimiento que haría innecesaria cualquier tipo de audiencia de confirmación.
El procedimiento es una arcaica figura constitucional que concede al presidente del país la capacidad de certificar directamente a sus nominados durante un periodo de receso del Senado y que, a pesar de su antigüedad, ha sido empleada de manera recurrente por presidentes tanto demócratas como republicanos. Sin embargo, por lo general prefieren evitar este sistema por la complejidad que le acompaña dado que los confirmados tienen que volver a someterse después a otra sesión de control cuando el Senado reinicia su labor.
Ahora mismo, las dos cámaras del Congreso de EEUU están en lo que llaman sesiones "pro forma": funcionan de manera simbólica incluso cuando sus diputados no se encuentran físicamente en el hemiciclo, como una táctica para impedir que el presidente ordene precisamente esta clase de nombramientos, pero Trump ha exigido a sus legisladores que hagan todo lo posible para recuperar este procedimiento. Quien abandere con éxito la inciativa, aseguró el pasado fin de semana, se llevará como premio la Presidencia del Senado.
"Cualquier senador republicano que busque el codiciado puesto de la presidencia en el Senado de los Estados Unidos debe aceptar los nombramientos en receso, sin los cuales no podremos conseguir que las personas sean confirmadas de manera oportuna", manifestó Trump en su red Truth Social. "Necesitamos que estos puestos se cubran inmediatamente", añadió el mandatario electo en una petición que formuló consciente del inmenso poder que ha recibido tras unos comicios donde tendrá el Congreso completamente a sus pies tras la victoria de su partido en las dos cámaras.
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