Conchita: "En 1992 faltó rematar, en 1996 el bronce supo a oro, en 2004 fastidió perder"

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Natalia Arriaga

París, 28 jul (EFE).- Hay bronces que saben a oro, platas que dejan sensación de fastidio... todos los sentimientos caben en un podio. Lo sabe bien Conchita Martínez, que atesora tres medallas olímpicas en dobles: plata en Barcelona'92 y bronce en Atlanta'96 con Arantxa Sánchez-Vicario y plata en Atenas 2004 con Virginia Ruano.

La primera mujer española que ganó el torneo de Wimbledon habla con cariño, pero sin darse importancia, de aquellos tres metales. Un detalle significativo es que ni siquiera tiene en su poder las medallas.

"Las tengo en el Hall of Fame. Están allí en Newport (EE.UU.), porque las llevé cuando me hicieron la ceremonia y las deje ahí, en el Museo", cuenta al recordar su ingreso en el Salón de la Fama en el año 2020, sexta y hasta ahora última española en lograrlo.

"La verdad es que las tengo que reclamar. Si no están ahí, estarán en casa", dice.

"Haber podido jugar y conseguir tres medallas en tres Juegos diferentes es algo muy bonito. En mi corazón las tres medallas olímpicas son muy, muy importantes. Todas son especiales. Pero por supuesto la de Barcelona'92, que fueron las primeras Olimpiadas que jugué, en casa, pesa un poquito más", afirma la ahora entrenadora y directora de las finales de la Copa Billie Jean King.

En la final de los Juegos de 1992 Conchita y Arantxa, como se las conocía mundialmente sin necesidad de citar su apellido, fueron derrotadas por dos estadounidenses a las que se nombraba precisamente por su apellido hispano: las Fernández, Gigi y Mary Joe. Las norteamericanas se impusieron por 7-5, 2-6 y 6-2.

"La final de Barcelona la recuerdo con mucho cariño", señala Conchita, "pero también, vaya, fue una lástima no haber podido rematar. El partido estuvo muy disputado y tuvimos nuestras oportunidades. Perdimos con dos grandes doblistas, Gigi más doblista, Mary Joe jugaba igual de bien individual que doble. Se nos escapó ahí el oro, pero estoy muy feliz de tener ese recuerdo, de haber ganado la medalla de plata, que se dice pronto".

Cuatro años después, en Atlanta, la pareja española cayó en semifinales ante las checas Jana Novotna y Helena Sukova y se jugó el tercer cajón del podio con las neerlandesas Manon Bollegraf y Brenda Schultz-McCarthy. El resultado fue claro: 6-1 y 6-3.

"Es un orgullo también ese bronce de Atlanta. Cuando ganas un bronce parece que ganas el oro, porque si se te escapa el partido, te quedas sin medalla", asegura la tenista.

Tras el paréntesis de los Juegos de Sídney, en los que Arantxa y Conchita cayeron en segunda ronda, la aragonesa volvió a la carga en Atenas 2004, esta vez con Virginia Ruano como compañera.

Las españolas eran las segundas cabezas de serie y en la final cayeron ante las octavas, las chinas Li Ting y Sun Tiantian, por 6-3 y 6-3.

"La plata que ganamos en Atenas... ahí sentí más que perdí el oro", dice Conchita.

"Se nos daba ya como ganadoras y la verdad que aquello fue un poco una decepción. Tendría que ser una alegría muy grande, pero de eso te das cuenta después. Al principio sí que fastidió un poquito perder", admite.

La española considera que en la final eran favoritas "de aquella manera" porque la pareja china "era buenísima".

"Lo que pasa que en España no se seguía el doble y ellas se habían preparado solo jugando el doble durante casi cuatro años. Eran muy peligrosas, jugaron muy bien y nosotras estuvimos un poquito peor. Y ahí se decantó el partido. Pero sí, yo creo que fue un poco decepción por lo que la gente esperaba. No porque no fuese un buen resultado, que fue un gran resultado", sostiene la cuatro veces olímpica.

Cuatro años después la pareja española que subió al podio fue la formada por Anabel Medina y Virginia Ruano, que también ganó la plata, última medalla hasta la fecha para el dobles femenino español. EFE

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