Tomás Frutos
Roma, 20 feb (EFE).- En Nápoles, Diego Armando Maradona está siempre presente, pero cuando hay partido es el protagonista indiscutible. Es un Dios en la ciudad sureña. Pocos pueden decir que el suyo es el equipo de su vida, una condición que encuentra un reflejo casi idéntico cada vez que se da el duelo ante el Barcelona, el otro gran amor del 'Pelusa'.
Cada vez que Nápoles y Barcelona se miden en el césped hay tiempo para echar la vista atrás. Para recordar que el partido que se disputará tendrá un espectador especial, quizá único. Uno que sorprendió a Europa con sus primeros años en Barcelona y que se consagró como leyenda en la Ciudad del Vesubio.
Es difícil no hacerlo en unos días tan especiales como estos, previos a la disputa un partido de Liga de Campeones en un estadio que lleva su nombre. El Diego Armando Maradona acogerá este miércoles, de nuevo, el enfrentamiento que deja toda rivalidad de un lado durante varios días para la unión de dos clubes que estarán eternamente hermanados por la figura del astro argentino.
La conquista de Diego Armando Maradona en Europa, después de haber dominado en Argentina, comenzó en Barcelona, en 1982. Allí dio sus primeros pasos y dejó las primeras bocas abiertas. Barcelona, como Nápoles haría apenas dos años después, en 1984, disfrutó de un talento atemporal.
Obró en la Ciudad Condal sus primeros milagros antes de convertirse en el Dios napolitano que es ahora, aunque algunos no fueron con el balón, como esa sorprendente recuperación tras la lesión de rodilla que pudo acabar con su carrera tras la famosa entrada de Andoni Goikoetxea.
En Barcelona dejó 45 goles la Copa del Rey 1982-1983, la Copa de la Liga 1983 y Supercopa de España 1983 antes de marcharse a Nápoles, la ciudad que le cubrió de gloria en agradecimiento por la gesta que llevó a cabo con los italianos, siempre alejados del éxito hasta la llegada del Diego.
En Nápoles, todavía 34 años después de que dejara el equipo de la ciudad, por donde quiera que se mire, está el Diego. No hay esquina, balcón o recoveco que no esté cubierto con un detalle para el astro. Bien una figura pequeña artesanal, bien una bandera, bien una camiseta o bien un mural. Es una devoción. Va mucho más allá del fútbol. Nápoles siente que Maradona es un napolitano que nació por error en Lanús, en Buenos Aires.
"Maradona ha nacido en Nápoles, en Forcella (barrio del centro histórico), en la calle Forcella 10. Maradona no es argentino, es napolitano. Ellos dicen que es argentino, pero es napolitano, napolitano, napolitano", repitió a EFE convencido Ciro, justo el día previo a que el Nápoles volviera a ganar un 'Scudetto' allá por mayo de 2023, el primero precisamente sin Diego Armando Maradona.
"Auténtico", respondieron al unísono tres o cuatro amigos, casi gritando, con su marcado acento napolitano.
Y es que el 'Pelusa' consiguió lo que hasta ese momento era impensable para la ciudad sureña: colocarla en lo más alto de Italia con los dos campeonatos italianos (1987-1990) y ponerla en el mapa en Europa con la Copa de la UEFA (1990). Motivos más que suficientes para que desde entonces sea venerado como un santo.
"Ha representado todo, todo, todo. Después de San Gennaro (patrón de Nápoles) está él. Justo después de San Gennaro está él. Lo llevamos siempre en el corazón", comentó Ciro.
Por eso es tan complicado que alguien alcance su figura en el futuro. Casi imposible. Ni si quiera los que fueron campeones están remotamente cerca. Ni Osimhen, ni Kvaratskhelia. Diego solo hay uno.
"No existirá un heredero. Él y basta. Solo él y basta. Diego fue mucho más que fútbol y como símbolo es único en el mundo. No existirá nadie más", sentenció tajante Ciro.
El Nápoles y el Barcelona, aunque de distinta forma, fueron los equipos de su vida. Sus dos amores futbolísticos. En uno comenzó su conquista del fútbol europeo; en el otro se consagró como leyenda.
Nápoles y Barcelona son, desde que el Diego apareciera en su camino, dos ciudades que están destinadas a llevarse bien de por vida, que estarán hermanadas eternamente por el fútbol. Eternamente unidas por Diego Armando Maradona, que este miércoles acogerá en su casa, en su estadio, su partido predilecto, ese en el que él nunca perderá. EFE
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