Sevilla, 27 nov (EFE).- El presidente del Sevilla, José Castro, inicia este lunes la última semana del mandato que comenzó el 9 diciembre de 2013, diez años en los que el club sevillista ha ganado cinco títulos europeos, ha disputado siete ediciones de la Liga de Campeones y ha padecido una fractura social sin precedentes.
Los éxitos deportivos no han eximido al empresario sevillano (Utrera, 1958) de vivir durante todo el decenio bajo la amenazante sombra de su antecesor, José María del Nido Benavente, dimitido semanas antes de ingresar en prisión por sus prácticas a las órdenes del 'clan Gil' durante el saqueo del Ayuntamiento de Marbella.
El próximo día 4, en la junta general de accionistas, Castro será relevado en el cargo por su vicepresidente primero, José María del Nido Carrasco, hijo del anterior, que mantiene con su padre un litigio en los tribunales por la representación del mayor paquete de acciones del Sevilla, aproximadamente un cuarto de los títulos.
Del Nido Benavente, de hecho, ha solicitado en un juzgado la adopción de medidas cautelares que le permitan votar el próximo lunes por la remoción del consejo de administración, algo que no puede hacer en virtud de un pacto de accionistas vigente hasta diciembre de 2027.
Si el juez rechazase esta petición, como ha venido sucediendo de forma recurrente en vísperas de anteriores juntas generales, el expresidente vería cómo su primogénito, al que ha tildado de "okupa" en sus últimas comparecencias públicas, accede al cargo al que él anhela retornar desde su excarcelación.
"Aunque ganase la Liga y la Champions, voy a echar a este consejo de administración", ha llegado a manifestar el abogado, que agita el descontento de la afición en este inicio de campaña en el que los resultados no acompañan al Sevilla: el cántico '¡Pepe Castro, dimisión!' es un clásico al término de casi todos los partidos que se celebran en el Sánchez-Pizjuán.
Sin embargo, es cierto que los éxitos deportivos de la etapa de Castro al frente del Sevilla contrastan con la complicada situación de una sociedad que acumula pérdidas en los tres últimos ejercicios y que no tiene siquiera aprobadas las cuentas de la temporada antepasada ni nombrados los auditores.
Este rechazo a la gestión del club mostrado por las últimas asambleas no sólo obedece a la acumulación de acciones por parte de Del Nido Benavente y del grupo inversor estadounidense con el que se ha aliado, 777 Partners, sino también por la oposición de pequeños accionistas que reprochan a sus dirigentes las altas remuneraciones que perciben los miembros del consejo de administración.
Así, los próximos meses -probablemente, años- serán testigos de una guerra en los tribunales por el control del poder en el Sevilla en el que no sólo se decidirá la lid paterno-filial entre los Del Nido, sino el modelo de gobernanza del club: el mantenimiento del mismo en manos de las viejas familias sevillistas, como propugna el hijo, o su entrega al capital extranjero con la figura del padre como testaferro. EFE
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