Tras 6 meses de espera, la presidencia libanesa aguarda deshielo Irano-Saudí

Guardar

Noemi Jabois

Beirut, 1 may. El Líbano cumple hoy seis meses sin un jefe de Estado con un candidato cercano al poderoso grupo chií Hizbulá al frente de la carrera, a la espera de ver si el reciente acercamiento entre Irán y Arabia Saudí, con gran influencia en el país mediterráneo, ayudará eventualmente a destrabar el punto muerto.

Tras celebrar más de una decena de votaciones infructuosas para elegir a un nuevo presidente de la República, el fragmentado Parlamento libanés no ha vuelto a reunirse con este fin desde comienzos de año, cuando quedó claro que ningún postulante iba a lograr la mayoría sin un acuerdo previo entre los diferentes bloques.

La candidatura de Suleiman Franjieh, nieto del expresidente de mismo nombre y cercano al mandatario sirio, Bachar al Asad, ha ganado peso desde que Hizbulá y su aliado también chií Amal anunciaran públicamente su apoyo a este político cristiano, líder de la formación maronita Movimiento Marada.

Según medios locales, en los últimos meses Francia ha promovido una serie de encuentros para tratar de desbloquear la situación, pero diversos actores internos e internacionales siguen oponiéndose vehementemente a la elección de un presidente "de Hizbulá" y, por ende, favorable a su aliado Irán.

Pese a todo, es muy probable que el líder del Movimiento Marada salga eventualmente elegido como parte de un juego de concesiones más amplio.

ECOSISTEMA COMPLEJO

Desde 2005, coexisten en el Líbano con menguante arraigo dos grandes coaliciones enfrentadas: la Alianza del 8 de Marzo, prosiria y con Hizbulá como uno de sus principales miembros; y la Alianza del 14 de Marzo, antisiria y más alineada hacia Riad y Occidente.

El país mediterráneo está regido por un complejo sistema sectario que obliga a que el jefe de Estado sea cristiano maronita, a lo que se suma tanto que ningún grupo político cuenta con mayoría en Legislativo como las injerencias de potencias con intereses allí.

El nombramiento de Franjieh contentaría a Irán, acusado de hacer valer sus intereses en el Líbano a través de Hizbulá, pero no gusta a Arabia Saudí o a partidos de la Alianza del 14 de Marzo como las cristianas Fuerzas Libanesas, enemigas del movimiento político y armado chií.

Para más inri, su candidatura despierta rechazo interno también en la Alianza del 8 de Marzo, con su integrante clave Movimiento Patriótico Libre en disputa con Hizbulá hasta el punto de que se cree que detrás del telón su alianza está ya virtualmente rota.

Mientras tanto, han ido perdiendo fuelle otras propuestas como la del jefe del Ejército libanés, Joseph Aoun, un postulante que se cree tenía la aprobación de Catar o de Estados Unidos, otro de los países con una fuerte influencia en el Líbano.

EL TÁNDEM TEHERÁN-RIAD

Hace tan solo tres días, el ministro iraní de Exteriores, Hosein Amir Abdolahian, defendió durante una visita a Beirut que su país "nunca intervendrá" en la decisión y llamó a alcanzar un consenso interno sin esperar a que el reciente acercamiento entre Teherán y Riad ayude a resolver el bloqueo.

Con una enemistad de décadas y sus relaciones formalmente rotas desde 2016, los líderes del eje suní y chií en Oriente Medio acordaron restablecer lazos el pasado marzo, una resolución con potenciales implicaciones para diversas crisis de la región, incluida la libanesa.

Muchos expertos coinciden en que Arabia Saudí, durante años muy preocupada por contrarrestar la influencia de Hizbulá e Irán en Líbano, ha perdido interés al considerarlo un caso perdido a merced de constantes bloqueos políticos y ante la gravedad de la crisis económica que sufre desde 2019.

A finales de 2021, el reino incluso retiró a su embajador en Beirut durante meses debido a los comentarios de un ministro libanés, mientras que hace algo más de un año abandonó la política el gran socio saudí en el país, el desencantado ex primer ministro suní Saad Hariri.

Si bien el vacío presidencial en el Líbano no tendría prioridad en la lista de asuntos a concertar por Teherán y Riad, sí sería una importante ficha de negociación y, como mínimo, el acercamiento podría ayudar a tender puentes entre los polarizados y sectarios partidos del Líbano. EFE

njd/cgs/amr/pi