
Alimentos frescos, no procesados: en eso consiste la alimentación basada en alimentos crudos. Al menos así la define Petra Bracht, médica alemana especializada en nutrición. La única regla: para preservar la frescura de los alimentos, estos no deben calentarse a más de 42 grados. Por lo tanto, no es necesario encender la cocina. En vez de eso, la procesadora, la licuadora y quizá un deshidratador son los aparatos más importantes. ¿Es todo verdura, o qué? El también llamado crudismo no necesariamente es eso. Existen sus variantes veganas o vegetarianas. Pero también puede incluir pescado crudo, carne cruda y huevos crudos, a veces también leche cruda o queso de leche cruda. Puede haber grandes diferencias en cómo se implementa la alimentación crudista, dice Bracht, autora de varios libros sobre el tema. En el plato puede haber desde espagheti de zucchini y zanahorias hasta brownies sin hornear de dátiles y nueces. Esta cocina invita a ser creativos. Ese es el caso de Melanie y Sönke Brummerloh, quienes comen más de la mitad de sus alimentos crudos. "A pesar de que nos interesa la comida sana, realmente el sabor tiene la máxima prioridad", escriben ambos en su blog. Los Brummerloh y sus dos hijos rallan verduras, muelen cereales o trituran frutas. Experimentar con recetas e ingredientes es una pasión y también profesión para los dos asesores en salud. Al principio, pasaron a una alimentación basada sobre todo en vegetales -y en su mayor parte crudos- por razones de salud. Mientras que Melanie padecía dolor en las articulaciones, Sönke tenía dermatitis atópica y alergias desde su infancia. La pareja decidió modificar su alimentación y rápidamente notó cambios. No solo desaparecieron los dolores de articulaciones de Melanie, sino que Sönke de repente podía volver a comer fresas (frutillas) o avellanas sin reacciones alérgicas, y en verano hasta pasear por un prado sin estornudar. "Los alimentos crudos pueden ayudar rápidamente", confirma Bracht. Ni bien uno cambia su alimentación, también se modifica la microbiota, que es la flora intestinal. Eso a su vez tiene efectos inmediatos en el sistema inmunológico, señala. La alimentación crudista puede ayudar además a normalizar valores sanguíneos insalubres. En muchos casos de enfermedades típicas de la civilización actual como presión alta, diabetes, alergias, dolores o trastornos cardiovasculares, esta médica constató una rápida mejoría tras modificar la alimentación. Sin embargo, no está a favor de una alimentación puramente cruda. Si uno solo come fruta, verduras y hierba eso puede llevar a un déficit de proteínas. Si la alimentación es muy desequilibrada, posiblemente se produzca una fuerte pérdida de peso. E incluso puede pasar que se ausente la menstruación (amenorrea). Además, considera Bracht, todo esto debe ser "llevadero": "Lo óptimo es que entre el 50 y el 70 por ciento de la alimentación sea cruda". Melanie y Sönke Brummerloh también experimentaron que es un desafío armonizar el cambio en la alimentación con familia y amigos. "Si uno cambia todo de golpe, eso provoca una rebelión", dice Sönke Brummerloh riendo. Por eso, quien quiera integrar alimentos crudos en su dieta debería empezar con pequeños pasos: una ensalada para acompañar, un desayuno de cereal molido y fruta, una bomba de energía casera de dátiles como snack. Paso a paso: eso es también lo que recomienda la nutricionista Bracht. Ella se alimenta desde hace unos 30 años al menos en un 50 por ciento de alimentos crudos. "Lo mejor es darse un cuarto de año de tiempo para acostumbrarse", dice. "Sobre todo los primeros ocho días pueden ser complicados, pero luego ya se empiezan a sentir los cambios positivos". Un detalle: en el caso de los alimentos crudos es más importante que nunca masticar muy bien. Así, uno facilita la digestión. Para cubrir el déficit de nutrientes, Bracht recomienda tomar regularmente vitamina B12 o un producto multivitamínico. Además de la motivación y los conocimientos sobre el tema, en la vida cotidiana ayuda estar bien equipado si uno quiere adherir al crudismo. Según los Brummerloh, para ello hace falta un buen cuchillo, una tabla para cortar y una procesadora potente. Por lo demás, hay que estar abierto a la diversidad. Porque junto a las frutas y verduras clásicas, los Brummerloh también experimentan con hierbas silvestres, hojas verdes, tubérculos, semillas, brotes y nueces. Una verdura que les gusta especialmente a ambos es la coliflor. Porque no solo se puede mezclar en ensaladas y batidos, sino que es especialmente apropiada para un sushi vegano. dpa
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