Javier Herrero.
Madrid, 26 jul. No ha habido lleno histórico de público, pero sí mucha historia y mucho presente en el concierto que Iggy Pop ha ofrecido este martes por primera vez en el Teatro Real, donde "La Iguana del rock" se ha revuelto una vez más contra las huellas del tiempo para dejar su nombre consagrado en la catedral de la lírica de Madrid.
Lo ha hecho ante unas 1.300 personas como -probablemente- la estrella más rutilante de la presente edición del Universal Music Festival, justo después de recalar en el Kursaal de San Sebastián como parte de una gira por espacios más exclusivos en la que este viernes además pasará por el festival Porta Ferrada de Sant Feliu de Guíxols (Girona).
El artista estadounidense nacido James Newell Osterberg (Muskegon, 1947) ha retomado así el testigo de otras leyendas del rock que en el pasado vinieron a revolver dentro de este mismo ciclo el patio de butacas del elegante coliseo operístico madrileño, véase Sting, Elton John, Steven Tyler o Chrissie Hynde de The Pretenders.
Pionero del punk rock en la bisagra de los años 60 y 70 junto a The Stooges, en una época en la que su reptiliana forma de moverse sobre el escenario ya le hizo ganarse el apodo de "La iguana", a sus 75 años ha demostrado que pertenece a esa rara clase de milagros médicos de la música que tras una vida de excesos aún mantiene el tipo, las ganas y sobre todo el gusto.
A Madrid, donde no actuaba desde una antológica actuación en Mad Cool 2019, ha llegado tras más de una veintena de discos de estudio con diversas formaciones hasta el más reciente "Free" (2019), del que ha sonado medio álbum en una demostración de confianza en su presente artístico, así como otro buen puñado de "hits" históricos como "Lust For Life", "The Passenger" o "Search & Destroy".
Con el patio de butacas lleno pero calvas más evidentes en los palcos superiores, el concierto ha arrancado con un ligero retraso de 15 minutos en una penumbra desde la que ha asomado en primer lugar la artista Sarah Lipstate, conocida como Noveller. De una guitarra eléctrica rasgada con un arco de violín y un "loop" envolvente ha traído al escenario sonidos extradimensionales y tenebristas, una "runa" según indicaba el repertorio.
Ha sido justo después cuando el rugido de unos motores han anunciado la irrupción de Iggy Pop enfundado en un traje negro sin camisa debajo, como mandan los cánones de su iconografía, para interpretar "Five Foot One" y "Loves Missing", momento el que se ha roto la pulcritud protocolaria de la butaca fija y una buena masa de ardientes seguidores se han agolpado al borde del escenario.
Despojado de la chaqueta, puede que el físico fibrado que lo hizo tan célebre sea cosa del pasado, pero canciones como "The Endless Sea" han demostrado su vigencia, especialmente interpretadas por una banda de siete músicos duchos en la creación de atmósferas en unos momentos y prestos a crujir los oídos y el aire con su tino roquero en otros.
No ha tardado en aparecer la fulgurante "Lust for Life", impulsada por las dos trompetas que se integran en el conjunto y que también han jugado un papel enriquecedor a continuación en la no menos famosa "The Passenger" junto a esa voz que mantiene el vigor y la gravedad de los viejos tiempos.
El Real era aquí ya un éxtasis y ni se había llegado al ecuador del concierto. "¡Sois un público increíble!", les ha reconocido antes de liberar toda la distorsión guitarrera de "Death Trip", uno de los clásicos de The Stooges que han sonado junto a "T.V. Eye".
La edad refrena algo y da cierto cariz cómico a sus histriónicos movimientos de antaño, provocados por la aún más evidente cojera que le dejó la polio, pero en su espectáculo no puede negarse que se mantiene la energía y la actitud, incluso en una segunda parte que ha arrancado con un sonido más denso con cortes como "Sister Midnight" o "Mass Production".
"Hace mucho tiempo era joven, puro y algo obsceno; sigo siendo obsceno", ha celebrado ante su público como preámbulo a "I'm Sick Of You", otra del repertorio de The Stooges, que a partir de este punto ha monopolizado prácticamente el resto de la velada.
El pie de micro que poco antes había derribado de una patada karateka lo ha visto yacer a su lado y reptar cual auténtica iguana en plena descarga de "I Wanna Be Your Dog", sin duda otro de los hitos de la noche por su potencia.
Su nombre fervientemente coreado al unísono daba idea de lo colmadas que estaban las expectativas de los asistentes, que en el tramo final han disfrutado aún de "Down on the Street", "Fun House" y la imprescindible y colosal "Search & Destroy", todo tras la reciente "Page", cuyos versos parecían condensar en una paradoja el secreto de su longevidad: "We are only human / No longer human".
Porque Iggy Pop puede que sea solo humano, pero ya nunca más lo será. EFE
jhv/plv
(foto)(vídeo)
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