BANGKOK (AP) — Cuando el enorme volcán submarino Hunga Tonga Hunga Ha’apai hizo erupción el sábado, los tonganos de todo el mundo observaron cómo sus familiares transmitían en vivo imágenes de nubes de ceniza, gas y vapor que emergían de debajo de las profundidades.
Luego, la oscuridad.
La erupción cortó el único cable de fibra óptica de Tonga, dejando a todo el archipiélago del Pacífico desconectado e incapaz de comunicarse con el resto del mundo.
“Fue absolutamente una locura”, dijo Koniseti Liutai, un tongano que vive en Australia.
“Estábamos hablando con familiares y parientes, porque estaban emocionados mostrando las actividades del volcán, luego escuchamos la explosión y el big bang y todo se oscureció”, dijo. “Lo siguiente que supimos fue la advertencia de tsunami y luego el impacto del tsunami; todos temíamos lo peor”.
No solo familiares y amigos quedaron incomunicados. Enormes nubes de ceniza hicieron que la comunicación de respaldo por teléfono satelital fuera casi imposible, y los líderes mundiales ni siquiera pudieron ponerse en contacto con sus homólogos de Tonga para ver qué ayuda necesitaban.
Cuando se disipó la ceniza, la comunicación por satélite mejoró y el operador de telecomunicaciones local, Digicel, informó que había podido restablecer los servicios de llamadas internacionales en algunas áreas el miércoles por la noche.
Digicel advirtió, sin embargo, que debido a la gran cantidad de llamadas y la capacidad limitada de su enlace satelital, es posible que las personas deban intentar varias veces para lograr comunicarse.
Hasta el momento, se ha confirmado la muerte de tres personas después de la erupción volcánica a 64 kilómetros (40 millas) al norte de la capital de Tonga, Nuku’alofa, y el tsunami que siguió. Varios pequeños asentamientos en las islas periféricas fueron borrados del mapa, según la Cruz Roja y los informes oficiales, lo que obligó a evacuar a varios cientos de residentes.
Con la reanudación de algunas comunicaciones, han comenzado a surgir más fotos de la destrucción, que muestran las islas que alguna vez fueron verdes y se volvieron negras como el carbón debido a la gruesa capa de polvo volcánico.
Las costas están cubiertas de escombros, mientras la gente trabaja para limpiar las calles y las aceras.
La capa de ceniza de dos centímetros (0,78 pulgadas) que dejó inutilizable la pista del Aeropuerto Internacional de Fua’amotu ya se ha despejado, y el jueves llegaron los primeros vuelos que transportaban agua fresca y diversa ayuda.
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