
"No todas las estrellas fugaces son románticas", asevera Gernot Grömer. ¿Y por qué no? No todo material en llamas que entra en la atmósfera terrestre es un meteorito. También puede tratarse de una cápsula expulsada desde la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) cargada con ropa interior usada y otros desechos. Junto con el Laboratorio Textil de Viena (VTL), Grömer y su equipo del Foro Espacial Austriaco (ÖWF) están investigando una solución para que en el futuro la ropa interior utilizada en el espacio pueda llevarse durante más tiempo sin que pierda sus propiedades higiénicas. El problema es acuciante: en el futuro, las estancias y caminatas en el espacio serán probablemente mucho más frecuentes y prolongadas. Los microbios podrían acabar con el sueño de volar a una estación lunar o a Marte. "Cuanto más nos adentremos en nuevas dimensiones con vuelos espaciales tripulados, más probable será que nos esperen algunas sorpresas desagradables", señala Grömer. En la actualidad, los astronautas, según el país de donde provengan también llamados cosmonautas o taikonautas, llevan su ropa interior durante varios días antes de deshacerse de ella. Para las caminatas espaciales, primero se ponen un pañal y luego su ropa interior personal. La tercera capa, que proporciona refrigeración, es compartida, sin lavar, con otros miembros de la tripulación. "Esto es especialmente problemático en términos de higiene", enfatiza Grömer, y explica que el material actual contiene hilos de plata que combaten las bacterias, pero que en condiciones espaciales esta no es una solución ideal a largo plazo debido a los posibles efectos secundarios. La Agencia Espacial Europea (ESA), que adjudicó el proyecto al ÖWF, espera una propuesta a más tardar en 2023. En busca de una buena alternativa, el Foro Espacial recurrió a la pequeña empresa emergente Vienna Textil Lab (VTL), cuya idea consiste en combatir el fuego con fuego. En otras palabras, buscan mantener a raya las bacterias nocivas con los productos excretores de otras bacterias. El reto consiste en determinar si el método se puede aplicar en las condiciones especiales del espacio. "El espacio presenta un microbioma propio, no hay un equilibrio como en la Tierra", explica la química Karin Fleck, directora del VTL. El veterano astronauta estadounidense Scott Kelly describió una vez en una entrevista el olor del aire a bordo de la ISS como poco apetecible: olía a una mezcla de desinfectante, basura y sudor. Fleck explica que los astronautas también son susceptibles de padecer enfermedades de la piel, ya que, con la gravedad más baja, el sudor se distribuye de forma diferente. Por lo tanto, prosigue, los tejidos destinados a combatir las bacterias son necesarios más allá de la ropa interior. Se trata entonces de desarrollar trajes espaciales completos y otras prendas importantes, entre ellas, guantes. Según la científica, durante el desarrollo de los textiles se trata de tener en cuenta también aspectos como el polvo lunar y la radiación: "En todo caso, confiamos en que funcionará", asevera. Los posibles beneficios terrestres del proyecto parecen evidentes. Grömer puntualiza que ya se han iniciado conversaciones con fabricantes de fibra textil muy interesados en el avance de las investigaciones, y que, en definitiva, la idea es mantener la ropa fresca durante más tiempo también en la Tierra, lo que redundaría en beneficio del medio ambiente. En el transcurso del año, los llamados astronautas análogos del foro ÖWF, que simulan las tareas de un equipo de astronautas en la Tierra vestidos con trajes espaciales, reunirán datos en el desierto del Néguev, en Israel. La ÖWF ya ha realizado doce simulaciones de Marte similares. "Austria tiene cierta experiencia en nichos de la cuestión de los vuelos espaciales", señala Grömer. Lo que las bacterias y los hongos pueden hacer a una estación espacial quedó claro con el ejemplo de la Mir rusa. El módulo para vuelos espaciales de larga duración acabó tan contaminado de microbios que tuvo que ser descartado. "Nuestra investigación no es tan glamurosa, pero sí muy importante", subraya Grömer. Uno de los próximos proyectos relacionados con la higiene en el espacio será también la participación en el desarrollo de una lavadora apta para el uso en Marte. El experto explica que el dióxido de carbono del planeta podría licuarse para proporcionar el medio líquido necesario: "Esa sería la solución de alta tecnología". dpa
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