NICOSIA, Chipre (AP) — Hay algo majestuoso en el porte y la mirada curiosa de un carnero salvaje que recorre las colinas cercanas a Varisia, un pueblo abandonado de la zona de seguridad controlada por las Naciones Unidas que separa a turcos y griegos en Chipre.
El muflón es un animal nativo de esta isla del Mediterráneo y una de numerosas especies animales y vegetales que han proliferado en esta tierra de nadie, de 180 kilómetros (120 millas), que divide el norte separatista del sur, reconocido internacionalmente.
Deshabitada desde la guerra de 1974 que partió la isla en dos, la zona de seguridad se ha convertido en una verdadera reserva natural. Entre sus residentes figuran el murciélago frutero egipcio, que corre peligro de extinción; las “orquídeas abejas” y otra especie que peligra, los burínidos. Todos se han multiplicado sin que nadie los moleste.
Este refugio natural está siendo protegido por dos científicos ambientalistas, una grecochipriota y otro turcochipriota, y constituye una especie de laboratorio al aire libre en el que se hacen a un lado las divisiones físicas y políticas para enfocarse en la preservación del frágil ecosistema de la isla.
La grecochipriota Iris Charalambidou y el turcochipriota Salih Gucel, ambos biólogos, encabezaron en el 2007 un estudio pionero que exploró la floreciente flora y fauna de la zona de seguridad.
Entre sus descubrimientos está el de que partes de ese sector es una escala importante en las migraciones de primavera y otoño de animales como el gavilán, las águilas pescadoras y el halcón harrier, así como el avefría, cuya población está disminuyendo en Europa. Otro importante hallazgo fue la presencia del ratón espinoso chipriota, una especie endémica muy poco vista en la isla.
El estudio fue muy elogiado a nivel internacional y dio impulso a la creciente concientización ecológica de los isleños. También puso de manifiesto la necesidad de cooperar en relación con el medio ambiente, algo que interesa a todos los chipriotas.
Varisia se encuentra en un remoto sector del noroeste de la isla y ofrece a los científicos una mejor comprensión de la dinámica de la naturaleza en una zona que hasta no hace mucho estuvo deshabitada. Abandonado tras la invasión turca de 1974 alentada por golpistas que querían unirse con Grecia, las casas destartaladas del pueblo son un testigo silencioso del conflicto. Para Gucel, sin embargo, la zona es un recordatorio de que “hay que ser más sensibles con el medio ambiente y tener leyes y planes comunes para implementarlas” y poder proteger el ecosistema de la isla.
Los científicos se esfuerzan por involucrar a expertos de ambos bandos en la protección del medio ambiente. Este año Gucel fue nombrado codirector del Comité Ambiental, un organismo que promueve la noción de que la protección del medio ambiente debe ser una empresa conjunta.
Charalambidou sirve en la junta directiva del Foro de las Partes Interesadas en el Medio Ambiente de Chipre, un grupo de científicos que procuran “abordar los temas ambientales de Chipre como una isla unida”. Dijo que el foro está conversando con las fuerzas de paz de las Naciones Unidas para impulsar una campaña informativa.
“Para proteger y conservar adecuadamente el medio ambiente de una isla tan pequeña, es importante cooperar y tomar las plantas, animales y otras especies, así como hábitats y ecosistemas, como un recurso común”, expresó Charalambidou.
“Notamos un gran interés de la gente de ambas partes de la isla en limar asperezas, trabajar juntos, hacer a un lado la desconfianza por el bien común y para tener una Chipre más generosa con el medio ambiente”, declaró el portavoz de las fuerzas de paz Aleem Siddique.
La zona de seguridad representa un 3% de la superficie de Chipre.
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