"Estuvo viendo el viento pasar". Después de tres meses de confinamiento, sin poder salir al mar, Anton Pariente, de 13 años, se reencontró en la playa de las Coussoles, en La Franqui (sur de Francia) con todos los apasionados del kitesurf.
"¡Qué felicidad volver a subir a una tabla! El confinamiento fue horrible", asegura Alice Fizet, de 38 años, que "ya no podía aguantar más para subir a la plancha" de 1,38 m por 40 cm.
Tras una espera "insoportable", todos los apasionados del kitesurf pueden al fin volver a practicar su deporte popular en Francia, aunque antes de salir al mar deben escoger el tamaño de la vela: "La regla es que a viento suave, gran vela; a viento fuerte, vela pequeña. Miden de 4 a 12 metros cuadrados, aunque se pueden encontrar desde los 2,5 a los 16", explica el monitor, Gaspard Belfort.
Azul, amarillo, rojo... a medida que va pasando la jornada, el cielo se llena de velas de colores, mientras que los 'kiteurs' surfean la olas empujados por ráfagas de viento de entre 20 a 35 nudos (37 a 64 km/h). A veces vuelan... algunos muy alto.
- Apuesta olímpica -
El kitesurf se popularizó en Francia a comienzos de los años 2000 y en 2019 el país contaba con 14.000 federados y 60.000 practicantes, según la Federación Francesa de Vela (FFV). Un éxito que llevó a París-2024 a incluir esta disciplina en el programa de los Juegos.
"Tengo siempre ganas de estar en el agua", asegura el joven Anton, que practica el 'kite' desde hace dos años. "Confinado, estuvo viendo el viento pasar", bromea su hermano Leo, de 20 años y octavo en el Mundial junior en 'free-style'
Entre los Pariente, el kitesurf es un asunto de familia. Fue su padre, una noche, el que lanzó la propuesta: "Mañana probamos un nuevo deporte", recuerda Leo, que ha dejado su pasión entre paréntesis para consagrarse a sus estudios de medicina.
- "Deporte adictivo" -
Su hermano Martin, de 19 años, es el más talentoso, pero también se centra en sus estudios de medicina, aunque piensa volver para conseguir su gran sueño: "La gloria olímpica", asegura Leo.
La vuelta del kitesurf se ha hecho siguiendo el protocolo exigido por las autoridades sanitarias: cartel con las medidas a respetar, gel hidroalcohólico, plexiglás en la caja...
"No tenemos problemas con el distanciamiento social", dice Killian Martineau, que a sus 20 años es responsable de seguridad de la playa, donde realiza "100 intervenciones diarias", de las que el "90% son neófitos incapaces de volver" a la arena.
"Nuestro deporte es adictivo", dice otro de los practicantes, Alexis Bernier, de 30 años. De las playas del océano Índico a las del Mediterráneo, este 'coach' deportivo de Melbourne que regresó a Toulouse a comienzos de abril para confinarse alaba esta disciplina accesible: "De nueve a doce lecciones son suficientes para ser autónomo", asegura.
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