Los rickshaw acumulan polvo frente a la casa de Sailesh Kumar. Al igual que varios millones de indios que viven en la miseria, este trabajador migrante busca la manera de alimentar a su familia en un país paralizado y confinado.
Antes del confinamiento nacional de tres semanas, establecido desde el 25 de marzo para luchar contra la pandemia de coronavirus, Sailesh Kumar ganaba el equivalente de tres euros en "los días buenos" pedaleando en Ghaziabad, un suburbio de Nueva Delhi.
Pero, con toda la nación de 1.300 millones de personas encerrada en casa, este trabajador del estado pobre de Bihar (este) perdió su sustento.
Al igual que su esposa, sirvienta de una familia. Sus empleadores se niegan a dejarla entrar en su casa, aunque sólo sea para recuperar su salario. Incluso dejaron de responder a sus llamadas.
"Creen que les va a transmitir la enfermedad", explica Sailesh Kumar, de 38 años, que espera desesperadamente la modesta suma prometida por el gobierno indio a los más necesitados.
Ambos forman parte de una familia de seis miembros, que vive en una barriada, donde la gente se amontona en casas pequeñas, comparte aseos públicos y tiene que buscar agua en el exterior.
Estas zonas pobres y densamente pobladas son motivo de especial preocupación para los expertos que siguen la propagación del nuevo coronavirus.
A más de 1.000 kilómetros al sur, la situación es igualmente alarmante para Ram Kumar Gautam, residente del barrio pobre de Dharavi en Bombay, uno de los más grandes de Asia.
Este indio, de 30 años, abandonó su hogar en Lucknow (norte), a los 17 años, para ganarse la vida en la capital económica de India. Hasta el confinamiento, enviaba a su familia una parte importante de sus ingresos (unos ocho euros al día), obtenidos trabajando en una fábrica de papel de aluminio.
"¿Cómo voy a enviar dinero a casa o pagar mis préstamos? El futuro da miedo", confía a la AFP. Sólo la generosidad de su empleador le permite no tener hambre.
Regresar cueste lo que cueste
El temor al hambre ha llevado a cientos de miles de trabajadores migratorios a tratar de llegar a sus zonas de origen tan pronto como se decretó el confinamiento.
Con todos los medios de transporte público detenidos, algunos se resignaron a regresar a pie, a veces caminando cientos de kilómetros.
Cerca de 400 millones de indios que viven en la economía informal corren el riesgo de caer en la pobreza, lo que alarma a la Organización Internacional del Trabajo.
En un intento por aliviar la difícil situación de los más modestos, el gobierno de India anunció pagos directos en sus cuentas bancarias y distribuciones subvencionadas de alimentos.
Sin embargo, de las siete personas entrevistadas por la AFP para este artículo, sólo una declaró haber recibido dinero de las autoridades.
Un funcionario indio afirmó que las transferencias -normalmente una transferencia única de seis euros- están en curso y se espera que concluyan esta semana.
Para Rajni Devi, una madre de la periferia de Nueva Delhi, este modesto impulso se espera con impaciencia. A falta de recursos, las comidas se reducen al mínimo. "Por la noche, tuvimos rotis (pan tradicional indio) con sal mezclada en aceite de mostaza", describe esta mujer que dijo dormirse llorando cada noche.
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