En la "zona roja" la cuarentena se vuelve una rutina

El militar no tiene máscara. Con un gesto automático se coloca una bufanda en la nariz para hablar a los conductores. Poco a poco se ha puesto en marcha la cuarentena a la entrada de Casalpusterlungo, foco del coronavirus en Italia.

Se intenta evitar el pánico en esa localidad situada en el medio de la llanura lombarda, emblema de la disciplina y la prosperidad en Italia.

El cerco sanitario para once localidades empezó a entrar en función y las autoridades divulgaron las principales medidas y movilizaron a 500 agentes.

La rotonda al ingreso está bloqueada por automóviles de la guardia de finanzas. Del otro lado está la "zona roja", donde más de 10.000 residentes han sido colocados desde el domingo en cuarentena estricta.

En teoría. Porque los camiones con necesidades básicas (medicamentos, alimentos), la policía, el personal médico o las personas que se benefician de exenciones excepcionales, pueden ingresar a ese sector.

La misma disposición es válida para la salida. Algunos conductores e incluso unos ciclistas pueden cruzar la zona y abandonar el área de la cuarentena.

"No residen en el área, simplemente la cruzaron", explicó el soldado, ya que por ahora la medida es flexible.

Muchos automovilistas y camioneros fueron rechazados. Uno de ellos estaba desesperado: "¿Y ahora qué hago, para dónde voy? Este es un país de bufones", gritaba.

- Agua potable -

"La población coopera en general", reconoce el militar.

La angustia al parecer es limitada.

"Si tuviéramos miedo, ¿te imaginas lo qué pasaría?", sonríe Gianluca Bragalini, un empleado de una compañía de suministro de agua potable que estaba a punto de entrar en la zona roja con otros diez colegas.

"Tenemos que garantizar el funcionamiento de los servicios públicos. Imagínese si se agota el agua potable", comenta.

A pie llega Angela Grechi, directora de una asociación de protección de gatos. Está preocupada por los 80 felinos alojados en Somaglia, un jardín de la zona roja, que pronto no tendrán más comida.

"Quería entregar comida aquí en la rotonda al responsable local, pero se requiere el permiso de la prefectura", suspira.

"Lo sé, parece ridículo preocuparse por los gatos en este momento, pero ...", reconoce Angela, tras devolverse.

Con once ciudades en cuarentena desde el domingo y  más de 50.000 residentes confinados, Italia se ha convertido en el primer país de Europa que toma medidas tan drásticas para contener la epidemia de Covid-19.

Seis personas murieron en el norte del país desde el viernes, y se han reportado más de 200 casos.

- Situación absurda -

A pocos kilómetros de Casalpusterlengo, hay otra rotonda y otro pare. Aquí también el ambiente es aparentemente tranquilo, pese a la entrada de una ambulancia conducida por un hombre con el rostro completamente cubierto y traje protector.

Stefano Medaglia, un carpintero de 32 años, su esposa y su bebé en el cochecito llegan de la zona roja a la rotonda.

"Salimos a caminar, nos alejamos de las otras personas, tomamos nuestras precauciones", cuenta el joven que proviene de Bertonico, uno de los pueblos en cuarentena.

"Allá está todo tranquilo, no hay alarmismo. Pero la situación es extraña y absurda", suspira Medaglia, quien teme por la actividad de su tienda familiar en Somaglia, en la zona roja.

"Vengo a preguntarle a los carabinieri si es posible moverse de una ciudad a otra dentro de la zona en cuarentena", explica.

La respuesta resulta bastante vaga. Mientras tanto, algunos autos entran al área, sin que nadie entienda realmente por qué.

"Mientras no salgan de la carretera departamental, está bien. No deben tomar los caminos pequeños ni ir a las aldeas", dice el agente. ¿Y cómo hacen para verificarlo? Encoge los hombros.

cf-kv/mb