El fútbol, por lejos el deporte más popular en Sudamérica, siempre estuvo en la mira de la política en la región pero nunca antes como un influyente instrumento de apoyo a las manifestaciones sociales de los últimos meses.

Con Venezuela en una crisis persistente, Ecuador en problemas por las protestas indígenas o Perú con escándalos que envuelven a su clase política, Chile exhibía una sociedad en calma y una economía estable hasta el 18 de octubre, cuando una protesta de estudiantes por el alza de las tarifas en el metro de Santiago decantó en el peor estallido social en tres décadas, que salda con 24 muertos.

La crisis obligó a la suspensión del fútbol chileno por más de un mes. La incertidumbre sobre la continuidad de los torneos profesionales acabó el 29 de noviembre, cuando la Asociación Nacional del Fútbol Profesional (ANFP) decidió cancelar definitivamente el campeonato de primera división y coronar a Universidad Católica como campeón, con varias fechas aún por disputarse.

La decisión se tomó luego que un grupo de barristas Colo Colo –el club más popular del país- irrumpiera en el partido que disputaban Unión La Calera e Iquique, en rechazo a uno de los tantos intentos que se hicieron por reanudar el torneo.

"Lamentablemente tuvimos que terminar nuestras competiciones, porque las condiciones de seguridad no estaban" garantizadas, dijo Sebastián Moreno, presidente de la ANFP.

Los hinchas de Colo Colo y otros equipos chilenos dejaron sus diferencias y se sumaron a las masivas manifestaciones sociales en la plaza Italia de Santiago, el epicentro de las protestas, donde las banderas de equipos archienemigos en las canchas, como las de la Universidad de Chile y Colo Colo, flamearon juntas.

"El fútbol es un fenómeno social que ha tendido a proyectar y a denunciar las problemáticas sociales", explica a la AFP Rodrigo Figueroa, académico del departamento de Sociología y coordinador del Núcleo Deporte y Sociedad de la Universidad de Chile.

Famosos futbolistas como Alexis Sánchez (Inter/Italia) o Arturo Vidal (FC Barcelona/España) apoyaron también en redes sociales las protestas en Chile, "dando una señal clara de que están de acuerdo con el discurso social" que proyecta el fútbol, agrega Figueroa.

- Fútbol y protesta –

Y mientras Bolivia sufría también en octubre su propia crisis, con Evo Morales reelecto por cuarta vez en 13 años en una polémica elección y miles de personas protestaban en las calles en violentas manifestaciones, el fútbol de ese país fue igualmente suspendido por varias semanas. La Conmebol decidió también trasladar a Paraguay el sudamericano Sub15 que debía jugarse en canchas bolivianas, mientras que la selección altiplánica canceló el amistoso que debía jugar con Panamá el 19 de noviembre.

Pese a la crisis, el fútbol boliviano volvió el 25 de noviembre, dos semanas después de que Evo Morales renunció a la presidencia, presionado por las Fuerzas Armadas, un motín de la Policía y el informe de la Organización de Estados Americanos (OEA) que confirmó las irregularidades que hicieron estallar las protestas.

Con manifestaciones que no ceden, Chile suspendió igualmente los amistosos que debía jugar con Bolivia el 15 de noviembre y con Perú cuatro días después.

Pero el golpe más duro al fútbol chileno fue que, debido a las violentas manifestaciones, la Conmebol decidió trasladar de Santiago a Lima la primera final única de la Copa Libertadores del 23 de noviembre, pese a la insistencia del gobierno chileno por mantener la sede. La primera final en un solo encuentro desde la creación de la Libertadores en 1960 la ganó el brasileño Flamengo (2-1) al argentino River Plate en la capital peruana.

- Una finta a la crisis –

Desde que en 2014 la crisis política recrudeció en Venezuela, con violentas manifestaciones en contra del presidente Nicolás Maduro, se temió que la violencia se introduzca en los estadios por la falta de seguridad y que el público deje de asistir a los partidos de fútbol.

Los recurrentes apagones eléctricos, que comenzaron en marzo de ese año, afectando a varias ciudades venezolanas, restringieron los partidos que se disputaban en la noche y obligó a los clubes a programar los partidos de día, a pleno sol.

Sin embargo y a diferencia de lo que ocurrió en Chile y Bolivia, el torneo venezolano no paró, ni la participación de sus equipos en torneos internacionales. Incluso, el mejor resultado de la historia del balompié 'vinotinto' se produjo en 2017, en plena crisis, cuando la selección Sub20 jugó la final de la Copa del Mundo de esa categoría  frente a Inglaterra.

En Colombia, el toque de queda decretado a fines de noviembre por el gobierno del presidente Iván Duque, que también enfrenta masivas protestas sociales, obligó aplazar dos días el partido entre Santa Fe y Deportivo Cali por el torneo colombiano, pero éste no se suspendió.

Colombia será una de las dos sedes, junto a Argentina, de la Copa América-2020.

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