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 AP 163
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Oliver Sánchez era un niño de ocho años que sólo quería vivir. Su cara se dio a conocer alrededor del mundo cuando su imagen, tomada durante una manifestación en Venezuela rogando por medicamentos para tratar su linfoma de Hodgkin, fue difundida por los medios de comunicación de manera masiva.

En un país donde ocho de cada diez medicamentos escasean, Oliver es una desgarradora víctima más de la dictadura chavista ejecutada por Nicolás Maduro, enceguesido por aferrarse al poder, aun cuando el pueblo y gran parte de la comunidad política internacional reclaman un referéndum revocatorio que permita devolver cierta normalidad a una nación que ha perdido dramáticamente el rumbo, tal vez más que cualquier otra de la región.

Venezuela ha ido dejando ir, desde la asunción de Hugo Chávez al poder en el año 1999, a generaciones completas de jóvenes formados y con las condiciones necesarias para forjar un futuro promisorio para su país, debido en gran parte a las políticas alienantes para un gran segmento de la población ejecutadas por el Partido Unido Socialista de Venezuela, el cual desde el primer momento fue gestado para dividir a una nación y generar dos bandos completamente opuestos que hasta el día de hoy se disputan el poder político del territorio bolivariano.

Las historias de Verónica, Christian y Carlos son una ínfima pero poderosa representación de un enorme colectivo, compuesto por hombres y mujeres que se vieron obligados a abandonar su país y dejar atrás en muchos casos a sus familias, para poder aspirar a un futuro prometedor en otro contexto que les permita llevar una vida digna.

Verónica Cotte dejó Venezuela en el año 2007 para continuar sus estudios universitarios en Argentina y años más tarde decidió instalarse en Santiago de Chile donde hoy reside de manera definitiva. Tanto ella como todos sus hermanos y primos se vieron obligados a buscar "normalidad" fuera de su país de nacimiento, ciudades que les brindaran las opciones de crecimiento que su Venezuela natal les había venido privando desde hace años.

"Al principio cuando vivía Chávez era una situación muy distinta a la que se vive ahora porque más que todo había una diferencia entre tu posición política y la que estaba en el país. Ahora con el mandato de Maduro todo ha ido empeorando de tal manera que ya la cosa es muy distinta, ahora mis padres hacen cola para comprar comida, mi abuela no tiene medicamentos para la presión ni su diabetes".

Christian Fariña de sólo 27 años llegó a Miami buscando refugio político en una ciudad que alberga a alrededor de 100 000 venezolanos y en un país donde, según cifras compartidas por la Fundación Venezuela Awareness, más de 20 000 venezolanos solicitaron asilo político desde que Hugo Chávez tomó las riendas de la nación.

"Me trajo una persecución político-bandálica porque al ser opositor, las personas con las que trabajaba se encargaron de perseguirme y amedrentarme, me daban amenazas de muerte porque yo descubrí que en unas elecciones locales ellos habían insertado máquinas del centro de votación nacional para hacer votos fraude".

En el caso de Carlos Mavarez, su idea de migrar temporalmente a los Estados Unidos fue alimentada por un deseo de cursar sus estudios universitarios fuera del país, pero un episodio en el que fue amenazado por miembros de grupos chavistas durante una manifestación en la que alentaban a la gente a salir a la calle a votar, le sirvió como un empujón para decidir abandonar su país y pedir asilo en EE.UU.

"Había un grupo de motorizados y yo les empecé a tomar fotos para que vieran que nos estaban intimidando, un chico vino hacia mi, me tiró al piso, agarró mi cámara y la reventó contra el piso. Es increíble la cantidad de gente que se está escapando del país".

Los tres coinciden en que a pesar de que sueñan con una Venezuela a la que puedan regresar y llevar una vida digna, el panorama es completamente desalentador, con un marcado deterioro que se ha venido dando las últimas semanas donde el racionamiento del agua y la electricidad se han vuelto moneda corriente, sumado al ya escandaloso desabastecimiento en supermercados y hospitales de todo el país.

La tremenda crisis económica provocada entre otros factores por la caída de los precios del crudo y la gravísima sequía que impacta la producción de energía hidroeléctrica, obligo a un debilitado pero más necio que nunca Maduro, a declarar el estado de emergencia por segunda vez en lo que va de 2016.

Mientras tanto aliados tradicionales del partido socialista se alejan del chavismo además de la caída en simultáneo de Dilma Rousseff en Brasil, la cual significó un duro golpe para el líder chavista que rápidamente va perdiendo apoyo en distintas esferas político-empresariales.

La respuesta del oficialismo es afirmar que todos los problemas son producto de una "guerra económica" impulsada por las élites en conjunto con el gobierno norteamericano, un discurso repetido hasta el hartazgo por muchos de sus antiguos aliados en Argentina, Bolivia, y Ecuador que han perdido el apoyo popular y en casos como el de Cristina Fernández de Kirchner, han sido reemplazados por propuestas diametralmente opuestas.