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El acuerdo firmado por Reino Unido y Francia mediante el cual se definieron las actuales fronteras de Medio Oriente cumple cien años, en medio de la mayor convulsión política y bélica que ha visto la región. Esto ha vuelto a poner en el centro de las críticas el centenario documento, que ve ahora más que nunca amenazada su continuidad.

Irak atraviesa una profunda crisis política y social que suma la presión de la etnia kurda por independizarse del gobierno central, amenazando con la desintegración del Estado. Siria, por su parte, vive una guerra civil de más de cinco años que ya ha desangrado a la nación por el enfrentamiento de múltiples facciones con el gobierno de Bashar al Assad.

Además, desde el surgimiento del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) en 2014, el grupo yihadista ha amenazado en reiteradas oportunidades con su intensión de erradicar todas las fronteras de la región y enterrar para siempre al Sykes-Picot. De hecho, después de conquistar vastos territorios en ambos países, ISIS proclamó que la frontera entre Irak y Siria había desaparecido.

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Según un artículo publicado el martes por la BBC Mundo, ninguna de las actuales fronteras del Medio Oriente fueron realmente delineadas en el documento firmado el 16 de mayo de 1916 por el diplomático británico Mark Sykes y su colega francés François Georges-Picot.

En efecto, los límites de la región surgieron de un largo proceso de tratados, conferencias, acuerdos y conflictos que siguió a la desintegración del Imperio otomano y al final de la Primera Guerra Mundial.

Sin embargo, el espíritu del Sykes-Picot –dominado por los intereses y ambiciones de los dos principales poderes coloniales de la época– prevaleció durante todos esos procesos y las décadas subsiguientes.

De acuerdo con numerosos especialistas, al congregar a un conjunto de minorías, esos países comparten una tendencia natural hacia la desintegración, a menos que los mantenga unido el puño de hierro de un caudillo o un gobierno central fuerte.

Paradójicamente, las dos fuerzas que actualmente atacan el legado del Sykes-Picot con más fuerza y de forma más explícita también se combaten mutuamente: los militantes de ISIS y los kurdos en el norte de Irak y Siria.

En ambos países, los kurdos han demostrado ser los mejores aliados de Occidente en su lucha contra el grupo yihadista, pero comparten con ISIS su determinación por redibujar las actuales fronteras.

"No soy el único que lo dice, la verdad es que el Sykes-Picot fracasó, está acabado", dijo en una entrevista con la BBC el presidente de la Región Autónoma Kurda de Irak, Massoud Barzani.

"Hay que encontrar una nueva fórmula para la región. Y creo firmemente que con esta nueva fórmula los kurdos van a ver satisfecha su demanda histórica"

"Hay que encontrar una nueva fórmula para la región. Y creo firmemente que con esta nueva fórmula los kurdos van a ver satisfecha su demanda histórica y su derecho (a la independencia)", agregó.


Entidad con fronteras

Para Barzani, el primer paso debe consistir en "negociaciones serias" con el gobierno central de Bagdad para alcanzar un acuerdo y una solución que lleve a lo que los líderes kurdos llaman con optimismo "una separación amistosa".

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Pero si eso no es posible, entonces los kurdos se verán obligados a seguir adelante unilateralmente con un referendo sobre la independencia, le dijo a la BBC.

Ya sea que consigan o no una independencia formal y completa en un futuro próximo, ya han logrado establecer una entidad con fronteras, una bandera, un aeropuerto internacional y un parlamento, gobierno y ejército propios. Todo, excepto un pasaporte y su propia moneda. Al menos en ese sentido, ya lograron redibujar el mapa.

En la vecina siria los kurdos locales también están haciendo lo mismo, controlando un extenso territorio a lo largo de la frontera turca bajo la figura de "auto-administración".


Redibujando el futuro

Las ganancias territoriales de Estado Islámico, por su parte, parecen haber alcanzado su punto máximo después de que la coalición internacional encabezada por Estados Unidos asestara duros golpes militares. Pero el caos en Irak y Siria que le permitió echar raíces todavía no se ha agotado.

La gran pregunta ahora es si se pueden encontrar fórmulas para que todas esas comunidades convivan pacíficamente dentro de las fronteras heredadas por la historia del siglo XX o si habrá que dibujar nuevas fronteras para acomodarlas.

"Sykes-Picot ya murió, eso no se discute. Pero todo lo demás está por definirse. Y mucho tiempo tendrá que pasar antes de tener claridad sobre los resultados", dijo el veterano líder libanés Walid Jumblatt.


Profecía cumplida

El tratado Sykes-Picot traicionó las promesas de libertad que los británicos les habían hecho a los árabes a cambio de su apoyo contra el Imperio otomano, en plena disolución. Y también fue en contra de la visión del entonces presidente de EEUU, Woodrow Wilson, quien predicaba autodeterminación para los pueblos sojuzgados por los otomanos.

De hecho, cuando el asesor de Wilson en política exterior, Edward House, fue informado del acuerdo por el secretario para Asuntos Exteriores británico, Arthur Balfour, escribió: "Todo es muy malo y se lo dije a Balfour". "Están convirtiendo esa región en terreno fértil para una futura guerra", agregó.