Tenía miedo. Reía nervioso y hablaba pausado. En la mesa de madera del living desprolijo del departamento que ocupaba en el complejo Bayres Madero, de Puerto Madero, atesoraba fármacos de todo tipo. Cuando lo echaron de las empresas petroleras de Lázaro Báez, en noviembre del 2010, Horacio Quiroga se sumergió en un fuerte estrés que derivó en una profunda depresión que dejó sus secuelas. Los padres del vicepresidente Amado Boudou figuraban entre sus vecinos de edificio del complejo que hasta ese momento le alquilaba el grupo Austral Construcciones.
Cuando la edición de la revista Noticias del viernes 6 de septiembre del 2013 aún no había llegado a los kioscos de diarios, Quiroga era desalojado por policías del departamento que habitaba junto a su mujer y su pequeño hijo. "Me desalojan por todo lo que conté, esto es un desalojo de Austral Construcciones", dijo aquella tarde, agitado y asustado. Ya nos había confesado junto al colega Nicolás Diana cómo había visto contar a un grupo de empleados "unos 7 millones de dólares" enviados en camionetas a Báez por el ex presidente Néstor Kirchner. Fue, según el denunciante, en los primeros meses de octubre del 2010, en el pasaje porteño Carabelas, en el quinto piso de las oficinas de Austral Construcciones. Un mes después, Quiroga fue echado de EPSUR SA y Misahar SA, las dos petroleras del zar de la obra pública –hoy preso en el penal federal de Ezeiza- que dirigió durante años.
Quiroga, que en el mediodía de ayer fue encontrado muerto en el baño del departamento en el que vivía en el barrio de Recoleta, fue testigo de la plata negra del kirchnerismo. Cuando habló, después de cuatro intensos encuentros en los que entramos en confianza y se soltó a cuenta gotas, lo hizo entre dos juicios laborales contra Báez y en momentos en los que el kirchnerismo todavía amasaba demasiado poder. Báez aún no había caído en desgracia. Todo lo contrario. Tras la nota, Quiroga, en ese entonces de 62 años, tuvo que pedir prestado para alquilar durante unas semanas una habitación de un hotel de San Telmo primero, y luego deambuló por un modestísimo departamento del barrio porteño de Congreso.
Según contó Quiroga en aquella entrevista, la plata había llegado de parte de Kirchner vía Osvaldo "Bochi" Sanfelice, socio de Máximo Kirchner en la inmobiliaria familiar de Río Gallegos. Y nunca se había asentado en las arcas de las petroleras que el denunciante dirigía. Era, en teoría, una inyección para la exploración de pozos petroleros. Fue, según él, "un préstamo personal del presidente Kirchner a la empresa de Báez". Unas semanas después, y luego de asentar el mismo relato en un acta, el ex directivo de Epsur y Misahar declaró hasta la madrugada ante el juez Sebastián Casanello, que empezaba a investigar en la causa denominada como "la ruta del dinero K". Volvió a aclarar que tenía pendientes dos juicios laborales contra el empresario, y ratificó sus dichos del extenso reportaje con Noticias. Quiroga ganó ambos pleitos laborales, por varios millones de pesos. Según el entorno de Báez, llegó a cobrar uno de ellos.
En diciembre pasado, el ex director de las petroleras de Báez declaró ante el juez Julián Ercolini en el marco de la histórica causa por supuesta asociación ilícita contra la familia Kirchner iniciada tras una denuncia de Elisa Carrió. Quiroga volvió a ratificar sus dichos, y se desligó de otros eventuales negociados del anterior gobierno, aunque conocía algunas supuestas tropelías vinculadas, por ejemplo, a la gestión del ex secretario de Transporte Ricardo Jaime. Me había llegado a contar algunas de ellas hace meses un mediodía en el patio de comidas del shopping Alto Palermo. Hace diez días, según publicó Infobae, Carrió presentó un escrito en el juzgado de Casanello en el que dio cuenta de una maniobra de supuesto lavado de dinero por casi 50 millones de pesos por parte de la petrolera EPSUR en el año 2012.
El denunciante acompañó su testimonio con documentos e imágenes. Aportó fotos junto a Martín Báez en una gira de negocios por Rusia. Y del interior del avión privado del empresario K de la obra pública que él también utilizaba para cubrir la ruta Buenos Aires - Río Gallegos. "Yo iba en los aviones con bolsos y volvía con bolsos. Una vez les pregunté a los pilotos si podíamos verlos y me dijeron: ´llevamos unos corderos patagónicos para regalar´", nos deslizó. Y rió con ganas. Incrédulo.
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