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Hillary Clinton acababa de cerrar un acto en Purchase, Nueva York, y decidió acercarse a sus seguidores para saludar. Entre ellos se había camuflado Eva Resnick-Day, una activista de Greenpeace, que filmó con su celular el cruce que tuvo con la ex secretaria de Estado.

"Gracias por enfrentar el cambio climático", le dijo la joven para llamar su atención. Pero acto seguido le preguntó: "¿Cumplirá su palabra de rechazar el dinero de los combustibles fósiles en su campaña?".

Visiblemente enojada, Clinton respondió dubitativa al principio. "Yo no tengo... Tengo dinero de gente que trabaja para compañías de transporte fósil", dijo.

Pero después la miró fijo a los ojos, la señaló con su dedo índice, subió el tono de voz y apuntó directamente contra su rival en la interna demócrata, Bernie Sanders. "Estoy tan hastiada de la campaña de mentiras de Sanders. Estoy harta". Tras decir eso, siguió saludando a sus seguidores y se fue.

Haber recibido esos aportes de campaña fue una de las mayores críticas que le hizo el senador por Vermont en muchos de los debates que los enfrentaron. Según Michael Briggs, jefe de campaña de Sanders, la ex primera dama recibió 4,5 millones de dólares de lobbistas que trabajan para la industria de combustibles fósiles.

Sin embargo, Nick Merrill, vocero de Clinton, negó rotundamente la acusación y aseguró que la precandidata no recibió "ni un sólo dólar de las corporaciones del petróleo o el gas", aunque sí aceptó donaciones de individuos que trabajan para esas empresas. Para refutar las críticas, agregó que el propio Sanders ha recibido 50 mil dólares de parte de personas que trabajan en esa industria.

"Asumiendo que ellos no creen que su propio candidato fue comprado por esas corporaciones, deberían dejar esos ataques falsos", afirmó.